Seyran de principio a fin #46: Si dices negro, yo digo blanco
⚠️ SPOILER — “Ferit y el silencio de Seyran”
La historia comienza con un ambiente tenso. Ferit, una vez más, ha desaparecido sin avisar. Su ausencia provoca preocupación y enojo. Seyran intenta comunicarse con Abidin para saber si su esposo está bien, pero él le responde con frialdad: “No me importa dónde esté”. Sin embargo, asegura que Ferit está bien y que pronto regresará. Seyran cuelga confundida, con el presentimiento de que algo no anda bien.
Al día siguiente, Seyran habla con sus familiares. Nadie parece saber el paradero de Ferit, pero todos se permiten opinar sobre la relación. “¿Tu marido es nuestra responsabilidad ahora?”, le espetan. Seyran se indigna: les recuerda que advirtieron que la relación se volvería un caos. Mientras tanto, ella intenta mantener la calma, aunque por dentro la ansiedad la consume.
Pronto se descubre que Ferit pasó la noche fuera porque acompañó a Pelin, una joven cuyo hogar fue asaltado. Él la llevó a su casa para protegerla. Cuando Seyran se entera, se siente traicionada. Aunque Ferit explica que solo intentó ayudar, Seyran no puede soportar la idea de que otra mujer durmiera bajo su mismo techo. Pelin, avergonzada, pide disculpas, pero la tensión es insoportable.
Seyran explota. Su hermana intenta calmarla, pero ella grita que ya no puede más. “¿Qué debía hacer? ¿Esperar a que esa mujer cruzara la puerta de mi casa también?”, se lamenta. Su hermana la escucha, pero intenta convencerla de no actuar impulsivamente: “Si te vas ahora, será el final. Piensa, usa la cabeza”. Seyran, sin embargo, siente que ha perdido toda dignidad. “Ya no quiero seguir soportando humillaciones”, dice con voz firme.
Más tarde, Seyran decide continuar con un proyecto social que había empezado: una campaña de becas para niños. En medio del caos personal, busca algo que le devuelva propósito. En la reunión con los patrocinadores, su determinación sorprende a todos. Los niños beneficiados le envían un video de agradecimiento, lo que la emociona profundamente. “Gracias a ti, crecerán flores en muchos jardines”, le dicen. Por un instante, se olvida del dolor y sonríe.

Su hermana la observa, sorprendida por la fortaleza que muestra. “Ferit debería verte ahora”, le dice con ternura. Pero Seyran solo responde: “Ferit ama a todo el mundo. Tiene un corazón demasiado grande… quizás demasiado”. Luego añade con ironía: “Creo que en realidad ama a Pelin. A ella la protege, la cuida… a mí solo me explica”.
Mientras tanto, Ferit intenta defenderse. Le asegura a su madre que Seyran malinterpretó todo. “Pelin estaba asustada, no podía dejarla sola”, insiste. Pero su madre, aunque comprende sus razones, lo reprende: “Tu esposa tiene derecho a sentirse herida. No puedes pedirle que lo entienda todo el tiempo”.
La tensión crece cuando Orhan, el patriarca de la familia, llama a Seyran a su despacho. Con tono severo, le pregunta dónde está su marido. Ella responde que no lo sabe con certeza. Orhan la observa, decepcionado: “Ya sospechaba que Ferit no aprobaba tus decisiones. Dices que tuviste su permiso, pero se nota que no lo tienes”. Luego, con voz más calmada, le da un sermón sobre el matrimonio: “Entre esposos debe haber paciencia. Sin ella, todo se derrumba. Yo ya no soy joven, y quiero ver nietos antes de morir. Un hijo los unirá más que cualquier promesa”. Seyran asiente en silencio, sin contradecirlo.
Después de la conversación, siente una mezcla de tristeza y resignación. La familia insiste en mantener las apariencias, pero nadie parece entender su sufrimiento. Ferit, por su parte, busca una solución: planea mudarse con Pelin a otra casa “por seguridad”. Seyran escucha la conversación y se queda helada. “¿Así de fácil? ¿Una nueva casa para ella?”, murmura con sarcasmo. Ferit intenta explicarse, pero ella ya no lo escucha.

Los días siguientes se convierten en una guerra silenciosa. Pelin aún está en la mansión, recuperándose del susto. Seyran apenas la mira. La tensión se siente en cada rincón. Gülgün, la madre de Ferit, intenta mediar: “Mi hijo te ama, solo no sabe cómo demostrarlo”. Seyran responde con serenidad amarga: “Eso no es amor. El amor no se demuestra trayendo a otra mujer a tu casa”.
Esa noche, Seyran llama a su hermana entre lágrimas. “Todavía está aquí, abla. Esa chica sigue aquí, como si nada hubiera pasado”. Su hermana se indigna, pero intenta tranquilizarla: “Paciencia, todo se resolverá. No tomes decisiones precipitadas”. Pero Seyran ya no tiene fuerzas. “Me va a enfermar. No puedo seguir en esta casa”, dice antes de colgar.
En paralelo, Ferit se siente acorralado. Quiere proteger a Pelin, pero también teme perder a Seyran. No logra encontrar las palabras correctas. Todos a su alrededor opinan, pero nadie comprende realmente lo que ocurre entre ellos.
Poco a poco, la historia deja de ser solo un conflicto doméstico. Se convierte en una metáfora del amor herido y de la lucha de una mujer por mantener su dignidad en medio del desamor y la presión familiar. Seyran, antes sumisa, empieza a tomar decisiones por sí misma. “Ellos dicen negro, yo diré blanco”, promete frente a su hermana.
En el cierre, Seyran visita la sede de la campaña social y firma los documentos que la convierten oficialmente en embajadora del proyecto. Los niños la rodean, aplauden y le dan las gracias. En ese instante, algo cambia en su mirada: ya no hay lágrimas, solo determinación. Sabe que su historia con Ferit aún no ha terminado, pero también comprende que no puede seguir siendo la misma mujer de antes.
Ferit, por su parte, la observa desde lejos. No se atreve a acercarse. Entiende que el amor no basta cuando no hay confianza. Seyran lo sabe también, y aunque su corazón sigue dividido, su voz interior le dice que debe elegir la paz.
El episodio termina con silencio. Una melodía suave acompaña la última imagen: Seyran mirando por la ventana, mientras murmura para sí:
“Tal vez amar también signifique saber cuándo irse.”