Sueños de Libertad Capítulo 438 (El oscuro secreto de Gabriel sale a la luz)
“Hola, amigos y amigas: el capítulo 438 llega con un golpe que nadie vio venir”
En el próximo capítulo 438 de Sueños de Libertad, la tensión se apodera por completo de los personajes, y el peso emocional recae especialmente sobre Andrés, cuya angustia se convierte en el motor de un episodio cargado de secretos, presiones y decisiones que pueden cambiar el curso de toda la familia De la Reina. El avance comienza dentro de su despacho, un lugar que se transforma en escenario de un conflicto que amenaza con desbordarse. Con el teléfono pegado a la oreja y la respiración entrecortada, Andrés lucha desesperadamente por romper el muro de silencio que lo separa de la persona que intenta proteger. Su voz, firme pero quebrada por la frustración, resuena con un ruego urgente: necesita un permiso para verla, para impedir que algo terrible le ocurra. Pero al otro lado de la línea solo encuentra dudas, evasivas y temor. La negativa es un golpe que lo deja helado, especialmente cuando descubre que la estricta orden de aislamiento proviene precisamente de quien menos esperaba: Remedios. La incredulidad se apodera de él, incapaz de comprender por qué alguien que estaba en peligro, alguien que le pidió ayuda, habría decidido cerrarle todas las puertas.
El rechazo final de la llamada lo deja inmóvil, respirando hondo para no perder la compostura mientras una avalancha de emociones lo sacude por dentro. Con un cansancio que parece hundirle los hombros, abandona el despacho solo para encontrarse con su hermana Marta, que enseguida percibe la inquietud en su mirada. Él, sin querer preocuparla, improvisa una excusa torpe sobre un supuesto problema en la fábrica, excusa que Marta acepta solo a medias. Juntos se dirigen al salón, donde la familia se reúne intentando mantener una normalidad que ya no existe.
María es la primera en notar la tensión en el ambiente y menciona de inmediato haberlo escuchado hablar con un “técnico”. Gabriel intenta rebajar la tensión mostrando preocupación por su salud y recomendándole descanso, pero Andrés finge tranquilidad. Necesita sentirse útil, confiesa, sobre todo ahora que la empresa atraviesa un momento tan crítico. En ese instante, Damián, cada vez más pesimista, asegura que la fábrica está en manos de Brosart y que ningún esfuerzo parecería suficiente. Sus palabras encienden el malestar de Marta, quien se niega a aceptar una derrota anunciada. Ella insiste en que aún pueden luchar, y Gabriel respalda esa postura prometiendo que no dejará caer la empresa. El choque entre esperanza y resignación empieza a dividir a la familia justo cuando más deberían estar unidos.

Para evitar que la conversación derive en un conflicto mayor, María decide cambiar de tema, dirigiendo la atención hacia un asunto más alegre: la boda de Gabriel y Begoña. Con una sonrisa que aligera un poco el ambiente, Gabriel confirma que han decidido celebrarla dentro de un mes, mientras Begoña añade que desean algo íntimo, sencillo, lejos de las grandes ceremonias. Pero ese momento de calma dura apenas segundos, porque de pronto su expresión cambia drásticamente. Con una serenidad inquietante, anuncia una decisión que deja a todos sin palabras: dejará su trabajo en el dispensario. Explica que, tras finalizar las revisiones anuales, se marchará porque la empresa ha decidido prescindir de ella. No es una decisión personal —aclara—, sino una orden directa de los superiores. El impacto es devastador.
Marta, atónita, no logra entender cómo Begoña puede aceptar algo así sin pelear. Andrés, visiblemente indignado, señala a Gabriel exigiendo una explicación, pero él también se sorprende: no ha tenido tiempo de revisar la lista de despidos y promete hablar con Brosart para revertir la decisión. Pero antes de que pueda terminar, Begoña lo interrumpe. No quiere favores, no quiere privilegios ni que nadie pierda su trabajo por ella. Tiene claro que aceptar ayuda significaría condenar a otro empleado. Su sentido de justicia la coloca frente a una renuncia dolorosa, pero firme.
El silencio que sigue es tan denso que parece llenar todo el salón. Gabriel, frustrado pero respetuoso, promete que no dejará las cosas así. Sin embargo, la determinación de Begoña es inquebrantable: no permitirá que su boda, su posición o su relación sirvan para obtener ventajas. La escena deja a todos hundidos en la incredulidad.

Horas después, el foco se desplaza al jardín, donde María disfruta de la lectura cuando aparece una figura nueva: Chloé, representante de Brosart. Su llegada, inesperada y cargada de tensión, provoca una mezcla de cortesía y frialdad. Chloé se presenta con una sonrisa calculada que intenta suavizar su presencia, pero María, consciente del contexto, mantiene una distancia prudente. La joven empresaria asegura que las intenciones de Brosart son positivas, que quieren fortalecer la compañía, pero María no compra esa versión. Sabe que detrás de cada palabra hay una estrategia. Su mirada inquisitiva desarma la seguridad de Chloé, quien intenta justificarse alegando que ha estado demasiado ocupada con las reformas para visitarla antes. Excusas que María desbarata una a una, dejándole muy claro que no es una simple ama de casa sin criterio, sino una accionista con voz y autoridad. La tensión escala y Chloé, incómoda, se retira dejando un aire cargado de advertencias no pronunciadas.
Al caer la noche, Andrés se reúne clandestinamente con el detective Ruiz, quien trae nuevas investigaciones desde París. La posible conexión entre Gabriel y Brosart empieza a adquirir una dimensión preocupante. Ruiz asegura que, según los registros obtenidos por un colega, Gabriel nunca tuvo relación directa con Brosart. Pero Andrés está convencido de que esa alianza existe, aunque esté cuidadosamente oculta. Y con razón: está convencido de que Gabriel está usando su futuro matrimonio con Begoña como un movimiento calculado para ganar poder y consolidarse dentro de la familia.
La conversación se vuelve más oscura cuando Andrés confiesa que una exempleada —involucrada en el robo de un perfume— iba a revelar información crucial sobre Gabriel, pero tras recibir presuntas amenazas contra su hija, se retractó. Ahora se niega a hablar con él. Ruiz toma nota y se compromete a seguir investigando, incluso a rastrear el pasado de Gabriel: su estancia en Tenerife, sus estudios en derecho, su trabajo en un bufete mercantil, la muerte de sus padres… Cada detalle podría ocultar la clave que necesitan.
Andrés urge al detective a actuar con rapidez. Siente que el tiempo se le escapa entre los dedos. Ruiz, aunque advierte que las investigaciones requieren paciencia, acepta viajar a Tenerife de inmediato. La búsqueda de la verdad se intensifica, y Andrés sabe que este nuevo paso podría exponer un entramado capaz de destruir la imagen perfecta de Gabriel… y alterar para siempre el destino de los De la Reina.
El capítulo 438 no solo promete giros inesperados; promete cambiarlo todo.