¿ANDRÉS EXPLOTA CONTRA MARÍA AL DESCUBRIR TODA LA VERDAD, EN SUEÑOS DE LIBERTAD?
En este adelanto, vemos a Gabriel decidido a enfrentarse a Digna para intentar que lo acepte como futuro padre de Julia, mientras Andrés continúa librando su propia batalla interna tratando de encontrar cualquier indicio que lo acerque a desenmascarar a su primo. El capítulo inicia en la casa de Digna, donde Gabriel acude tras descubrir que ella sigue sin aprobar su deseo de asumir el rol paternal en la vida de la niña. Con determinación, decide que ya no puede esperar más y que es momento de hablar con total honestidad.
La conversación se abre con una confesión inesperada de Gabriel. Con voz seria, admite que nunca creció en un hogar estable y que jamás sintió un amor tan profundo como el que ahora lo une a Begoña; tanto, que sueña con construir una familia a su lado. Digna lo escucha sorprendida y le pregunta si ese era el motivo de su visita. Él asiente parcialmente, dejando claro que sí, pero que también hay algo más que quiere tratar.
Digna reconoce las virtudes de su hija política. Dice que Begoña es una mujer admirable, que pese a las dificultades que la vida ha puesto en su camino, conserva un corazón limpio. Gabriel coincide y añade que Julia comparte esa misma luz, destacando lo encantadora que le parece la niña. Digna consiente, recordando que su nieta ha atravesado pérdidas dolorosas: primero la muerte de su madre y, poco después, la de su padre. Ante esto, Gabriel promete que hará todo lo posible para que a la pequeña jamás le falte apoyo ni cariño.
Sin embargo, Digna aclara que Julia no solo necesita protección material, sino un amor genuino, profundo, del mismo modo en que Gabriel ya se siente unido al bebé que espera junto a Begoña. Le pregunta directamente si cree que podrá amar a la niña de esa misma manera. Gabriel responde sin dudar que Julia ya se ha ganado su afecto de forma completa. Ambos sonríen brevemente, hasta que Digna vuelve a poner los pies sobre la tierra: simpatizar con la niña es fácil, pero eso no basta para convertirse en su padre adoptivo.

La mujer mayor explica que Gabriel lleva muy poco tiempo integrado en la familia y que es normal enamorarse rápido, pero amar es algo distinto. Él pregunta si duda de sus sentimientos hacia Begoña, y Digna responde con sinceridad: no confía en los amores que nacen de un día para otro. Dice que tiene edad y experiencia suficiente para saber que las relaciones sólidas se construyen despacio. Según ella, la pareja avanza demasiado deprisa.
Gabriel intenta justificarse, alegando que las circunstancias los obligan. Digna coincide, pero advierte que otra cosa muy diferente es apresurar la adopción de Julia. Le recuerda que convertirse en el marido de Begoña no garantiza que él vaya a ser un padre adecuado. Gabriel se defiende diciendo que Begoña confía en él, y eso debería significar algo. Pero Digna, con un tono firme, insiste en que su hija también se ha equivocado antes escogiendo pareja, y que nadie puede asegurar que esta vez no vuelva a suceder lo mismo.
Él recalca que no es como Jesús, su primo. Digna le concede que no se parecen, aunque también señala que Gabriel sigue siendo un desconocido para la familia. En ese momento, Gabriel se abre emocionalmente: confiesa que creció sin afecto, con un padre que nunca lo trató bien y que dejó una huella marcada por el dolor. Dice que por eso quiere formar una familia en la que sus hijos, incluidos Julia y el bebé en camino, puedan crecer rodeados de amor, algo que él nunca tuvo. Digna lo mira en silencio, explorando con la mirada si sus palabras son sinceras.
Por su parte, Andrés sigue investigando. Intenta nuevamente comunicarse con Enriqueta, pero le informan que se ha marchado sin dejar dirección ni aviso. Al comprender que ha perdido una pista crucial, ruega que le avisen ante cualquier novedad y se presenta como Andrés de la Reina antes de colgar. Tras la llamada, queda pensativo, sumido en su frustración.
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En ese momento aparece María. Con suavidad le pregunta si aún está trabajando, pues la cena casi está lista. Al acercarse nota que él está muy serio y, preocupada, le pide que le cuente qué sucede. Andrés responde evasivo, diciendo que solo estaba revisando algunos asuntos. Pero María no se deja engañar y asegura que sabe bien lo que lo inquieta: la boda de Gabriel con Begoña.
El comentario lo irrita. Le pide que no vuelva sobre ese tema. Sin embargo, ella insiste desde un lugar emocional, confesándole que estaría dispuesta a ayudarlo a pasar página, que daría cualquier cosa por verlo feliz y que aún están a tiempo de intentar algo. Andrés, incómodo, prefiere alejarse sin responder, pero María lo llama angustiada.
Entonces él imagina una escena que nunca llega a pronunciar: se ve gritándole, enfrentando sus mentiras, recordándole que ella recuperó sensibilidad en las piernas antes del accidente y que lo ocultó porque quería retenerlo. En su mente la acusa de levantarse el día de la explosión, de saber que Gabriel sabotearía la caldera, de mentir y traicionarlo. La ve admitiendo su amor por él mientras él la desprecia, diciéndole que es indigna de confianza y que lamenta haberle pedido matrimonio. Ese pensamiento lo golpea profundamente.
La imagen mental se desvanece, y Andrés vuelve al presente, donde María lo observa esperando una respuesta real. Él, finalmente, dice que ambos nunca supieron amarse bien y que quizá por eso siguieron adelante con su boda, aun sabiendo que no debían. Ella, con la voz rota, pregunta si con Begoña sí supo amar. Andrés admite que él y María solo se han causado daño y que deben detener ese ciclo algún día. Sin añadir más, Andrés se marcha lentamente, dejando a María deshecha.