‘La Promesa’ – Avance semanal (capítulos del 717 al 721): Curro estalla contra Lorenzo!
’La Promesa’: Curro estalla contra Lorenzo y la trampa de Lope descubre por fin a Madame Cocotte
La boda clandestina de Ángela y Beltrán se viene abajo de manera abrupta cuando Lorenzo aparece sin previo aviso en la fiesta del duque, torciendo todos los planes de fuga preparados por Leocadia. La súbita irrupción del capitán provoca un estallido largamente contenido: Curro, harto de su tiranía, acaba soltándole un puñetazo que resuena tanto en los pasillos como en sus propias consecuencias. Con el ataque ya consumado, la tensión crece: ¿cómo responderá Lorenzo? ¿Y hasta dónde está dispuesta a llegar Leocadia para evitar que el fracaso de la boda arruine sus ambiciones?
En las cocinas, otro misterio llega a su punto de ebullición. La estrategia que Lope lleva días urdiendo finalmente da resultados y la verdadera identidad de Madame Cocotte queda expuesta. Su trampa, planeada con paciencia, termina revelando que la ladrona de recetas no es otra que Vera, cuya doble vida en las revistas culinarias empieza a desmoronarse.
Mientras tanto, Martina se enfrenta al derrumbe de su mentira: Adriano descubre que las cartas que creía escritas por Catalina fueron falsificadas por ella. La revelación quiebra su vínculo y deja a Martina al borde de la huida, planteándose abandonar La Promesa para recuperar su equilibrio.
En un ángulo más íntimo, Samuel sorprende a María Fernández con una proposición inesperada: ofrecerle matrimonio y hacerse cargo del hijo que espera. Una promesa tan repentina como noble que reacomoda silenciosamente el tablero emocional del palacio.
Ya antes de la fiesta, Martina había sentido que el mundo se le estrechaba. Vestida y preparándose frente al espejo, intenta contener la mezcla de ilusión y temor que la atenazan. El regalo de Adriano, aún sin estrenar, pesa sobre su conciencia, especialmente cuando Jacobo irrumpe en su habitación insinuando que sabe más de lo que ella ha querido reconocer. Sus palabras, afiladas como cuchillas, la obligan a enfrentar el miedo de que su engaño salga a la luz.
Al mismo tiempo, Adriano, encerrado en su cuarto, relee las cartas que una vez le reconfortaron. Tras las provocaciones de Jacobo, los textos le parecen demasiado pulidos, demasiado afectados, demasiado cercanos a la sensibilidad de Martina. Cuando ella entra para explicarse, él ya ha atado las piezas: la caligrafía, el tono, las fechas… nada era real. La confrontación entre ambos es intensa y desgarradora; él se siente traicionado, ella intenta justificar lo que había hecho por compasión. Finalmente, Adriano pide distancia, incapaz de reconocer en ella a la mujer que creía amar.
En otro rincón del palacio, Lope se mantiene firme ante las sospechas contra la misteriosa chef francesa. Aunque Simona y Candela tratan de acorralar a Vera con preguntas, es Lope quien entiende que la única manera de obtener la verdad es llevar a Madame Cocotte a cometer un error. Su plan, ingenioso y meticuloso, siembra la semilla del desenmascaramiento.
En la capilla, María Fernández confiesa a Samuel su decisión de seguir adelante con el embarazo. El sacerdote, con una serenidad que la reconforta, le recuerda que no debe cargar sola con sus temores. Sus palabras, aún ambiguas, preludian la promesa que le hará más tarde: tomar un papel activo en su vida y la del niño.
En el servicio, Teresa recibe las llaves como nueva ama de la casa. Aunque Pía la anima, recordándole que su humildad es su mayor virtud, Petra observa su ascenso con resentimiento. Para complicarlo más, Cristóbal presiona en secreto para que Teresa sea sus ojos y oídos dentro del servicio, empeñando aún más su recién obtenida autoridad.
Por su parte, Manuel lidia con el peligro de las piezas defectuosas suministradas por Farré. Al descubrir que el duque Lisandro es socio mayoritario de la empresa implicada, su margen de acción se reduce. Enora, atrapada en su propia telaraña de medias verdades, afronta por fin las sospechas de Manuel, quien percibe en su vacilación un eco de traición.
Llegada la noche de la fiesta, el palacio del duque se llena de música y luces, pero bajo la superficie reina un clima de nervios. Martina intenta mantener la compostura pese a la ausencia de Adriano. Jacobo, vigilante y celoso, observa cada gesto. Y Alonso, consciente de la herida abierta entre los jóvenes, lamenta la dureza del destino.
En La Promesa, los preparativos finales para la boda clandestina de Ángela se afinan. Jacobo y Leocadia ultiman los detalles con Beltrán, seguros de que lograrán escapar a medianoche. Pero la inesperada presencia de Lorenzo en la fiesta revienta el plan. Su mirada escrutadora, su forma de cazar movimientos y su veneno disfrazado de cortesía congelan cualquier posibilidad de fuga.

Esa misma noche, Curro enfrenta al capitán. La tensión acumulada, el dolor de saber que Ángela será arrancada de su lado, y la soberbia del capitán desencadenan lo inevitable: un puñetazo limpio que deja a Lorenzo sin aliento. Ángela presencia la escena y, con una valentía inesperada, frena al capitán antes de que responda. Su amenaza —no volver a dirigirle la palabra si toca a Curro— obliga a Lorenzo a contener su furia. Pero ambos saben que la batalla apenas comienza.
Días después, la trampa de Lope finalmente prospera. Una receta defectuosa enviada a propósito aparece corregida por Madame Cocotte con un estilo que delata a Vera por completo. Descubierta, ella confiesa entre lágrimas que nunca quiso dañarlo, que solo buscaba un modo de brillar en un mundo donde nadie la veía. Lope, dolido pero empático, le ofrece una salida insólita: seguir escribiendo juntos, compartiendo mérito y errores.
En paralelo, Martina anuncia que se marcha temporalmente a Sevilla. Necesita respirar, recuperar su voz, recomponerse tras la ruptura con Adriano y el acoso constante de Jacobo. Alonso la apoya, consciente de que la casa se ha convertido en una jaula para ella.
Entre tanto, Teresa intenta adaptarse a su nuevo cargo, atrapada entre las órdenes frías de Cristóbal y la humanidad de Pía. Petra, cada vez más hostil, amenaza con socavar su autoridad desde dentro.
Y Leocadia, en su despacho silencioso, entiende que ha llegado la hora de actuar sin titubeos. La figura de Ángela, escrita una y otra vez sobre las cartas dispersas, le recuerda lo que está en juego. Tomará una decisión extrema, convencida de que solo un sacrificio doloroso garantizará el futuro que ansía.
Mientras algunos sueñan con libertad y otros con poder, La Promesa aguarda el golpe de las decisiones que están por llegar, consciente de que nada, a partir de aquí, será igual.