LA PROMESA – URGENTE: Adriano DESCUBRE la VERDAD sobre las CARTAS y EXPULSA a Martina del PALACIO!

Prepárense, porque lo que está a punto de revelarse es un temblor capaz de derrumbar los cimientos del palacio: una traición tan profunda, tan meticulosamente orquestada, que dejará sin aliento a cualquiera que se atreva a escucharla. ¿Pensaban conocer los secretos de La Promesa? Pues aguarden, porque la verdad, imparable como un torrente desatado, está lista para arrasar con todo a su paso.
La historia de amor entre Catalina y Adriano, que muchos creían protegida, estuvo a punto de ser destruida por la envidia y el clasismo. Pero hoy, aunque tarde, la justicia llega con fuerza devastadora.

En los salones majestuosos del palacio, donde cada tapiz y cada susurro esconde secretos, un simple intento de encontrar unos planos arquitectónicos estuvo a punto de desencadenar el caos. Adriano, noble de corazón y espíritu firme, compartía despacho con Catalina, su amada, antes de que ella huyera más de un año atrás sin que nadie entendiera el motivo. Él había quedado a cargo de sus dos bebés, entregado a ellos con amor, pero cargando el peso del abandono.

Una tarde tranquila, mientras el sol teñía de oro el polvo en el aire, Adriano buscaba unos esquemas antiguos. Al estirar la mano, una caja decorativa cayó al suelo, desparramando su contenido. Entre los objetos, encontró algo inimaginable: fotos antiguas, recibos olvidados y —sobre todo— una pila de sobres dirigidos a él. Cartas antiguas, escritas por Catalina. Todas selladas, pero manipuladas con torpeza. Una tras otra, 15 en total… todas mostrando el mismo patrón: habían sido abiertas y vueltas a cerrar.

Catalina le había escrito llena de amor, desesperación y súplica. Él jamás recibió una sola. Y allí, entre los sobres, una pista casi invisible: una mancha azul, el trazo típico de la pluma que usaba Martina, la prima que siempre se mostraba tan servicial, especialmente durante la ausencia de Catalina.

El descubrimiento desató una investigación implacable. En el archivo del palacio encontró registros que mostraban que Martina se había ofrecido a gestionar toda la correspondencia relacionada con Catalina. Luego, criados como Simona y López confirmaron sus sospechas: Martina revisaba toda carta que llegara mencionando a Catalina y retenía cualquier misiva que pudiera devolver la esperanza.

La Promesa: La ruptura de Catalina y Adriano

Con cada testimonio, la verdad se volvía más brutal: Martina no interceptó una carta… sino todas. Separó deliberadamente a Catalina de sus hijos y de Adriano, tejiendo mentiras para ambos, hasta casi destruir su relación.

Adriano, tras entender el alcance de la traición, reunió valor para enfrentarla en medio de la cena familiar. Con todos presentes, lanzó las cartas sobre la mesa, exigiendo explicaciones. Martina intentó negarlo… pero las pruebas eran irrefutables. Acorralada, terminó confesándolo todo con una mezcla de histeria y desprecio: lo hizo por clasismo, por creer que Adriano no era digno de Catalina, por envidia y por soberbia.

El comedor quedó paralizado. Adriano, desbordado por meses de dolor, exigió al marqués una decisión: o Martina era expulsada del palacio, o él se iría con sus hijos para no volver jamás. La traición era demasiado grave, y Alonso dictó sentencia: Martina debía abandonar la Promesa en 24 horas.

Lo que siguió fue un día de caos silencioso: los criados murmurando, Jacobo —el esposo de Martina— rompiéndose por dentro al descubrir su verdadera naturaleza, y Martina enfrentando, una por una, las consecuencias de sus actos. Incluso intentó disculparse con Adriano, pero él le cerró la puerta, literal y simbólicamente.

La Promesa - Adriano comunica al marqués que quiere marcharse

La mañana de su expulsión, Martina descendió las escaleras ante la mirada fría y compasiva del marqués, quien le entregó unas pesetas como última ayuda. Adriano observó desde el balcón con sus hijos en brazos. Ella suplicó, gritó, pidió perdón… pero Adriano no respondió. Y cuando creía que no podía perder más, Jacobo anunció que también se marchaba, pero solo. Necesitaba tiempo para decidir si podía seguir casado con alguien capaz de tanta crueldad.

Martina abandonó la Promesa en un carruaje, dejando atrás una vida que ella misma destruyó.

Con la sombra de la traición por fin desterrada, Adriano se dedicó a seguir el rastro de las cartas. Cada matasellos era una pista. Así llegó a un pequeño pueblo, donde un posadero lo guió a un convento. Allí Catalina, desgastada por la tristeza, vivía convencida de que su familia la había olvidado.

Cuando Adriano la encontró y explicó la verdad con las cartas en la mano, Catalina cayó en sus brazos entre lágrimas. Había creído que Adriano no la quería y que sus hijos estarían mejor sin ella. Pero él nunca dejó de buscarla en su corazón.

Regresaron juntos a la Promesa, donde Catalina fue recibida con lágrimas y abrazos. El momento más emotivo llegó cuando volvió a sostener a sus bebés. La familia, por fin, se reunía.

Esa noche, para cerrar un capítulo doloroso y abrir uno nuevo, Adriano y Catalina arrojaron todas las cartas interceptadas al fuego, dejando que las llamas consumieran el rastro de la traición.

Un nuevo amanecer iluminó la Promesa.
El amor, al fin, había vencido.