Avance Sueños de Libertad, capítulo 436: ¿Aliados o enemigos?
Avance ‘Sueños de libertad’: ¿Aliados o enemigos? Capítulo 436 (13 de noviembre)
El jueves 13 de noviembre, Sueños de Libertad nos llevará a un capítulo cargado de decisiones críticas, secretos y emociones a flor de piel. Gabriel asume oficialmente la dirección de la empresa, aunque sus verdaderas intenciones siguen siendo un misterio. En este episodio, cada personaje se enfrenta a dilemas personales y profesionales que podrían cambiar el rumbo de sus vidas.
En la Casa Grande, la tarde parecía deslizarse lentamente, mientras la luz se filtraba a través de los tapices, reflejando un ambiente silencioso y expectante. Julia, con sus ojos brillantes y mejillas sonrojadas, compartió con Digna una noticia que llenó la habitación de emoción y tensión: Begoña y Gabriel habían decidido adoptarla. La niña imaginaba su nuevo apellido, un cuarto propio repleto de libros, una lámpara que proyectaba mariposas y la posibilidad de un hermanito.
Digna permaneció inmóvil, procesando la noticia. Su reacción no era de rechazo a la felicidad de Julia, sino de cautela: la alegría en aquella casa siempre llegaba con compromisos invisibles y responsabilidades que pesaban más que cualquier celebración. Con una voz serena pero firme, expresó su preocupación sobre depender de la voluntad de Gabriel, recordando que su nieta debía estar protegida de decisiones que pudieran lastimarla. Damián, por su parte, prometió transparencia: cada papel, cada decisión sería compartida, y nada se permitiría que lastimara a Julia sin su consentimiento.
Mientras tanto, en la fábrica, el ambiente era igualmente intenso. El olor a lavanda y metal caliente llenaba el aire, y el rumor de las máquinas parecía tener un ritmo distinto desde que la disciplina de los franceses había intentado imponerse. Chloe buscó a Marta para confrontarla sobre la decisión de Gabriel de aceptar la dirección bajo ciertas condiciones. La conversación reveló un gesto inesperado: Chloe fue la primera opción de Marta para dirigir, un reconocimiento a su capacidad de equilibrar números y personas, aunque esto sorprendiera a la propia francesa. Sin embargo, la presión aumentaba, ya que Brossard había advertido que si Gabriel no demostraba resultados en seis meses, traería a su propio director.
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En paralelo, Begoña atendía a Claudia en el dispensario, ofreciéndole consejos sobre cómo elegir a quién asignar en la casa cuna. Le enseñó que el miedo podía ser un filtro útil, pero nunca debía ser la única guía, y que los niños necesitaban personas que ofrecieran dedicación y calor, no solo eficiencia. En un gesto lleno de ternura, Begoña recibió un paquete inesperado con un sonajero, calcetines diminutos y una nota para el hermanito de Julia, un recordatorio de que las pequeñas señales de cariño podían sostener un mundo incierto.
Andrés, en el laboratorio, lidiaba con sus propias dudas. Aunque reconocía los esfuerzos de Gabriel por la empresa, sentía que algo no encajaba: recuerdos fragmentados y sospechas surgían con fuerza. La llegada de una llamada de Enriqueta, hija de Remedios, le recordó la carta que había escrito sobre los eventos en la sala de calderas antes de la explosión. Tras buscarla y descubrir que Manuela se la había entregado a María, Andrés enfrentó a su esposa, detectando un pequeño tic que revelaba que la verdad estaba oculta. La tensión entre ellos no era de desconfianza, sino de necesidad de claridad y justicia.
En la Casa Grande, Damián y Digna conversaron sobre la adopción de Julia. Damián explicó que había cambiado de opinión: apoyarían la adopción activamente, asegurándose de que la niña supiera que no la entregaban, sino que la elegían como parte de la familia. Digna aceptó ayudar, con la condición de que cualquier duda se compartiera antes de actuar, recordando que el amor y la protección debían ir de la mano de la honestidad.
El primer día de Gabriel como director fue una mezcla de expectación y nerviosismo. La sala de juntas se llenó de empleados atentos a sus palabras, quienes sintieron en él transparencia y compromiso. Gabriel estableció reglas claras: no habría despidos y se revisarían todas las cuentas con lupa. Además, solicitó acceso completo a la información sobre la sala de calderas, desde los turnos del mes anterior hasta las llamadas del día del incidente, decidido a dirigir con conocimiento y responsabilidad.

En el hogar de los Merino, Joaquín recibió una propuesta laboral de Floral para ser jefe de producción con un sueldo atractivo. La oferta lo hizo cuestionar su futuro, pero tomó la decisión de considerarla desde la posibilidad y no desde el rencor, colocando la tarjeta dentro de un libro de cuentos de Teo, quien dormía abrazando su coche de hojalata. Gema, desde la puerta, lo acompañó con ternura, recordándole que las decisiones importantes deben tomarse para vivir, no para castigarse.
Chloé negoció con Brossard, asegurándose de que los despidos masivos no se ejecutaran y ganando seis meses para demostrar que la empresa podía prosperar manteniendo a su talento. Este tiempo se convirtió en un recurso valioso, la oportunidad de sostener la fábrica con esfuerzo, paciencia y confianza en quienes trabajaban allí.
Mientras tanto, Andrés entregó la carta de Enriqueta, reconociendo que debía continuar la investigación y buscar la verdad, sin hacer daño, pero con determinación. María, por su parte, admitió haber escondido la carta por miedo, y ambos comprendieron que enfrentar la verdad era necesario para reconstruir la confianza.
El capítulo cierra con escenas de esperanza y nuevas responsabilidades: Julia planta un hueso de ciruela bajo la supervisión de Begoña, símbolo de crecimiento y cuidado; Gabriel, en su despacho, reflexiona sobre su papel como líder, anotando: “Nadie se va. La verdad no se compra”, entendiendo que dirigir no es mandar, sino sostener; y Andrés, con la carta de Enriqueta en mano, se prepara para buscar respuestas, aceptando sus propias fisuras y su deseo de encontrar la verdad.
El capítulo 436 de Sueños de Libertad muestra que los jueves peligrosos pueden traer vida y renovación, que las verdades difíciles no siempre rompen, sino que también enseñan a crecer, y que los aliados y enemigos pueden coexistir en un delicado equilibrio de confianza, poder y humanidad.