Sueños de Libertad Capítulo 439 (Gabriel defiende a las madres trabajadoras ante Chloe)
El capítulo 439 de Sueños de Libertad: Un día de decisiones y confrontaciones inesperadas
El capítulo 439 comienza en la fábrica, donde Gabriel intenta persuadir a Chloé sobre la importancia de mantener la casa cuna para las empleadas. “Es un recurso invaluable. Permite que nuestras trabajadoras, que son madres, puedan cumplir sus turnos sin problemas”, le explica con convicción. Chloé, sin mostrar interés, interrumpe con frialdad: ya habían discutido ese tema, y no le parecía necesario insistir más. Gabriel, decidido, intenta reforzar su argumento: el funcionamiento de la casa cuna no implicaría ningún gasto para la empresa, ya que las cuidadoras son voluntarias y el único salario sería cubierto por una benefactora influyente, la madre del gobernador civil.
Chloé, inmutable, le recuerda que las decisiones vienen “desde arriba”: se deben reducir costos y aumentar ganancias. Además, el espacio que ocupa la casa cuna no genera ingresos, y podría destinarse a una nueva área de producción. La tensión en la sala crece, hasta que la irrupción inesperada de Claudia cambia el curso de la conversación. “Yo lo pagaré”, anuncia con determinación, dejando a Gabriel y a Chloé completamente sorprendidos.
Claudia, algo apenada, se disculpa por haber escuchado parte del diálogo, pero deja claro su propósito: cubrir ella misma el alquiler de la casa cuna con su propio dinero. Gabriel, con una mezcla de respeto y sorpresa, le permite que se acerque. Claudia se planta frente a ellos y declara con firmeza: “Si ese es el único obstáculo, yo asumiré el pago.” Chloé, escéptica, comenta que no lo habían considerado, pero que lo evaluarán. Gabriel, intrigado, pregunta si Claudia podría sostenerlo por sí sola, y ella responde con serenidad que sí: el dinero que heredó de su difunto esposo lo destinará a algo tan significativo como la casa cuna.
Chloé, observándola atentamente, reconoce que la casa cuna tiene un gran valor para Claudia. La mujer confirma que se preocupa profundamente por el bienestar de las madres que dependen de ese espacio. Gabriel coincide, resaltando la admirable disposición de Claudia. Incluso Chloé, pese a su escepticismo inicial, no puede evitar admitir que aceptar su ofrecimiento sería lo más razonable. Claudia añade que el alquiler no debería ser excesivo, ya que quiere que el dinero alcance para mantener la casa abierta el mayor tiempo posible. Chloé comenta que la empresa cobrará el precio de mercado, y Claudia acepta la condición, con la firme advertencia de que si su dinero no alcanza, la empresa deberá devolver las donaciones previamente realizadas.

La conversación revela el compromiso de Claudia: recuerda cómo la casa cuna estaba en pésimas condiciones cuando ella y la doctora Borrel la encontraron, y su intervención busca garantizar que siga funcionando. Gabriel respalda su posición, mientras Chloé mantiene un tono frío, aunque empieza a mostrar signos de respeto hacia la iniciativa de Claudia. La decisión se concreta: el alquiler será razonable, y todas las partes parecen satisfechas. Claudia sonríe, satisfecha de haber podido proteger el recurso que considera vital para las trabajadoras.
Más tarde, la atención se traslada al dispensario, donde Chloé se entera de la nueva crema creada por Luz y Begoña. Decide visitarlas con entusiasmo, pero Luz la detiene de inmediato: el dispensario está saturado con visitas a domicilio y chequeos médicos, y no pueden atender interrupciones sin urgencia. Chloé aclara que no viene por ninguna de esas razones: sostiene un frasco de crema y busca felicitarlas. Luz, mostrando desinterés, pregunta qué trae, mientras Chloé insiste en que el producto ha generado un gran interés por su textura y eficacia.
Luz se mantiene profesional, explicando que la crema es fruto de su investigación y pruebas para tratar lesiones cutáneas de los trabajadores, una mezcla de aloe vera y aceite de rosa mosqueta con resultados extraordinarios. Chloé se sorprende y muestra admiración, revelando que el cantinero Gaspar le habló muy bien del producto y que ella misma lo pidió para probarlo, consciente de su potencial. Luz, algo defensiva, insiste en que la elaboración de la crema no ha afectado su trabajo en la empresa, dejando claro que la atención se centra en el bienestar de los trabajadores y no en intereses comerciales.

Chloé, intentando mostrarse cordial, explica que su intención es examinar posibles mercados: si la crema pudiera comercializarse, podría incorporarse a la empresa y generar beneficios. Luz, firme y decidida, rechaza de inmediato la idea: la crema es un proyecto personal y no está a la venta. Hace hincapié en que, incluso cuando su esposo y su cuñado eran accionistas de Perfumerías de la Reina, no permitieron la comercialización, y ahora menos aún con Chloé y su equipo involucrados. La expresión de Chloé se torna molesta, pero trata de mantener la compostura.
Luz, con determinación, recuerda a Chloé los sacrificios que ya hicieron y cómo algunos miembros del equipo fueron despedidos injustamente, dejando claro que no permitirán que se apropien de su creación. Chloé intenta justificar su interés, mencionando la historia de éxito de productos similares que revolucionaron el mercado en décadas pasadas, pero Luz la interrumpe, segura de que la crema no se venderá y que su objetivo principal sigue siendo la salud y seguridad de los trabajadores.
Finalmente, Chloé, resignada, se despide, dejando un gesto de descontento y frustración. Luz se asegura de devolverle el frasco a Gaspar personalmente, mientras la mirada de Chloé deja entrever que no ha olvidado el episodio y que sus verdaderas intenciones permanecen ocultas. La interacción concluye con un silencio tenso, cargado de desconfianza, pero también de firmeza y claridad por parte de Luz y Begoña, quienes mantienen el control sobre su creación y el bienestar de la casa cuna.
El capítulo 439 deja a los espectadores al borde del asiento, con una mezcla de tensión empresarial, conflictos personales y decisiones cruciales que muestran cómo el poder, la generosidad y la integridad se enfrentan constantemente. Gabriel demuestra su capacidad de mediar y tomar decisiones difíciles, mientras Claudia reafirma su compromiso con causas justas y Luz protege lo que ha construido con esfuerzo. Chloé, por su parte, representa la presión externa y los intereses comerciales que chocan con los valores personales, manteniendo el conflicto latente y abierto a futuros desarrollos en la historia.
En este episodio, la dinámica de la empresa y la familia se entrelaza, dejando claro que las decisiones no solo afectan los negocios, sino la vida y el bienestar de todos los involucrados. La batalla por mantener la casa cuna y la propiedad intelectual de la crema es solo un reflejo de los desafíos más grandes que enfrentan Gabriel, Claudia, Luz y el resto del equipo: equilibrar la ambición con la ética, y el beneficio económico con la humanidad.