¡Divorcio Ferit a cambio de tierras!
⚠️ SPOILER — Parafraseado en español
Ferit la saluda con una suavidad juguetona al amanecer, diciendo que ni siquiera se levantó para el sahur, insinuando que pretende “hacer el ayuno durmiendo”. Ella le pide que deje las bromas tan temprano, pero él sigue hablándole con humor. Cuando ella le pregunta a dónde va, él responde con soltura que su tía le escribió: el esposo de su prima tiene una reunión por la tarde y por eso deben verse antes. Dice que va a preparar la lancha. Ella pregunta si su hermana lo sabe; él responde que no, que no dijo nada, aunque seguramente su tía ya lo mencionó.
Seyran decide llamarla, pero Ferit cambia de tema: quiere contarle una idea. Propone poner a un par de personas vigilando para que, cuando la tía Zehrin aparezca, se lo avisen. Pero ella le corta de raíz: no quiere que él haga nada, que lo solucionará por su cuenta. Ferit insiste en que le diga cómo piensa resolverlo; dice que lleva días preocupado.
Entonces Seyran suelta la bomba: piensa ir y contárselo todo directamente a su madre. Él se ríe, creyendo que está hablando sin haber dormido bien. Le dice que primero se lave la cara y después lo hablen. Pero Seyran está decidida: después de dejar a su hermana en su destino, irá a hablar con su madre, y si la otra mujer llega antes, pues ya no hay nada que hacer.
Ferit no entiende la lógica. Dice que el objetivo es precisamente evitar que su madre lo descubra por terceros. Pero ella replica que no está planeando nada, solo quiere ser sincera. Quiere que su madre se entere por ella y no por alguien extraño. Ferit protesta, dice que esa decisión los afecta a ambos, que no puede ir por su cuenta como si el asunto fuera solo suyo. Ella responde que pueden hablar cuanto quiera, pero su decisión no cambiará.
Salen de casa y se preparan para reunirse con la familia política. Mientras tanto, Suna está nerviosa por el paseo en barco. Su amiga intenta tranquilizarla: que no muestre miedo porque Felipe suele burlarse. Le dice que al principio también se asustaba pero luego se acostumbra. Varias personas del grupo saludan, otros llegan en scooter, cada uno con su particular extravagancia.

Durante el trayecto, Suna sigue temblando y su hermana la anima a respirar hondo y disfrutar. Otro de los hombres presume un gran proyecto de construcción en un terreno donde planea levantar residencias, un centro comercial y un hotel. Ferit comenta que tal vez se lleve bien con Kazım, el padre de Seyran. Entre bromas celosas, el grupo se ríe.
En la conversación, describen también una gran mansión familiar que, según Ferit, su abuelo planea darles después del matrimonio. Muchos comentan que la conocen y que ha estado vacía por largo tiempo.
El teléfono de Seyran suena: es su padre. Todos se sorprenden. Ella contesta y él, con su estilo posesivo y rudo, pregunta si todo está bien, le recuerda que nadie debe considerarla desprotegida, que él está ahí. Le advierte que mantenga el “equilibrio”, como él lo llama, para no avergonzar a la familia. Seyran, intentando mantener la calma, le dice que todo va bien.
Después del paseo, Ferit tiene una reunión, así que ella propone dejar a Suna en casa y continuar. Hablan un momento de su cuñado, que ha estado actuando extraño. Finalmente, deciden que Seyran también vaya con Ferit antes de que él la deje en otro punto.
En otra parte de la ciudad, Gülgün ordena que sigan de cerca a Orhan sin ser vistos. Su chofer obedece.
De regreso en el barco, Ferit sigue insistiendo en que no hable con su madre. Cree que la mujer que apareció los está presionando al borde de lo absurdo, y teme que hablar con su madre complique todo. Seyran se irrita: ya lo discutieron y no va a ceder. Ella siente que Ferit solo piensa en evitar el escándalo, no en la verdad.
Cuando llegan a casa, su madre las recibe algo confundida pero contenta de verlas. Seyran quiere hablar con ella y con su tía a la vez, sin esconder más.
Una vez reunidas, Seyran confiesa todo: las humillaciones, el dolor, lo que sufrió sin que su madre lo supiera. Su madre se rompe, pide perdón entre lágrimas por no haber visto nada. La tía, indignada, dice que desde el primer día desconfió del “yerno”, que lo veía venir.
Pero Seyran insiste en que ya pasó, que han intentado arreglarlo y que incluso se quieren. No obstante, la mujer que afirma tener una historia con Ferit sigue amenazando con aparecer. Por eso Seyran vino a advertirlas.
Su madre toma una decisión inesperada: quiere ir ella misma a hablar con esa mujer, encararla, escuchar lo que tenga que decir y cortar esto de raíz antes de que Kazım —el padre— se entere. Las mujeres de la casa la apoyan. Se preparan para salir sin avisarle a nadie.
Van a la casa donde vive la madre de Pelin. Allí, la mujer las recibe con altanería, como si supiera que van en desventaja. Esme se presenta con dignidad. La otra, con frialdad calculada, las acusa de haber criado a una familia sin moral, sin vergüenza, insinuando que casaron a una hija y luego “vendieron” a la otra.
Esme aguanta las provocaciones, pero la Sra. Zerrin continúa. Dice que Seyran nunca debió casarse con Ferit, y que tarde o temprano él se divorciará para casarse con Pelin, como “prometió”. Incluso insinúa ofrecerle más propiedades a Kazım para que firme la separación. Asegura que en su familia no existe el divorcio, pero que si Ferit quiere a su hija, lo hará.

Para colmo, la acusa a Esme de haberse quedado callada durante años de maltratos de su esposo, de haber permitido que sus hijas crecieran con miedo, insinuando que por eso “no sabe ser madre”.
Esme, herida pero firme, decide marcharse. Sabe que discutir con esa mujer no llevará a nada.
Justo afuera llegan también Pelin y Ferit. Ferit no entiende nada; Pelin dice que no se mete más. La discusión escala, y finalmente Esme, abrumada por el dolor, se desvanece por un momento, incapaz de tolerar la humillación. Seyran y los demás corren a sostenerla y llevarla a un banco cercano.
Ferit intenta explicar, rogar que lo escuchen, jura que no contó nada de su vida privada a nadie. Pero Esme ya no quiere oírlo. Le recuerda todas las veces que su hija lloró por él, todos los errores que cometió desde la noche de bodas, todas las heridas que dejó sin reparar. Le dice que ese día, por respeto a su hija, mantuvo la cabeza en alto, pero que no quiere verlo cerca de ella otra vez.
Ferit insiste: que lo que escucharon es mentira, que él no reveló nada, que quiere aclararlo todo. Pero Esme está decidida. Le dice que si su hija vuelve a casa, la recibirá con los brazos abiertos, pero que preferiría que no viviera más con él.
Entre lágrimas, Seyran ayuda a su madre a levantarse. Ella mira a Ferit una última vez y le pide que se vaya. No quiere verlo, no quiere escucharlo, no quiere explicaciones. Solo quiere proteger a su hija.
Ferit queda allí, deshecho, mientras Esme y Seyran se marchan juntas.
Y la escena termina con un peso insoportable: el quiebre definitivo entre las dos familias… y un perdón que quizás nunca llegue.