Sueños de Libertad Cap-440 (Andrés desafía a su padre mientras Joaquín arriesga el futuro familiar)
¿Qué tal, apasionados de las grandes historias? Acompáñenos a desvelar un capítulo crucial en las vidas de nuestros personajes favoritos, donde las decisiones de un hombre podrían cambiarlo todo para siempre.
En esta entrega, somos testigos de cómo Joaquín, impulsado por una ambición desmedida, pone en riesgo no solo el futuro de su empresa, sino también el patrimonio de toda su familia. Su deseo de ver florecer su nuevo proyecto lo impulsa a asumir riesgos que podrían coronarlo de éxito o arrastrarlo, junto con su apellido Merino, hacia la más profunda de las ruinas.
La escena inicial nos transporta al despacho de Damián, un hombre abatido, consumido por sus propios fantasmas y derrotado por la vida. La depresión lo ha dejado sin aliento ni esperanza; se le encuentra rodeado de papeles, destruyendo con sus manos documentos que alguna vez simbolizaron un futuro prometedor. Sus gestos lentos y torpes reflejan la carga de un fracaso que lo aplasta, y sus ojos, vacíos, parecen mirar un horizonte que ya no le pertenece.
En ese momento, la puerta se abre y entra Andrés, cuya expresión refleja la inquietud de quien observa a su padre sumido en la desesperanza. Con voz contenida, pregunta: “Padre, ¿qué estás haciendo?” Damián, sin levantar la mirada, responde con frialdad: “Estoy haciendo limpieza. Todo esto, este plan de negocios que se suponía nuestra salvación, ya no tiene valor. Es solo basura.” Andrés da un paso al frente, intentando transmitir seguridad y esperanza: “Padre, entiendo tu dolor, pero no puedes rendirte ahora. Es vital que mires hacia adelante.”

Damián suspira, un sonido cargado de tristeza y derrota, dejando caer los papeles sobre el escritorio. “No me pidas que hable del futuro. Ese monstruo ya no me pertenece. Aunque… debo admitir que sentí un alivio cuando supe que Gabriel fue nombrado director.” Andrés frunce el ceño, incrédulo, y se acerca más, cuestionando la decisión: “¿Estás seguro de que fue lo correcto?”
Damián asiente lentamente. Reconoce que Andrés hubiera preferido que Marta ocupara ese puesto, pero resalta que gracias a Gabriel se salvaron numerosos empleos. Con convicción asegura que Gabriel sabrá proteger los intereses de la familia. Sin embargo, Andrés sigue sin estar convencido y cuestiona la preferencia por Gabriel sobre Marta o incluso Joaquín. La paciencia de Damián se agota; eleva la voz y deja escapar su frustración: “¿Qué importa ahora eso? Gabriel es parte de la familia, y su matrimonio con Begoña ha fortalecido nuestros lazos. Es tu deber apoyarlos. Gabriel tiene la cabeza fría y sabe lo que hace.”
Mientras Damián intenta persuadirlo, los recuerdos amargos asaltan a Andrés. Revive la confrontación con Gabriel, cuando lo acusó directamente de sabotaje en la fábrica, solo para ser desmentido con arrogancia: “No existe ninguna prueba. Jamás haría daño a mi propia familia.” La indignación de Andrés recuerda el reproche de su padre: “¿Qué pretendías, acusando a tu primo frente a todos?” Aquel momento dejó una herida abierta; Andrés solo susurró: “Padre, Gabriel miente.” Además, trae a su memoria el encuentro con el detective, intentando explicarle que Gabriel de la Reina era el verdadero culpable del sabotaje, pero la falta de pruebas lo había dejado atrapado entre la sospecha y la impotencia.
De vuelta al presente, un suave toque de Damián en el hombro de su hijo lo devuelve al momento: “Andrés, con el tiempo entenderás que Gabriel está haciendo lo correcto.” Luego se retira al jardín, buscando la paz que solo el aire fresco puede darle. Andrés, aunque asiente, no puede evitar sospechar de la conexión oscura y peligrosa entre Gabriel y un tal Brosart, un misterio que lo obliga a mantenerse alerta y a desentrañar la verdad.
Esa misma noche, en el hogar de los Merino, el ambiente cambia, pero la tensión persiste. Joaquín, ajeno a los dramas familiares, trabaja sin descanso en su ambicioso proyecto. La mesa del comedor está cubierta de planos, documentos y cálculos, un caos organizado que refleja su obsesión por el éxito. Su madre, Digna, entra con paciencia y cariño, instándolo a descansar y preparar la cena, pero Joaquín apenas levanta la vista: “Ya casi termino, madre. Solo necesito un último repaso.”
En ese instante llega Gema, su esposa, quien lo observa entre admiración y preocupación. “¿Has estado trabajando sin parar todo el día?” pregunta. Joaquín, agotado pero satisfecho, asegura que sí, aunque confía en haber avanzado significativamente. Gema revisa los papeles con curiosidad, mientras Joaquín le explica que el plan de negocios enfrenta algunos ajustes debido al costo del papel de burbujas, pero confía en que se solucionará. Además, comparte la noticia de haber contactado con un representante internacional, Pablo Salazar, conocido de su padre, quien se muestra interesado en el proyecto.

Digna, sorprendida, pregunta sobre la relación de Salazar con la familia y su papel en la industria. Joaquín responde que Salazar, con su visión del futuro en el plástico, se convirtió en un representante internacional clave. Digna sonríe, considerando que el apellido Merino podría abrir algunas puertas, mientras Joaquín confía en que podrá cerrar acuerdos importantes.
Sin embargo, un tema crucial emerge: la inversión. Joaquín revela que no solicitará préstamos, sino que utilizará parte del dinero de la venta de terrenos recalificados por Miguel Ángel Vaca. Digna frunce el ceño, preocupada por el riesgo y la posible pérdida, mientras Joaquín asegura que la inversión inicial será suficiente y promete recuperar cada centavo. Luego propone que su madre se asocie con él, ampliando el capital inicial y asegurando mayor solidez para el negocio.
Gema, angustiada, interviene, instando a Joaquín a no involucrar a su madre en un riesgo tan alto, pero él insiste: “Confíen en mí. Este negocio será un éxito, y recuperaréis el dinero con creces.” Digna, entre orgullo y miedo, reconoce la determinación de su hijo. La conversación termina con una decisión: al día siguiente, Digna acompañará a Joaquín a visitar las naves industriales, para conocer de primera mano el plan y la estrategia. La sonrisa de Joaquín, agradecida y confiada, ilumina el cansado rostro de su madre, mientras Gema observa, consciente de la incertidumbre que rodea el ambicioso proyecto.
El capítulo deja a los espectadores en tensión, cuestionando si Joaquín logrará sacar adelante su empresa sin poner en riesgo a su familia, si Andrés podrá descubrir la verdad oculta tras Gabriel, y si Damián logrará superar su abatimiento. La historia combina la ambición, la estrategia y la lealtad familiar, mostrando cómo un solo hombre puede inclinar la balanza hacia el éxito o la ruina. Cada decisión, cada riesgo y cada gesto revela que el tablero está dispuesto y las piezas comienzan a moverse; el futuro sigue siendo una página en blanco, a punto de ser escrita por el coraje, la inteligencia y la determinación de los Merino.