Sueños de Libertad “Andrés Presiona A Cloe” Capítulo 441
En este adelanto del capítulo 441 de Sueños de Libertad, la historia comienza con Chloe trabajando en su despacho. Con el teléfono en la mano, mantiene una conversación tensa con el señor Brosard, intentando conservar la serenidad. Le comunica con firmeza que la doctora ha rechazado vender la fórmula, explicando que no se trata de dinero sino de principios y honor. Tal como mencionó la señora Borrel, está casada con un Merino y ese vínculo pesa más que cualquier oferta. Tras despedirse, Chloe cuelga y suelta un suspiro profundo, observando unos instantes la pila de documentos sobre su mesa. En su rostro se mezclan el cansancio y la frustración.
No tiene tiempo de recomponerse cuando unos golpes insistentes rompen el silencio. Responde con disgusto y, al abrirse la puerta, aparece Andrés, serio y decidido. Chloe, sorprendida por su presencia inesperada, retoma de inmediato su compostura y lo saluda con cortesía profesional. Él rechaza cualquier formalidad y anuncia que prefiere ir directo al asunto. Ella le indica que tome asiento, y él lo hace con gesto preocupado.
Andrés explica que necesita aclarar ciertos puntos relacionados con su primo Gabriel. Chloe asiente, dispuesta a escucharlo. Tras dudar unos segundos, él pregunta si ella sabía con anterioridad que Gabriel sería designado director. Chloe niega sin vacilar: asegura que no tenía información previa y que, de hecho, estaba valorando otras alternativas cuando desde París se tomó la decisión definitiva. Añade que fue el señor Anton Brosard quien determinó que Gabriel era el indicado, y que empieza a entender sus motivos.
Andrés, observándola atentamente, concluye que ella coincide con la opinión de su jefe. Chloe se toma un momento antes de responder y afirma que Gabriel encaja con el tipo de directivo que Brosard suele apreciar: un abogado con habilidad para negociar, persuasivo, disciplinado y capaz de mantener la calma. Además —dice con cierta ironía— su apellido también influye. Andrés, incómodo, señala que ella también ocupa un puesto relevante en la empresa. Chloe contesta con frialdad profesional, recordándole que su labor es muy distinta: como auditora, su margen de decisión es limitado y no dirige la línea estratégica.

Algo decepcionado por la falta de respuestas concretas, Andrés suspira. Chloe nota su malestar y añade que imagina que él hubiera preferido ver a Marta como nueva directora. Andrés lo admite sin rodeos: su desempeño en la fábrica la respalda, cuenta con respeto y experiencia, y en su opinión supera a Gabriel. Chloe sonríe levemente y confiesa que para ella también era la candidata perfecta. Sin embargo, Brosard desestimó sus razonamientos y se inclinó por Gabriel. Algo que ocurrió en París debió de influir profundamente en su decisión. Con eso, considera que ha resuelto las dudas del visitante.
Andrés se levanta agradeciendo su tiempo, pero antes de que se vaya, Chloe añade con mayor sinceridad que cree que Brosard hubiera valorado mucho a Marta si la hubiese conocido: tiene talento, intuición y autoridad natural. Incluso confiesa que está pensando en empezar a colaborar con ella y pregunta la opinión de Andrés. Él, sorprendido, sonríe y dice que sería una decisión acertada, pues Marta es su hermana. Luego añade una última inquietud: le llama la atención la rapidez con la que Brosard tomó la determinación de confiar la empresa a Gabriel tras solo unos días de reuniones en París. Chloe mantiene la compostura y responde que Brosard se guía por intuiciones muy certeras y suele acertar en sus primeras impresiones. Andrés asiente, aunque en su mirada persiste la duda, y se despide. Cuando se cierra la puerta, Chloe queda inmóvil, sumida en sus pensamientos.
Mientras tanto, en otro escenario, Marta regresa a casa alterada después de una jornada agotadora en la fábrica. Las nuevas modificaciones en los uniformes de las dependientas la han dejado indignada; siente que Chloe pretende imponer un estilo ajeno a la esencia de la empresa. Con enfado, le cuenta a Pelayo cómo Chloe hablaba de modernidad y libertad femenina con su tono impecable y condescendiente que tanto la irrita. Aunque todos saben que es fiel a las órdenes de Brosard, Marta se niega a dejarse manipular.
Pelayo la escucha con calma y, con una sonrisa suave, le señala lo dura que es. Ella se irrita aún más: le pregunta si le parece que no puede enfrentarse a Chloe, que ni la francesa ni nadie va a decirle cómo manejar su fábrica. Pelayo cambia a un tono más serio y afirma que no es gracioso ver cómo Brosard y los suyos tratan de borrar la identidad que tanto ha costado construir. Aun así, añade que Chloe y ella se parecen más de lo que cree.
Marta se indigna, preguntando en qué podrían parecerse. Pelayo explica que comparten fortaleza, determinación y la necesidad de hacerse oír en un mundo que muchas veces ignora a las mujeres. Chloe también ha tenido que luchar para ganarse un lugar en un entorno dominado por hombres. Marta baja un poco la voz y admite que ella se impuso muchas veces, sí, pero para proteger el legado familiar. Pelayo le recuerda que ella también tuvo que seguir órdenes de su padre con las que no estaba de acuerdo. Marta guarda silencio unos segundos.
Él continúa diciendo que no saben si Chloe está realmente alineada con todas las decisiones de Brosard. Quizá, si Marta dejara de emplear solo la fuerza y apostara por un poco más de tacto, podría lograr que Chloe entendiera su postura. No se trata de ceder el control, sino de saber cuándo negociar. Marta lo duda: dice que le resultaría muy difícil ver el mundo desde la perspectiva de Chloe. Pelayo insiste, con paciencia, en que ambas están obligadas a entenderse y que un enfrentamiento directo solo complicará las cosas. A veces hay que ceder un poco para no perder lo esencial.
Marta queda callada. Sus rasgos tensos revelan cansancio, orgullo herido y frustración. Aunque no lo admita, las palabras de Pelayo han calado en su interior. Todo indica que la relación entre Chloe y Marta se encamina hacia una confrontación inevitable: una batalla silenciosa entre dos mujeres fuertes que, sin saberlo, comparten mucho más de lo que imaginan.