La Promesa: Curro y la verdad que detiene la boda
Curro y la verdad que detiene la boda
La madrugada en La Promesa estaba impregnada de una tensión palpable. Curro, en el establo, sostenía una pistola con manos temblorosas, convencido de que matar a Lorenzo era la única salida para salvar a Ángela. Sin embargo, mientras él se debatía entre la vida y la muerte, otros destinos comenzaban a entrelazarse en el palacio. Ángela, vestida de novia contra su voluntad, enfrentaba una decisión que podría cambiar su vida para siempre. Leocadia, atrapada por sus propios errores, intentaba negociar con el destino. Manuel había descubierto algo que podía destapar la verdad oculta, y el servicio, harto del miedo que los había mantenido en silencio durante años, finalmente se alzaba.
En la capilla, lo que debía ser una boda se convertiría en el derrumbe de una máscara. Secretos, traiciones, y amenazas se desvelaban, mientras un grito resonaba en la capilla: el “No” firme de Ángela. Un “No” que no solo era la negación a un matrimonio, sino la afirmación de su propia libertad.
Curro, creyendo que no tenía más salida que la violencia, se encontraba solo con sus pensamientos, y la pistola en las manos le quemaba como una maldición. Decidido a actuar, vio en su mente las imágenes de Ángela atrapada por el destino que le imponían, y sus palabras, entrecortadas, murmuraban la dolorosa justificación de sus actos. Pero un encuentro con Pía cambiaría su perspectiva. Ella, al darse cuenta de lo que Curro estaba a punto de hacer, le ofreció una salida, una opción de no caer en la desesperación. “Siempre hay otra opción”, le dijo, recordándole que la muerte es irreversible y que el verdadero poder estaba en desenmascarar a Lorenzo, no en derramar sangre.

En otra parte del palacio, Manuel estaba a punto de destapar la red de corrupción que Lorenzo había tejido alrededor de La Promesa. Una firma oculta en unos documentos le dio la clave, y se dio cuenta de que Lorenzo no solo quería a Ángela, sino que también buscaba controlar todo el palacio a través de su negocio. El descubrimiento, aunque peligroso, le dio una nueva perspectiva sobre lo que debía hacer.
Mientras tanto, el servicio también comenzaba a tomar partido. Teresa, cansada de la opresión de Petra, decidió plantar cara y dejar claro que no iban a ser cómplices más de la violencia. Las palabras de Teresa fueron un faro para los demás, quienes, silenciosamente, también se alzaron en solidaridad con Ángela.

El día de la boda llegó, pero en lugar de un altar lleno de amor y bendiciones, la capilla se convirtió en un campo de batalla. Ángela, vestida de novia, no caminaba hacia el altar con esperanza, sino con una rabia contenida. Fue en ese momento, con Lorenzo esperando su victoria, cuando la verdad comenzó a salir a la luz. Leocadia, con la voz quebrada, fue la primera en enfrentarse a él. Acusó a Lorenzo de ser un monstruo que había controlado la vida de su hija a través del miedo y la manipulación. Manuel, con pruebas en la mano, respaldó sus palabras. El servicio, encabezado por Teresa, también dio su testimonio, revelando los abusos de Lorenzo.
Lorenzo, acorralado, trató de defenderse, pero ya era demasiado tarde. La verdad había salido a la luz, y las palabras de Ángela, claras y firmes, marcaron el final de la farsa. “No me voy a casar contigo”, dijo, y esa simple declaración rompió el miedo que durante tanto tiempo lo había dominado todo.
Aunque Lorenzo intentó continuar con su plan, ya no tenía el control. Su máscara se había caído, y no solo perdió la boda, sino también su poder. Ángela, con el apoyo de todos a su alrededor, se enfrentó a él por última vez, y el capitán se marchó derrotado.
Al final, la boda no se celebró. En lugar de los votos matrimoniales, la capilla quedó llena de alivio y esperanza. Curro, al lado de Ángela, le prometió que nunca más estaría sola. Y aunque no sabían qué futuro les esperaba, sabían que, por primera vez, su historia la escribirían ellos. Sin pistolas, sin sangre, solo con valentía. Y aunque el camino seguiría siendo incierto, por primera vez, había esperanza en La Promesa.