MANUEL DESPIERTA: ENORA YA NO ENGAÑA A NADIE || CRÓNICAS de La Promesa Series
Hola, ¿qué tal? Soy tu Gustav…
Muy buenas, familia. Aquí está tu Gustav en este sábado por la tarde, dispuesto a ponerte al día porque, madre mía, la que se ha liado esta mañana. El alboroto que se ha formado con el asunto del capitán Garrapata ha sido de campeonato. Tenía claro que esa noticia os iba a trastornar —para bien— y, efectivamente, me lo habéis confirmado con vuestros mensajes. He estado leyéndolos y te juro que he soltado más carcajadas que Simona cuando se entera de un chisme caliente.
Pero hoy no vengo únicamente con el tema del capitán, que ya tendrá su merecido final. Traigo otro asunto que está a punto de ponerse interesante: Manuel y Enora. A ver si esta semana se nos despierta el señorito Manuel de una vez, porque ya sabes que La Promesa es el reino donde un parpadeo mal calculado puede arruinar un romance… y donde algunas traiciones huelen más fuerte que el cocido del lunes. Y eso ya es decir.
Hoy te traigo una historia mezclada de ingenuidad, manipulación fina y un Manuel que es más bueno que el pan calentito de la mañana. Tan confiado que parece que va por la vida repartiendo cupones del “70% en confianza y cariño”. Y claro, con esa dulzura natural, es un blanco perfecto para alguien como Enora, que lleva semanas tomándole el pelo sin despeinarse.
Y ahora que parece que llega el capítulo decisivo en esta trama, siéntate, ponte cómodo y prepárate, porque vengo cargado de novedades. Soy tu Gustav, como siempre, acompañándote por la mañana, por la tarde y cuando haga falta. Gracias por formar parte de esta pequeña gran familia. Ya sabes que conmigo nunca te faltará compañía.

Vamos a lo importante: Manuel de Luján. Desde que lo vimos por primera vez, quedó claro que era un alma noble. Caballeroso, detallista, sensible… el típico hombre que te invita a merendar y encima te guarda el último trozo de pastel. Y sí, eso en La Promesa a veces es más un problema que un regalo, porque cuando aparece una chica como Enora —con ese aire inocente de “no entiendo nada porque soy francesa, dulce y pelirroja”—, pues Manuel cae de bruces. Si es que lo tiene todo: apariencia frágil, vocecita suave, dramatismo francés nivel experto.
La pelirroja ha jugado sus cartas como si hubiera sido entrenada por Mata Hari en persona. Primero se ganó a Manuel con el cuento de la innovación y de que apoyaba sus ideas. Acto seguido se metió en el hangar como quien no quiere la cosa, colocándose en un puesto clave. Después le aseguró que creía en él, que lo apoyaría siempre. Y mientras Manuel veía en ella casi un ángel caído del cielo, ella iba moviendo fichas para beneficiar a don Luis, ese ensamblador que no es precisamente trigo limpio y que ahora ya sabemos que tiene conexiones con el mismísimo duque de Carvajal y Fuentes.
Enora es lista como el hambre. Desde que llegó ha ido calculando cada paso. Oculta información, distorsiona lo que le interesa y se aferra a don Luis como si fuera su salvavidas. Cuando Manuel intenta hacerle ver algo, ella cambia al modo drama: “Me atacas”, “no confías en mí”, “solo quiero ayudarte”. Y claro, el pobre Manuel, que quiere evitar líos, acaba cediendo. Pero todos sabemos que ella mira por sí misma… y por quien sabe quién más. Y pronto lo vamos a descubrir.
Antes de seguir, déjame recordarte que le des al like y compartas esto con quien quieras. A ti no te cuesta nada y a mí me ayuda un montón, ya lo sabes.
Volvamos a la trama: Toño. Qué pena me dio. Enora lo utilizó con una frialdad que ni el hielo del pozo. Simona y Candela estaban convencidas de que por fin el muchacho había encontrado algo bonito, una ilusión, un rayo de luz para un chico que siempre ha ido dando trompicones por culpa del carácter que se trae. Pero no: Enora lo usó como llave. Quería entrar en las cocinas, ganarse la confianza de todos, moverse por todas partes… y Toño era la vía perfecta.
El pobre estaba ilusionado como un gatito en una estufa caliente. Feliz, brillante, enamorado. Y ella, con su sonrisa encantadora, sus miradas suaves, el picnic aquel… y luego ¡zas!, lo dejó tirado como si nada. Lo vimos todos: él fue a besarla y ella se apartó con esa frialdad que dejó al chaval destrozado. Yo lo veía venir, porque su comportamiento era demasiado… conveniente.
Fíjate en Simona y Candela, que tienen más olfato que un sabueso. Al principio estaban encantadísimas. “Qué maja la chica, qué bien trata a Toño”. Pero ni ellas lo veían claro del todo. Porque, seamos sinceros, Enora parecía hecha a medida para Manuel: elegante, refinada, lista, amante de la aeronáutica. Era como si los guionistas la hubieran diseñado para él. Pero claro, tenía truco. No podían meterla directamente en su vida porque Manuel acababa de quedarse viudo y habría sido una locura. Así que la colocaron en la órbita de Toño, como una estrategia temporal. Y vaya si funcionó… pero por puro interés.

Ahora vamos con el rumor estrella: que Enora es hija del duque de Carvajal y Fuentes. Esto ha corrido por Internet como la pólvora. Y sí, algunos “expertos” han querido darlo por hecho. Pero tengo que decirte lo mismo que me ha dicho Televisión Española: nada de nada. No hay confirmación oficial. ¿Existe una mínima posibilidad? Hombre, en esta serie siempre cabe un giro loco de última hora. Pero, según información oficial, esa teoría no tiene base. Así que, por ahora, nada de hija secreta.
Y hablando de rumores: el tema de que Curro se va de la serie. Me lo habéis preguntado muchísimo. ¿Qué de dónde ha salido ese cuento? No tengo ni idea. Pero te confirmo que no hay noticia alguna de que Curro abandone la serie. Algún día se irá, claro, como todos, pero ahora mismo tienen un montón de tramas abiertas con él. Así que de marcharse, nada de nada.
En resumen:
— Enora no es hija del duque de Carvajal y Fuentes.
— Curro NO se va de la serie.
Eso es lo que hay hasta ahora. Si Televisión Española me dice lo contrario algún día, ya sabéis que seré el primero en contarlo.
Y ahora más que nunca te digo: mañana los avances semanales NO te los puedes perder, porque todo lo que se viene con el asunto del capitán Garrapata… es una locura.
Soy tu Gustav.