LORENZO DEBIÓ SER EL ÚNICO PADRE DE CURRO || CRÓNICAS y ANÁLISIS de La Promesa
🔻 Buenas, promisers, clippers, ¿cómo estáis? (SPOILER) 🔻
Este vídeo lo estoy grabando sin saber todavía si para cuando lo veáis estaremos celebrando haber ganado el Emmy o, como mínimo, disfrutando del honor de la nominación, que ya de por sí es un logro enorme. Si no nos lo han dado, pues oye, ojalá haya sido para Regreso a las Sabinas, que también se lo merece y me parecería fantástico. Pero como aún es víspera de la gala, yo aquí, en la incertidumbre total. El caso es que esto se publica el martes, así que para cuando lo estéis viendo ya habrá pasado todo. Ya veremos, ya veremos.
El capítulo de hoy me ha parecido bastante de transición, aunque tiene momentos muy potentes, sobre todo la escena final entre Curro y Lorenzo, que comentaré más adelante porque vaya tela. Antes quiero detenerme en un par de cosillas rápidas, empezando por nuestra incombustible Leocadia. Hoy la hemos visto ya con la nueva ama de llaves, Teresa, y madre mía la manera en la que la ha puesto firme. Yo estaba viéndolo y pensando: «Pero, ¿esta señora qué se cree?». Teresa, que es trabajadora, correcta y aplicada, y Leocadia tratándola como si fuera un trapo. Le ha faltado poco para ahogarla con tanta exigencia. Ay, Leocadia… qué complejo de clase arrastras, hija. Que si las natillas son vulgares, que si el pudin inglés, que si mejor una cosa, que si peor la otra… Mírate un poquito esos aires porque vaya tela.
Y luego la pobre Teresa, apurada por lo de la blusa de Petra, que parecía que estaba pidiendo perdón por existir. No sabe dónde se ha metido convirtiéndose en ama de llaves en La Promesa. Y eso que todavía no ha visto lo peor.
Pero bueno, antes de seguir, ya sabéis quién os habla: Juan, vuestro 100 fuegos, el auténtico, el genuino, el que sabe de lo que habla. Dadle un buen me gusta al vídeo, aseguraos de suscribiros para que esta comunidad siga creciendo y seamos cada vez más promisers y más clippers. Y recordad también que tenéis disponible Postbelum, mi novela de época ambientada en la España de los años 20, un thriller apasionado que os va a enganchar. Si ya la habéis leído y os ha gustado, dejadme esas cinco estrellas en Amazon con un comentario bonito, que ayudan muchísimo.
Volvamos al capítulo. Uno de los primeros detalles que quería comentar es la partida de póker en la sala de fumadores de la biblioteca. Qué grupo tan peculiar: Leocadia, Lorenzo, Ángela y Alonso. Yo entiendo a Leocadia jugando con Alonso o con Lorenzo; y Ángela con ellos también, si me apuras. Pero juntarlos a los cuatro… ¿quién tuvo esa idea? Me habría encantado ver el momento en que alguien propone: «¿Jugamos al póker los cuatro?». Y Ángela con esa cara de querer huir, de preferir estar en cualquier otro sitio, incluso en una habitación cerrada con llave —que es básicamente lo que le toca a Lorenzo en este capítulo o en el siguiente—.
Mientras tanto, Lorenzo y Leocadia dándose lecciones de estrategia y de cómo ganar, y Alonso y Ángela con cara de «¿pero qué hacemos aquí?». Ay, Alonso… qué racha lleva. Parecía que había tenido unos instantes de lucidez cuando aconsejó a Manuel hace unos capítulos, pero nada, fue un espejismo. Ahora está otra vez a la deriva.
Luego tenemos también esa escena en el jardín, en la que Ángela dice que prefiere marcharse antes que quedarse a afrontar la boda. Y yo pensando: niña, oportunidades no te han faltado para irte de La Promesa, pero siempre acabas volviendo. Ese metaverso atrapa a todo el que entra. Por eso digo yo que cuando Ángela y Lorenzo se casen —si es que llegan a casarse— seguro que seguirán viviendo allí, no en el Palacio de la Pardina. Que viene Margarita con un hijo: pues a vivir en La Promesa. Que se casan Jacobo y Martina: también en La Promesa. Que un hijo de Leocadia se casa: adivinad dónde va a vivir. Hasta el repartidor del colmado como se case seguro que se queda por allí. El único que se casó y se fue fue Rómulo. Y ya está.
Volviendo al capítulo, quiero rematar con la escena que más me ha gustado: el cara a cara entre Curro y Lorenzo al final. Lorenzo llega buscando estar en la sala de fumadores, pero Curro está allí trabajando. Y de verdad, es que estos dos cuando se juntan sacan fuego de la pantalla. Lorenzo tiene siempre unos diálogos afiladísimos, cargados de ironía y mala baba. Y hoy se ha lucido. Que si Curro nunca ha valido para nada, que si no sirve como criado ni como señorito, que si ni estudió ni sirvió en el ejército… Vamos, que lo machaca a base de bien. Y claro, Curro salta. Pero es que la química entre los actores, entre Shavilock y Guillermo Serrano, es espectacular.

Y fijaos lo que os digo: viendo esta escena, me dio nostalgia de aquella etapa fugaz en la que Curro creía que Lorenzo era su padre, y Lorenzo lo mismo. Porque aunque la relación entre esos personajes sea tóxica, dolorosa y de todo menos sana, narrativamente es oro puro. Hay drama, hay intensidad, hay conflicto y emoción. Mientras que Alonso como padre de Curro… pues sinceramente no aporta gran cosa. Apenas comparten escenas, y cuando lo hacen no hay nada que te recuerde que se supone que ese vínculo es importante. Alonso nunca se interesa realmente por Curro. Esa relación está muertísima. En cambio, la de Lorenzo y Curro tenía muchísimo jugo, y todavía hoy cada conversación suya demuestra que habría sido más rica para la historia que hubiesen mantenido ese parentesco.
Y ya que estamos, aprovecho para recordar algo que mucha gente pregunta: ¿por qué Curro llama madre a Eugenia y no a Dolores? Pues porque Eugenia fue la mujer que lo crió. Dolores murió cuando él era un bebé. Él no tiene recuerdo de ella. Para Curro, Dolores es una figura trágica, una víctima, la doncella y madre de Jana, pero no la mujer que lo educó. Su madre es Eugenia, y eso pesa más que la sangre.
Pero bueno, volvamos al presente. Curro le ha endiñado un golpe tremendo a Lorenzo dejándolo inconsciente y comienza lo que parece el secuestro de Lorenzo. A ver cómo se desarrolla este arco. Yo lo dejo aquí; contadme abajo en comentarios qué os ha parecido a vosotros el capítulo. Y ya sabéis: dejad un buen me gusta, suscribíos si no lo estáis, y recordad que aquí tenéis el mejor contenido sobre La Promesa: veraz, entretenido y hecho con cariño.
Y si os quedáis con ganas de más historias de época, Postbelum os espera en Amazon. Una novela ambientada en 1920, con un vocabulario muy de la época, personajes intensos, secretos de guerra y una villana de las que dejan huella. Tenéis los enlaces en la descripción y en el comentario fijado.
Nos vemos mañana con más vídeos.