LA PROMESA Miércoles 26 de Noviembre a las 18:45 Avance capítulo 724 || Serie TVE
Hola, ¿qué tal? Soy tu Gustav…
Hola, ¿cómo vas? Aquí está tu Gustav de siempre, regresando para contarte otra de esas historias de La Promesa que no se pueden dejar pasar. Hoy vengo dispuesto a hablarte del capítulo 724, el que llegará el jueves 26 de noviembre y que, te lo adelanto ya, marcará un antes y un después. Porque esta entrega nos mostrará la noche exacta en la que Curro dejó atrás cualquier posibilidad de retorno. El episodio en el que la serie abandona su apariencia de ficción de época y se adentra de lleno en un thriller psicológico de esos que se te meten en la cabeza y te persiguen durante días.
Por primera vez, todo el capítulo se desarrolla en un único escenario: la habitación secreta. Ese espacio oculto donde se susurran los misterios más peligrosos y donde las verdades no se dicen… se arrancan a gritos. Allí, encerrado entre muros sin testigos, Curro cruza una línea que llevaba demasiado tiempo dibujándose. La venganza —esa palabra que hasta ahora era solo una sombra— toma forma.
Porque Curro no se limita simplemente a secuestrar al capitán Lorenzo, no. Da un paso mucho más radical y perturbador. Lo encadena en ese mismo lugar donde él mismo sintió morir su infancia, donde perdió su dignidad y donde quedó enterrada la vida que podría haber sido. Frente a ese verdugo que lo marcó para siempre, Curro abre por fin aquello que ha guardado bajo llave desde la muerte de Jana:
“Tú mataste a mi hermana. Tú destruiste la mente de mi madre. Y tú te serviste de Ángela para seguir torturándome”.

Y claro, ¿cómo responde Lorenzo? Como solo un psicópata de manual podría hacerlo: riéndose. Aunque esté atado, aunque no pueda huir, aunque su vida dependa del muchacho que tiene delante, él sonríe con esa prepotencia escalofriante que lo caracteriza. Le lanza una mirada de desprecio, esa de quien se cree por encima de todo, y prácticamente lo reta: “No finjas ser superior mientras me mantengas atado. Tú y yo somos iguales”. Y en ese instante preciso, Curro explota.
El joven lo agarra por el cuello, lo levanta y le tiembla la voz por la rabia contenida de tantos años. Pero Lorenzo —que ni siquiera en esa posición puede evitar provocar— continúa empujándolo hacia el borde. “Lo que quieres es que confiese para poder librarte de mí, pero no lo vas a conseguir”, le escupe con arrogancia. Curro, fuera de sí, golpea la pared una y otra vez, dejando que la furia infantil, la frustración adolescente y el dolor adulto estallen al fin en sus nudillos. Y cuando parece que va a perderse por completo, sucede lo que nadie esperaba.
Lorenzo juega su carta más peligrosa: la psicológica.
Empieza a recordarle momentos de cuando Curro era pequeño. Le habla de cuando lo sentaba a su mesa, de cuando lo llevaba de la mano por la calle, de ese padre ilusorio en el que él creyó durante tanto tiempo. Es solo un instante, pero la mirada de Curro titubea. Porque no hay heridas que duelan más que las que provienen de quien debió protegerte y te destruyó desde dentro.
Pero Curro no está dispuesto a volver a caer en esa trampa emocional. Respira hondo, aprieta los dientes con rabia, se limpia las lágrimas como quien se arranca una espina infectada, y esta vez apunta al capitán con una pistola. Sin temblores. Sin dudas.
Ahora sí, Lorenzo siente el aliento de la muerte detrás del cuello. Y aun así, en un último ataque venenoso, pronuncia lo que le queda por dentro: “Te detesto, Curro Expósito”. Esa frase, tan sencilla como cruel, es lo que desencadena el momento decisivo. Curro coloca su dedo en el gatillo. Está preparado. Lorenzo lo mira con un gesto helado, como quien va camino del matadero convencido de que el muchacho no tendrá el valor de disparar.
Pero justo cuando la tensión alcanza su límite absoluto, ocurre el giro que cambiará todo. La puerta de la habitación secreta se abre con un golpe seco. Se escucha un jadeo, un hilo de respiración quebrada… y aparece Ángela. Sus ojos no pueden estar más abiertos, su alma parece haberse quedado suspendida en la garganta.
Ella observa la escena:
El capitán encadenado,
Curro con la pistola apuntando a matar,
La luz temblorosa del candil iluminando solo lo necesario,
La verdad a punto de estallar como una bomba.
Y claro, ¿qué va a hacer la serie? Pues lo que siempre hace cuando nos tiene completamente atrapados: cortar el capítulo justo ahí. En ese silencio insoportable. En ese “¡Curro, qué has hecho!” que todos gritaremos sin poder evitarlo. Nos dejarán mordiéndonos las uñas, queriendo saber si finalmente dispara… o si Ángela logra detenerlo. ¿Te imaginas que Curro termina matando al capitán de La Mata? Madre mía, yo me parto con mis propios chistes malos, pero oye… que podría pasar.

Este episodio especial de La Promesa me recuerda mucho a aquella película de hace ya más de veinte años, Tesis, la primera obra de Julio Medem. Un thriller durísimo que dejó a toda una generación temblando. Yo era casi adolescente cuando la vi y todavía la tengo metida en la cabeza. Si no la has visto, apúntala. Es la opera prima de un director que, con apenas 21 años, demostró que el talento verdadero se nota desde el minuto uno.
Pues bien, algo de ese espíritu tiene este capítulo que Televisión Española y Bambú Producciones han preparado para nosotros. Una hora cargada de tensión emocional, heridas abiertas, cuentas pendientes y ese duelo inevitable entre víctima y verdugo. Y en medio de los dos, Ángela, convertida en testigo privilegiada del destino que se decide ante sus ojos.
Te confieso que hace unos meses yo mismo comenté en el canal que el que debía ajustar cuentas con Lorenzo era Curro. Que era lo justo. Que lo necesitábamos como espectadores. Y mira tú por dónde, aquí estamos ahora viendo exactamente lo que deseábamos. ¿Será que los guionistas nos escuchan de vez en cuando? Si es así, ¡bienvenidos sean! Porque nos están dando justo lo que pedimos.
Y mañana, en mi canal principal, te contaré más sobre esta escena y te mostraré unas imágenes exclusivas que tengo preparadas. Si aún no sigues mi canal de WhatsApp, en la descripción de cualquier vídeo tienes el enlace directo, totalmente gratis.
Así que ahí te espero. No me falles.
Soy tu Gustav… y como siempre, te mando un beso bien apretado.