Sueños de Libertad Capítulo 445 (La charla que abrió viejos sentimientos y nuevas dudas)
La charla entre Cristina y Claudia se desarrolla en un ambiente que, en apariencia, podría confundirse con un momento cotidiano entre amigas, pero bajo esa superficie tranquila late una tensión emocional difícil de ignorar. A medida que hablan, quedan al descubierto sentimientos largamente guardados, casi como si de repente se hubiera descorrido una cortina que llevaba años cerrada. Todo se inicia cuando Claudia, todavía atónita por lo que ha escuchado, le pide a Cristina que repita lo que acaba de decirle, incapaz de asimilarlo por completo. Le cuesta creer que Beltrán —esa persona que en otro tiempo tuvo tanto peso en la vida de Cristina— haya aparecido inesperadamente para verla. Para confirmar que no ha entendido mal, Claudia lo menciona con un tono entre incrédulo y juguetón: el famoso Beltrán, el antiguo novio.
Cristina, visiblemente turbada y buscando las palabras adecuadas, admite con suavidad que sí, que Beltrán pasó por su casa. No fue una visita fortuita: llegó deliberadamente para encontrarla y conversar con ella. La aparición fue un auténtico golpe emocional, sobre todo porque él no vive cerca. En realidad, se encontraba por trabajo en Córdoba y, llevado por un impulso repentino, tomó un desvío hasta Toledo solo para verla.
Claudia, siempre curiosa y protectora, no tarda en preguntar qué asunto lo había llevado hasta allí con semejante urgencia. La respuesta de Cristina es aún más desconcertante: Beltrán le confesó que había hablado con su prometida para pedirle que retrasaran la boda. Esa revelación funciona como una chispa que enciende una preocupación latente, dejando a Cristina llena de interrogantes que no sabe cómo ordenar.
La reacción de Claudia es inmediata. Comenta en voz alta lo que cualquiera pensaría en su lugar: si un hombre a punto de casarse decide aplazar el enlace y, además, aparece sin previo aviso en la casa de una mujer con la que tuvo un vínculo muy profundo, es porque algo se remueve dentro de él. Sin embargo, Cristina se apresura a negar esa interpretación. Explica que, aunque en un primer instante pensó lo mismo, después comprendió que la situación podría no tener un trasfondo romántico. Considera que Beltrán estaba abrumado y que simplemente buscaba a alguien que pudiera escucharlo sin juzgarlo, alguien con quien siempre se sintió seguro.

Claudia la observa con una mezcla de comprensión y duda. Le pregunta con delicadeza si realmente cree que en Beltrán no hay intenciones ocultas. Cristina asegura que lo percibió vulnerable y sincero, sin rastro de doble juego. En su opinión, lo que pesa sobre él no es la boda en sí, sino aquello que simboliza: el compromiso definitivo, las expectativas sociales, la idea de un futuro que quizá no ha tenido tiempo de asimilar. Cristina, que lo conoce mejor que nadie, explica que aunque Beltrán siempre habló de casarse, ahora que el momento se acerca se siente superado.
Claudia, aun escuchándola con atención, insiste en que no puede descartarse que haya sentimientos aún vivos. Le señala que alguien con dudas tan profundas quizá no esté tan seguro de la vida que está a punto de iniciar. Pero Cristina se aferra a una postura prudente. No quiere hacerse ilusiones ni sacar conclusiones precipitadas. Confiesa que, durante la visita, sí notó nostalgia en su mirada, una ternura que la conmovió, pero se repite que eso no necesariamente significa que quiera retomar lo que un día tuvieron.
Aun así, Claudia ve más allá de las palabras de su amiga. Conociéndola tan bien, distingue un temblor casi imperceptible en su voz y comprende que la aparición de Beltrán la ha tocado más de lo que está dispuesta a admitir. No es amor lo que queda en ella, pero sí un sentimiento profundo que el tiempo no logró borrar. Claudia sabe también que Cristina tiende a encerrar sus emociones para evitar conflictos. Por eso, con cuidado, la invita a reconocer lo que realmente siente, recordándole que no siempre toca ser la persona sensata.
Cristina, sin embargo, se mantiene firme. Dice que no desea malinterpretar la situación ni permitir que sus propios recuerdos la confundan. Explica que su historia con Beltrán nunca llegó a consolidarse plenamente, que siempre se quedó a las puertas de algo que pudo haber sido y no fue. Cada uno siguió caminos distintos, y aunque el cariño existía, nunca dieron el paso definitivo. Por eso piensa que él la buscó ahora: porque representa una alternativa que tuvo que renunciar hace años, una vida distinta que reaparece justo cuando él duda de la que está por iniciar.
Claudia intenta poner los pies de su amiga en la tierra. Le advierte que el periodo previo a una boda suele estar cargado de ansiedad, y que muchas personas, confundidas, buscan consuelo en lugares que les resultan familiares. Teme que Cristina termine convertida en una válvula de escape temporal. Cristina reconoce la sensatez del comentario y promete protegerse; insiste en que no se dejará llevar ni se verá envuelta en algo que pueda hacerle daño.

A continuación, Cristina detalla cómo fue la conversación con Beltrán. Lo recuerda visiblemente tenso, con la mirada cansada y el ánimo quebrado. Hablar de su prometida parecía incomodarlo, no por falta de respeto, sino por una desconexión emocional evidente. Los preparativos del enlace, lejos de entusiasmarlo, le provocaban una sensación de peso insoportable. En varios instantes se le quebró la voz, como si la presión lo estuviera sofocando.
Cristina admite que hubo un momento en que sintió un impulso profundo de abrazarlo, de ofrecerle consuelo, pero se contuvo para no confundirlo ni confundirse a sí misma. Está convencida de que él debe resolver sus dudas con honestidad, sin apoyarse en ella como muleta emocional. No quiere involucrarse en una dinámica que la convierta en una pieza de repuesto en medio de un conflicto ajeno.
Claudia percibe todo esto y comprende que, aunque Cristina trata de mantenerse firme, hay una parte de ella que aún no está tranquila. Ese vínculo emocional que nunca llegó a cerrarse del todo vuelve a latir, aunque sea débilmente. Por eso le aconseja que mantenga distancia hasta que Beltrán resuelva su situación. Puede escucharlo, sí, pero sin comprometer su estabilidad emocional.
Cristina asiente, agradecida. Sabe que Claudia tiene razón: lo más importante ahora es no quedar atrapada en un triángulo emocional que solo podría traerle dolor.