Sueños de Libertad Capítulo 444 (El viaje secreto de Andrés revela la verdad detrás de Gabriel)
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Prepárense, porque hoy traemos un adelanto cargado de revelaciones que no dejarán indiferente a nadie. Comenzamos con una noticia que obliga a mirar más allá de las apariencias: Andrés ha optado por abandonar la casa familiar. Sin embargo, es fundamental aclarar que su partida no se debe a un disgusto momentáneo ni a una pelea sin importancia, como muchos en su hogar se han apresurado a imaginar. Nada que ver.La realidad es que Andrés se ha marchado siguiendo una pista crucial que podría conducirlo a descubrir la verdadera historia que Gabriel, su primo, ha guardado con un hermetismo casi enfermizo durante años. Aunque todos creen que Andrés intenta escapar de sus propios conflictos, él está llevando a cabo un viaje silencioso cuyo objetivo es sacar a la luz una verdad capaz de sacudir los cimientos mismos de la familia Reina.
Mientras tanto, la escena vuelve a situarse dentro de la majestuosa mansión de los Reina. María llega acompañada de Manuela. Esta última le anuncia que el andador que ella había solicitado ya está preparado. Manuela, preocupada por la evidente fatiga del viaje, le aconseja que descanse un poco antes de iniciar cualquier actividad física. Para ella, sería prudente esperar y recuperar algo de energía.
Pero María no está dispuesta a perder ni un solo minuto. Su determinación es absoluta. Asegura que cada instante que pasa sin entrenar es un paso más lejos de recuperar la movilidad que tanto desea. Al ver que es inútil intentar convencerla de lo contrario, Manuela opta por apoyarla con suavidad y respeto. La ayuda a colocarse en posición y le acerca el andador para que pueda comenzar con sus ejercicios.
Apenas María da sus primeros pasos —débiles, dolorosos, pero valientes— hace una promesa que resuena con fuerza: afirma que dejará esa silla de ruedas para siempre. Con verdadera rabia acumulada, dice que demostrará a su marido que es una mujer capaz y fuerte, que no va a permitir que la sigan tratando como un objeto que se puede dejar olvidado en un rincón. Su voz refleja toda la frustración que ha soportado, especialmente por la obsesión que Andrés ha mostrado hacia su cuñada.

Manuela, intentando aportar un poco de consuelo, sugiere que quizá Andrés se fue para alejarse de ese sentimiento tóxico y encontrar claridad lejos de la casa. Tal vez así reconozca el verdadero valor de María. Pero María no recibe esas palabras como un alivio. Molesta y herida, pregunta cómo puede Manuela defenderlo cuando él ni siquiera ha tenido el gesto mínimo de llamar para informar que está bien o para explicar dónde está.
En medio de la tensión, llega Damián. El patriarca, al ver el esfuerzo de María por mantenerse firme, le dice que le alegra verla luchando por recuperarse. Ella, agotada tanto física como emocionalmente, le responde con frialdad que eso es lo único que le queda: luchar por volver a caminar, especialmente ahora que su hijo ha desaparecido sin darle razones. Su voz refleja un sentimiento profundo de abandono.
Antes de marcharse, Damián intenta infundirle tranquilidad asegurando que Andrés regresará. María, incrédula, pregunta qué le hace pensar eso. Con solemnidad, Damián afirma que Andrés es un Reina, su hijo, y que jamás se marcharía para siempre sin enfrentar las consecuencias.
Pero María decide enfrentarlo con la verdad. Le recuerda que ya no tiene el control de la familia como antes. Su propio hijo se fue sin despedirse, y su sobrino contrajo matrimonio sin siquiera informarle. Estas palabras hieren profundamente el orgullo de Damián. Él, dolido, le pregunta si está insinuando que ya no tiene autoridad en su propia casa. María, sin perder la calma pero sin suavizar su mensaje, afirma que solo está diciendo lo que es evidente.
Tocado en su ego, Damián responde con un comentario cruel: asegura que si Andrés se fue es porque María no ha sabido hacerlo feliz. Después de lanzar ese golpe emocional, se retira, dejando a María sin posibilidad de defenderse y sumida en un dolor aún más profundo.
Manuela, preocupada por el estado en el que queda la señora, le ruega que deje los ejercicios para más tarde, pero María se niega rotundamente. Aferrada al andador, dice que puede hacerlo por sí sola. Está decidida a demostrar que nadie la va a destruir.
Mientras tanto, lejos del ambiente cargado de la mansión en Toledo, la historia se traslada a un escenario completamente distinto. Andrés llega a un lugar conocido como la Residencia Los Almendros. Se detiene un momento frente al edificio, respira hondo para darse valor y entra con paso decidido.
Se acerca a una enfermera para preguntar por una residente en particular: la señora Delia Márquez. Después de revisar los registros, la profesional le señala a una mujer mayor sentada sola en el jardín interior del establecimiento.
Mientras Andrés camina hacia ella, recuerda la conversación telefónica que mantuvo días atrás con un detective privado. El investigador le contó que no fue complicado seguir la pista de las personas relacionadas con Gabriel en Tenerife: revisaron amistades, compañeros de trabajo y conocidos. Pero lo verdaderamente sorprendente fue descubrir la existencia de un familiar directo.
Andrés no entendía cómo era posible, ya que siempre creyó que los padres de Gabriel habían muerto hace muchos años. Fue entonces cuando el detective soltó la revelación que lo dejó sin palabras: la madre de Gabriel sigue viva. Explicó que no fue fácil hallarla, pero lograron hacerlo al seguir un pago mensual que Gabriel realizaba sin falta desde su cuenta bancaria. Ese dinero se destinaba precisamente a la Residencia Los Almendros, en La Laguna.
Con toda esta información rondando en su mente, Andrés se acerca a la anciana. Suavemente pronuncia: “Señora Márquez.” La mujer levanta la mirada, confundida, y le pregunta si lo conoce, disculpándose por su mala memoria. Andrés, para no alterarla ni intimidarla, inventa una identidad y dice llamarse Enrique Villa, asegurándole que es un buen amigo de Gabriel.
Al escuchar el nombre de su hijo, la anciana queda completamente inmóvil. Su expresión se transforma, su respiración cambia y se sumerge en un silencio que revela más que cualquier palabra. Andrés entiende de inmediato que ha tocado una herida profunda y que esta conversación puede ser decisiva para desvelar todo lo que Gabriel ha mantenido oculto durante tanto tiempo.