Sueños de Libertad Capítulo 446 (Decidí dejar mi pasado tóxico por un futuro lleno de amor)

En el acogedor y resguardado espacio de su taller 

En el cálido taller, impregnado del aroma de esencias y cremas recién elaboradas, Luz y Begoña compartían una conversación cargada de intimidad y confidencias. La atmósfera estaba teñida de una mezcla de nostalgia, tensión y liberación emocional. Luz notó de inmediato la sombra en la mirada de Begoña, un reflejo de recuerdos dolorosos que aún la perseguían.

Con voz casi rota por la sinceridad, Begoña confesó un hecho que pesaba en su corazón: Andrés había intentado impedir que se casara con Gabriel. No era un reproche, sino un susurro que resonó con fuerza en el silencio del taller, como si cada palabra fuera un golpe que rompía la tranquilidad del momento. Luz, sorprendida, no pudo evitar expresar su asombro y preocupación con un espontáneo “madre mía”, encapsulando tanto su incredulidad como su solidaridad.

Begoña trató de suavizar su confesión, explicando que su reacción había sido intensa y poco habitual, pero de inmediato reafirmó su convicción: no podía seguir soportando los celos y la negativa de Andrés a aceptar que ella había encontrado su felicidad. Relató cómo Andrés se había convertido en un obstáculo constante, alguien incapaz de liberarse del pasado y aceptar la vida que Begoña estaba construyendo con amor y dedicación. Luz escuchaba con empatía, reconociendo la frustración de su amiga y validando sus emociones con palabras de comprensión.

El vínculo entre ambas se fortaleció cuando Luz admitió que siempre había sospechado que esa presión de Andrés había motivado la decisión de Begoña de adelantar su boda con Gabriel. Begoña confirmó que así había sido; Andrés no se detendría por sí mismo y no podía soportar la idea de verla feliz con otra persona. Fue un momento de claridad dolorosa: el amor de Gabriel había traído luz y estabilidad a su vida, pero los fantasmas del pasado aún amenazaban con oscurecer su presente.

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Luz, con cuidado y cariño, formuló la pregunta que flotaba en el aire: ¿te arrepientes de haberte casado? Begoña respondió de inmediato, con pasión y convicción, que no. Gabriel representaba para ella un amor genuino, estable y lleno de esperanza. Su futuro con él, y con el bebé que pronto tendrían, era motivo de alegría y orgullo. Cada palabra de Begoña reflejaba su gratitud y la certeza de que había tomado la decisión correcta, dejando claro que su felicidad no podía ni debía verse eclipsada por resentimientos pasados.

La conversación continuó profundizando en la necesidad de poner límites respecto a Andrés. Begoña reconoció la confusión y el dolor que aún sentía por él, pero Luz fue tajante: no tenía que justificar sus decisiones ni sacrificar su bienestar por la culpa o el miedo. Su amiga debía proteger su vida, su amor por Gabriel y su futuro como madre y pareja. Andrés debía asumir las consecuencias de su inmadurez y posesividad; no era responsabilidad de Begoña soportar su proceso emocional.

Respirando hondo y asimilando las palabras de Luz, Begoña aceptó finalmente que era hora de olvidar a Andrés y seguir adelante sin mirar atrás. La aceptación no fue inmediata ni fácil, pero marcó un punto de inflexión: estaba eligiendo conscientemente su felicidad y su futuro, dejando atrás la nostalgia dañina que la había limitado por tanto tiempo. Luz, con humor y cariño, suavizó la tensión, alentando a Begoña a dar el primer paso hacia la liberación emocional.

Justo cuando la conversación alcanzaba un momento de calma y liberación, Luz compartió una noticia inesperada: habían recibido una llamada de Velenova Farma. Luis, un conocido con contactos en la empresa, les había recomendado la crema que ambas habían desarrollado, y la compañía estaba interesada en concertar una entrevista. La reacción de Begoña fue euforia pura: era un reconocimiento al esfuerzo y la dedicación invertidos en su proyecto, una oportunidad que representaba esperanza y validación profesional.

Sin embargo, Luz permaneció seria y reflexiva. Propuso que Luis las acompañara a la entrevista, no por desconfianza, sino como una estrategia para asegurar que fueran tomadas en serio. La idea sorprendió y desagradó a Begoña al principio: recurrir a un hombre para abrir puertas en el mundo empresarial parecía injusto y frustrante. No obstante, comprendió la lógica de Luz; la presencia de Luis podría garantizar que su talento y esfuerzo fueran reconocidos sin prejuicios.

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Además, Luz pidió a Begoña que se asegurara de saludar a Luis y aclarar que no guardaba rencor por los roces previos. La idea era suavizar tensiones y evitar malentendidos, asegurando que su profesionalismo y dedicación fueran lo que destacara en la entrevista. La noticia de la visita de la señora Lesmes, conocida por su exigencia, las hizo volver al enfoque inmediato: el día sería largo y lleno de retos, pero su proyecto estaba más vivo que nunca.

La conversación pasó de la carga emocional del pasado a la esperanza y la determinación presente. Begoña estaba construyendo una vida nueva con Gabriel, llena de amor, familia y proyectos, mientras Luz buscaba abrirse camino en un mundo laboral que a menudo juzgaba por género más que por talento. La noticia de Velenova Farma era un bálsamo, un símbolo de que su esfuerzo no había sido en vano, y a la vez un recordatorio de la necesidad de estrategias inteligentes para superar obstáculos.

Begoña aceptó la propuesta de Luz, entendiendo que era una decisión pragmática y no un acto de sumisión. Además, reafirmó su deseo de mantener buenas relaciones con Luis y transmitir gratitud y cordialidad. La escena cerró con ambas mujeres preparándose para continuar su jornada laboral, unidas por la amistad, la confianza y la valentía que las había sostenido en momentos difíciles.

El taller, pequeño pero lleno de esperanza, se convirtió en un espacio de empoderamiento, de sueños compartidos y de resiliencia. Ambas mujeres sabían que la lucha no había terminado, pero también que juntas eran invencibles. Begoña, liberada de la carga emocional de Andrés, y Luz, decidida a abrir puertas en su mundo profesional, respiraron hondo y se acomodaron en sus puestos, listas para enfrentar los desafíos que les esperaban. La escena concluyó con un sentido de cierre y de comienzo simultáneo: un capítulo de superación personal, amistad inquebrantable y proyectos que prometen un futuro lleno de luz y posibilidades.