LA PROMESA – Lorenzo confiesa los crímenes de Leocadia delante de Alonso después de ser encontrado
En los próximos capítulos de La Promesa, la tensión alcanzará niveles insospechados. Lorenzo, atrapado en su propia red de mentiras y crímenes, finalmente se verá acorralado y no tendrá otra salida que confesarlo todo a Curro. Cada secreto, cada engaño y cada traición que había escondido durante años saldrá a la luz. Y entre las revelaciones más impactantes estará la verdad sobre Leocadia: ella será señalada como la verdadera responsable del disparo que acabó con la vida de Hann. Pero ni Lorenzo ni Curro podrían anticipar que, detrás de la puerta de la habitación secreta, Alonso y varios habitantes del palacio estarán escuchando cada palabra, lo que desencadenará un giro sin precedentes en la serie.
Los días en aquella habitación escondida se arrastrarán como un peso insoportable. El aire será denso, cargado de humedad, de miedo y de silencio. Curro descenderá todas las madrugadas por el pasaje secreto con la lámpara en mano, la mirada fija en Lorenzo, sin apartarla ni un instante del hombre que arruinó su vida. Lorenzo, encerrado y expuesto, comenzará a perder la arrogancia que siempre lo sostuvo. El hambre, la sed, el frío y la fatiga irán desgarrando cada capa de soberbia hasta dejar al capitán reducido a lo que siempre fue en el fondo: un hombre peligroso, pero cobarde y vulnerable.
Curro no tendrá prisa. Su método será minucioso, cruel y psicológico. Entrará, colocará la lámpara sobre la mesa y se mantendrá en silencio durante segundos que parecerán eternos, antes de pronunciar palabras lo suficientemente duras como para abrir heridas más profundas que las cadenas que atan a Lorenzo. Día tras día, humillará al capitán recordándole cada mal que cometió, cada dolor infligido, cada vida destrozada. La rutina será inmutable: siempre la misma hora, la misma lámpara, la misma voz firme y amenazante, mientras la resistencia de Lorenzo se va quebrando poco a poco.

Al principio, Lorenzo intentará resistir. Negará tener algo que confesar, lanzará insultos, buscará manipular y provocará cualquier tipo de reacción. Sin embargo, con cada amanecer, su voz se debilitará, su arrogancia se desmoronará y la verdad comenzará a filtrarse. Finalmente llegará la noche que Curro tanto aguardaba. Será una madrugada silenciosa, fría, donde el aire del túnel se sentirá más pesado que nunca. Curro abrirá la puerta despacio y encontrará a Lorenzo con la cabeza baja, respirando irregularmente, como si una derrota profunda y definitiva se hubiera abatido sobre él. Curro se acercará sin titubear y dirá con firmeza: “Se acabó, Lorenzo. Hoy vas a hablar”.
Lorenzo levantará la cabeza lentamente, como si cada movimiento le costara un mundo. Sus ojos, opacos y cansados, reflejarán el peso de sus crímenes, y su voz saldrá ronca y quebrada: “Está bien… está bien, hablaré.” Aquella frase resonará en la habitación con un eco que parecerá un trueno. Curro sentirá un escalofrío recorrer su espalda; había soñado con este momento durante años. Lorenzo cerrará los ojos, inspirará profundamente y comenzará a confesar todo. Cada crimen, cada alianza turbia, cada plan malévolo ejecutado entre las sombras del palacio saldrá a la luz. Revelará la verdad sobre Hann y la implicación de Leocadia, mostrando cómo ella manipuló, saboteó y orquestó la muerte de su hermana para ocupar el lugar de Cruz y acercarse a Alonso. La confesión, aunque no detallada minuciosamente, cargará con el peso de años de dolor y traición.
Curro escuchará en silencio, con el pecho apretado y la lámpara temblando ligeramente sobre la mesa. Sus ojos arderán mientras absorbe cada palabra y cada mentira revelada. Cuando Lorenzo termine y el eco de su confesión desaparezca en la habitación, Curro permanecerá inmóvil, respirando con dificultad, intentando sostener su propio cuerpo frente a la avalancha de emociones. Finalmente, con la voz entrecortada por la rabia y el dolor, dirá: “Eres un monstruo.” Se apoyará en la pared fría y se dejará deslizar hasta sentarse en el suelo, cubriendo su rostro con las manos mientras las lágrimas caen implacables. La lámpara dorada iluminará su sufrimiento, reflejando la intensidad de la pérdida y la traición que sufrió toda su vida.
“¿Cómo pude llamarte padre? ¿Cómo pude creerte? ¿Cómo pude pensar que alguna vez me amaste?”, murmurará, mientras Lorenzo lo observa en absoluto silencio, sin sarcasmo ni manipulación. Por primera vez, no habrá respuesta, no habrá arrogancia; solo la contemplación de la destrucción emocional que él mismo provocó. Curro levantará lentamente la cabeza, mirando al vacío, y susurrará: “Hann, mi hermana… no merecías nada de esto. Lo destruyó todo. Su vida… tu vida… nuestra familia… destruida.” Cada palabra llevará un peso insoportable, mientras Lorenzo comienza a sentir, por primera vez, un atisbo de arrepentimiento silencioso. No lo admitirá verbalmente, pero el sentimiento lo recorrerá desde lo más profundo de su ser.

Curro se levantará sin mirar a Lorenzo y dirá: “Te quedarás aquí hasta que yo decida qué hacer contigo.” Tomará la lámpara y se acercará a la puerta, agregando: “Espero que pienses, pienses mucho sobre todo lo que me quitaste.” Al salir y cerrar la puerta con llave, Lorenzo quedará solo en la oscuridad, enfrentando su arrepentimiento por primera vez, mientras Curro mantiene la rutina implacable, descendiendo cada madrugada, siempre con la misma determinación, siempre con la misión de justicia y honor, por Hann, por Dolores, por Eugenia y por sí mismo.
Mientras Curro se concentra en su misión, el resto del palacio comenzará a notar la ausencia de Lorenzo. Susurros, preguntas discretas y miradas inquietas recorrerán los pasillos, y Alonso será quien primero perciba que algo grave sucede. El marqués comenzará a seguir sus instintos, y será en una de esas madrugadas cuando descubra a Curro atravesando el pasaje secreto con la lámpara apagada, avanzando de manera tensa. Impulsado por la intuición, empujará la pared falsa y sentirá el aire frío del túnel. Desde allí escuchará toda la conversación y la confesión de Lorenzo, quedando completamente impactado.
Finalmente, Alonso tomará acción: llamará a dos sargentos y los guiará hacia el pasaje secreto. Cuando entren, Curro, preparado para defender su secreto, se encontrará con Alonso y los soldados. Lorenzo será levantado, encadenado y retirado del escondite. Su expresión reflejará sorpresa y desesperación: por primera vez en su vida, enfrentará las consecuencias de sus crímenes y la justicia que siempre había eludido. Alonso mantendrá la calma, aunque el corazón le lata con fuerza; Curro habrá cumplido su misión, mientras el palacio será testigo de un momento histórico: Lorenzo finalmente es arrestado, y el poder y la determinación de Curro emergen como nunca antes.
La reacción de Leocadia será inmediata: al enterarse de la detención de Lorenzo, entrará en pánico, buscando desesperadamente esconder sus pertenencias, pero comprenderá que no habrá salida para ella. La tensión, el miedo y la certeza de que sus planes se desmoronan marcarán el cierre de este arco, mientras el palacio comienza a asimilar un capítulo que cambiará la historia de La Promesa para siempre.