Avance Sueños de Libertad, capítulo 442: Andrés corre para impedir la boda secreta
Andrés hará lo imposible para frenar la boda de Begoña y Gabriel – Avance Sueños de Libertad, capítulo 442 (21 de noviembre)
La colonia amaneció con un cielo pálido, como si dudara entre la calma y la tormenta. Un viento ligero recorría las calles empedradas, levantando polvo que parecía presagiar un cambio inminente, aunque nadie aún podía nombrarlo. Era uno de esos días en los que el tiempo se sentía más denso, avanzando con una lentitud inquietante, como si supiera que algo trascendental estaba a punto de ocurrir.
En un pequeño despacho en construcción, Joaquín se inclinaba para clavar la última punta en el rodapié. Con la camisa remangada y las manos cubiertas de polvo, suspiró mientras inspeccionaba el lugar. “De momento parece un trastero, pero llegaremos a algo digno”, murmuró, observando los muebles improvisados y la puerta vieja que hacía de mesa, donde descansaban carpetas, un tintero y un calendario manchado de tinta. A pesar de la desorganización, había un aire de esperanza, de esfuerzo que pronto daría frutos.
Al llamar a la puerta, entraron Luis y Digna. Luis felicitó a Joaquín por su valentía al empezar de cero, mientras Digna, con su acostumbrada mezcla de ternura y firmeza, se ofreció a tomar el puesto de secretaria en el despacho. Su presencia prometía poner orden y equilibrio, aunque a Joaquín le inquietara la idea de responder a su madre por cada cliente. La complicidad entre ellos, formada por años de discusiones y apoyo mutuo, generaba una mezcla de humor y ternura que suavizaba la tensión de un día lleno de cambios.

Mientras tanto, en la plaza de la colonia, Gaspar escuchaba al padre Agustín criticar con vehemencia a Cloe, una francesa que había llegado a la colonia y cuya forma de vestir y de actuar parecía desafiar las normas establecidas. Cloe, con determinación, enfrentó al sacerdote, defendiéndose de sus comentarios y dejando claro que su trabajo y su presencia no eran una amenaza. Con firmeza, explicó que no pediría perdón por existir, y que estaba dispuesta a demostrar que una mujer podía trabajar y destacarse sin renunciar a sí misma.
Más tarde, en la trastienda de los grandes almacenes, Cloe y Marta comenzaron a diseñar juntas los uniformes de las dependientas. Buscaban un equilibrio entre elegancia, modernidad y modestia, evitando provocar incomodidad a los clientes ni renunciar al estilo que representaba la identidad de Cloe. La colaboración entre ambas fue más que profesional: era un pacto silencioso que unía mundos distintos, construyendo algo nuevo con creatividad, respeto y un toque de diversión compartida.
En otro rincón de la colonia, Begoña caminaba nerviosa hacia la casa de Luz. Con manos temblorosas y un nudo en la garganta, le confesó a su amiga que se casaría con Gabriel en secreto ese mismo día, en la ermita de Santa Luztolde. La boda sería íntima, sin fiesta ni grandes celebraciones, solo con la presencia de Luz, Julia y Tasio como testigos. Begoña explicó que su decisión respondía a la necesidad de recuperar el control sobre su vida y de tomar decisiones sin esperar la aprobación de otros. Luz, comprendiendo la urgencia y la valentía de su amiga, aceptó ser su testigo y escudo en un momento tan delicado.
Mientras tanto, Manuela visitó a Digna para pedirle ayuda con Damián, cuya apatía y desconexión la tenían preocupada. La matriarca se trasladó al despacho de su cuñado y lo enfrentó con firmeza y ternura. Le recordó que no estaba solo y que rendirse no solo lo afectaría a él, sino también a quienes lo amaban. Damián, agotado y abatido por los golpes de la vida, escuchó las palabras de Digna con un hilo de esperanza: quizá aún valía la pena seguir luchando.
En la Casa Cuna, Mari Paz enfrentaba su primer día como cuidadora, lleno de retos y angustias que contrastaban con la imagen idealizada que tenía del trabajo con bebés. Claudia la acompañó, brindándole apoyo y confianza, recordándole que era más fuerte de lo que creía. En medio de la rutina y los secretos personales que ambas guardaban, surgieron momentos de cercanía que combinaban tensión, deseo contenido y lealtad silenciosa, mostrando la complejidad emocional que atravesaba la colonia.
La tarde avanzaba y la hora de la boda secreta se acercaba. En la ermita de Santa Luztolde, don Agustín preparaba el altar mientras Tasio ajustaba su chaqueta, nervioso por el rol de testigo que le había tocado. Gabriel esperaba frente al altar, mezclando ilusión y temor, mientras Luz y Julia observaban desde los bancos, susurrando y pendientes de cada movimiento.
Begoña apareció al fin, de la mano de Luz y Julia, con un vestido sencillo que reflejaba autenticidad más que cualquier encaje ostentoso. Sus manos apenas temblaban, pero sus ojos reflejaban determinación y una mezcla de miedo y esperanza. Gabriel sonrió, conteniendo gratitud y una súplica silenciosa: que ella no se echara atrás.
Mientras todo parecía marchar, Luis irrumpió en la mansión de los De la Reina para advertir a Andrés. Al enterarse de la boda secreta, Andrés sintió un torbellino de emociones: incredulidad, rabia, dolor y un amor reprimido que ya no podía callar. Sin dudar, tomó el abrigo y salió decidido a llegar a la ermita, convencido de que no podía permitir que Begoña se casara sin escuchar lo que siempre había sentido por ella. Su viaje estuvo cargado de tensión y urgencia; cada curva del camino lo acercaba a un momento que podía cambiarlo todo.
En la ermita, don Agustín comenzó la ceremonia y pidió que quien se opusiera al matrimonio hablara. Mientras Gabriel tomaba la mano de Begoña para los votos y compartía palabras sinceras sobre la vida en pareja, la puerta se abrió de golpe. Andrés apareció en el umbral, el cabello revuelto, los ojos encendidos de emoción y desesperación. Su llegada interrumpió la ceremonia y detuvo a todos, generando un silencio tan intenso que parecía absorber el aire.

Andrés no estaba allí para faltar al respeto, sino para exponer su verdad. Confesó su amor a Begoña, revelando que siempre la había amado, aunque de manera cobarde y silenciosa. Prometió no interponerse si ella decidía casarse con Gabriel, pero dejó claro que no podía quedarse callado ni permitir que su corazón permaneciera en la sombra de la duda.
Begoña, atrapada entre dos hombres que representaban distintos caminos para su futuro, sintió cómo la vida le colocaba frente a una decisión imposible. Uno era Gabriel, que ofrecía estabilidad y una nueva vida juntos; el otro, Andrés, que traía consigo la verdad de un amor antiguo y no dicho, lleno de intensidad y riesgo. Con el corazón latiendo con fuerza, cada uno de sus movimientos y palabras se convirtió en un instante decisivo.
La ermita, con sus velas y su luz dorada, fue testigo de un momento cargado de emociones y tensión. Begoña sostuvo el anillo prestado, consciente de que su respuesta definiría el rumbo de tres vidas. La ráfaga de viento que apagó una vela pareció simbolizar la incertidumbre que flotaba en el aire: la elección que haría en ese instante determinaría no solo su futuro, sino el destino de quienes la rodeaban.
Así, el capítulo 442 de Sueños de Libertad se adentra en un torbellino de emociones, decisiones y confesiones, donde los lazos del amor, la lealtad y la valentía se ponen a prueba como nunca antes en la colonia. Andrés hará lo imposible para frenar la boda de Begoña y Gabriel, y todos los presentes sentirán el peso de un momento que promete cambiar sus vidas para siempre.