LA PROMESA – REVELACIÓN: Las CARTAS falsas OCULTAN un SECRETO y Catalina DESAPARECIÓ FORZADA

Durante meses, la familia Luján había vivido en una falsa calma, convencida de que Catalina había elegido apartarse por decisión propia para cuidar de sus gemelos desde la distancia. Las cartas que llegaban periódicamente —detalladas, afectuosas y aparentemente auténticas— habían alimentado esa ilusión. Alonso las guardaba como auténticos tesoros, y Manuel solía leerlas durante las cenas para que todos escucharan las novedades sobre Martina y Jacobo, ambos supuestamente creciendo plácidos bajo la protección de Adriano.
Pero en este capítulo, la verdad irrumpe con una violencia devastadora. Cada mentira será desmantelada, cada engaño quedará expuesto, y la furia de los Luján no tendrá límites. Porque Catalina jamás partió por voluntad propia: fue arrancada de su casa, alejada de sus hijos y confinada como una cautiva. Y quien ordenó este crimen tiene un nombre que todos conocen: Leocadia Figueroa.

Todo comienza de manera aparentemente anodina. Pía ordena la correspondencia acumulada en el despacho del marqués y, al colocar varias cartas de Catalina una junto a la otra, algo le resulta inquietante. Todas presentan el mismo papel, el mismo sello y la misma tinta… pero la caligrafía es demasiado pulcra, demasiado uniforme. Y aunque se asemeja a la letra de Catalina, hay algo en ella que parece artificial, forzado. Ciertas palabras presentan temblores apenas perceptibles, como si quien las escribió hubiese estado bajo presión.

Pía llama entonces a María Fernández, íntima de Catalina. Apenas las ve, María palidece. Catalina siempre añadía un pequeño dibujo de una flor al final de sus cartas personales, un gesto íntimo que no aparece en ninguna de aquellas. La alarma se enciende.
—Pía… estas cartas podrían no ser de ella —susurra María.

La carta de despedida de Catalina

Mientras las dos intentan comprender el alcance de lo que tienen entre manos, Manuel encuentra en la biblioteca una carta antigua escrita sin duda por Catalina. Al compararla con las recientes, la verdad lo golpea sin misericordia: las diferencias en la caligrafía son innegables.
—Estas cartas son falsas —dictamina con la voz quebrada.

La noticia llega a Alonso, quien confirma con horror la impostura.

La investigación comienza sigilosamente. Manuel interroga a Petra Arcos, ex empleada de confianza, quien, tras un ataque de pánico y lágrimas, confiesa que vio a Leocadia practicando durante meses la letra de Catalina hasta imitarla a la perfección. Petra no habló antes porque había sido amenazada de muerte.

La cadena de secretos continúa rompiéndose cuando López Ruiz confiesa que la noche de la supuesta partida vio un carruaje desconocido saliendo por los fondos del palacio con una mujer dentro gritando por sus bebés. Lorenzo lo intimidó para que guardara silencio.

La verdad se vuelve innegable: Catalina fue secuestrada.

La situación alcanza un nuevo nivel de gravedad cuando Adriano irrumpe en el palacio con los gemelos en brazos, confesando entre lágrimas que él nunca estuvo con Catalina: le entregaron a los bebés con una carta falsificada y lo usaron para sostener la mentira.

Esta semana en "La Promesa": la verdad detrás de las cartas de Catalina y la  amenaza contra Curro

Finalmente, una carta secreta encontrada por María en la habitación de Catalina confirma lo peor: Catalina sabía que corría peligro, que Leocadia la estaba chantajeando y que podría desaparecer contra su voluntad. Rogaba que no confiaran en las cartas.

Lorenzo es arrestado y, ante la determinación implacable de Manuel, termina confesando. Catalina está retenida en un convento remoto en las montañas de Asturias, un encierro disfrazado de retiro espiritual, pagado por Leocadia para silenciarla después de descubrir un desfalco millonario.

Manuel y Curro parten de inmediato. Tras una travesía agotadora, llegan al siniestro convento de Santa María de las Sombras. Después de enfrentarse a la madre superiora, logran que los guíen hasta el subsótano. Allí encuentran a Catalina: demacrada, debilitada, aislada y convencida de que su familia nunca vendría por ella.

Manuel y Curro la rescatan, y tres días después regresan con ella al palacio. Lo que ocurre entonces es un estallido de emoción colectiva: abrazos, lágrimas y la imagen imborrable de Catalina reuniéndose por fin con sus gemelos, quienes la miran con curiosidad antes de reconocerla y sonreír.

Una vez recuperada, Catalina revela toda la verdad: Leocadia desvió grandes sumas de la herencia de Cruz y la amenazó con matar a Martina y Jacobo si hablaba. Con la complicidad de Lorenzo y la madre superiora, la sacaron del palacio drogada y la mantuvieron incomunicada durante meses.

La familia decide que ha llegado el momento de destruir a Leocadia. Entonces Petra, decidida a redimirse y dejar de vivir bajo el miedo, ofrece información clave: conoce el escondite secreto de Leocadia y tiene un plan para atraparla.

Y así comienza la cacería.