La Promesa: Lorenzo y Ángela: la boda que aterra

No te fíes.

!Ese hombre representa un peligro silencioso, de esos que no necesitan levantar la voz para hacerse notar. Basta una mirada, un gesto, una palabra dicha con suficiencia para comprender que, si le das un solo segundo de ventaja, irá a por ti sin dudarlo. Ese capitán conoce las normas sociales mejor que nadie y aun así cruza el umbral de la habitación de Ángela con una seguridad impropia, como quien cree que ya tiene derechos sobre lo que aún no le pertenece. Y cuando pronuncia que no es “cualquier visita”, sino “su futuro marido”, está lanzando un aviso, uno que pesa más que cualquier amenaza abierta.

En La Promesa, las decisiones nunca son sencillas. Algunas parecen sensatas, prudentes, casi necesarias, pero pueden convertirse en un muro que se derrumba sobre quienes las toman. Y ese es exactamente el caso de Curro. Movido por el amor y el miedo de perder a Ángela, tuvo en sus manos la oportunidad definitiva de cambiarlo todo: acabar con Lorenzo de la Mata para siempre. Un instante, un movimiento de dedo sobre el gatillo, una bala que habría cerrado para siempre la puerta del infierno que ahora se abre ante él.

Pero eligió no disparar. Eligió actuar desde la conciencia, desde los valores que lo sostienen, desde el deseo de que Ángela no cargara con la culpa de un asesinato cometido por su causa. Lo hizo por ella, por su paz, por un futuro que imaginaba limpio de sombras. Sin embargo, el destino en La Promesa rara vez recompensa la bondad.

Porque Lorenzo ha vuelto. Y no solo ha regresado al palacio con una cicatriz en la cara, sino también con el odio latiendo bajo la piel. Cada paso que da, cada respiración, cada palabra, parece contener un propósito: hacer sufrir a Curro. Y lo más terrible es que no se conformará con él; también quiere destruir a Ángela, destrozarla por dentro, convertir su vida en un territorio de tortura emocional.

Avance semanal de 'La Promesa' del 29 de septiembre al 3 de octubre: Curro  se queda sin opciones para impedir la boda de Ángela y Lorenzo | Series

Así lo dejó claro en su último enfrentamiento cara a cara con Curro: Ángela pagará las consecuencias. Y no era una amenaza vacía. En el avance más reciente, Lorenzo entra en la habitación de la joven como un depredador que ha marcado ya a su presa, con la mirada llena de posesión, la espalda erguida como si el mundo entero le perteneciera y un gesto que deja claro que piensa reclamarla como un objeto más de su propiedad.

Ángela comienza así un calvario que va mucho más allá del miedo inmediato. Lo que está en juego no es solo su felicidad, ni su libertad, ni la posibilidad de escapar algún día; es algo todavía más profundo: su existencia legal como persona independiente.

Porque conviene recordar cómo era la ley en la España de principios del siglo XX. Antes de la Segunda República, el Código Civil convertía el matrimonio en una jaula jurídica para las mujeres. En cuanto una mujer decía “sí”, dejaba de ser dueña de sí misma. La palabra que la definía a ojos de la ley era devastadora: incapaz.

No podía manejar su dinero.
No podía decidir dónde vivir.
No podía trabajar sin permiso.
No podía disponer de herencias propias.
No podía moverse libremente sin autorización.

Todo eso recaía en el marido, investido con el llamado poder marital: un dominio absoluto sobre su esposa, legitimado y protegido por el propio Estado.

Si Ángela se casa con Lorenzo, él tendrá autoridad para encerrarla en su cuarto, prohibirle ver a Leocadia, impedirle trabajar en el palacio e incluso castigarla por cualquier supuesto “incumplimiento conyugal”. Y lo más inquietante: todo eso sería legal.

Además, el divorcio no existía. La separación no la protegía. Y la violencia doméstica casi nunca era castigada. Para una mujer atrapada en un matrimonio opresivo, la única salida real era que el marido la abandonara… o morir.

Por eso, cuando el capitán le susurra que sufrirá, no habla de un capricho pasajero. Habla de un destino sellado por la ley.

Aquí surge inevitablemente la pregunta que sobrevuela los pasillos del palacio:

¿Cómo reaccionará doña Leocadia si descubre lo que Lorenzo tiene pensado para su hija?

Porque la postiza es muchas cosas: manipuladora, calculadora, serpenteante cuando busca su beneficio. Pero también es una loba cuando tocan a Ángela. Ya lo declaró una vez con una contundencia que heló la sangre de más de uno: “Por mi hija, mato”.

Avance semanal de 'La promesa': Ángela entra en shock, tiene que casarse  con Lorenzo - La promesa

Y si lo descubre, las posibilidades se abren como un abanico envenenado:

1. Leocadia se enfrenta directamente a Lorenzo.
Podría presionarlo, chantajearlo, revelar secretos que solo ella conoce. Sería capaz de colocarlo contra la pared, forzarlo a retroceder o incluso a cometer un error fatal.

2. Leocadia culpa a Curro.
Su odio hacia él es visceral, casi irracional. Podría culparlo por no haber matado a Lorenzo cuando pudo, acusarlo de haber abogado por la compasión en vez de por la protección. Sería capaz de usar esta tragedia para separarlos definitivamente.

3. Leocadia juega a dos caras.
La opción más peligrosa y, tal vez, la más probable. Se mostraría protectora ante Ángela, mientras en secreto daría información clave a Lorenzo para mantener a la joven y a Curro bajo su dominio. Controlar a todos es su especialidad.

Mientras todo esto se teje en la sombra, el palacio entero parece temblar. La tensión se siente en cada salón, en cada escalera, en cada silencio cargado de sospechas. Los criados murmuran, los señores callan, y el aire parece volverse más espeso.

Curro, por su parte, vive atrapado en un tormento doble: teme por Ángela y se culpa a sí mismo por haber permitido que el monstruo siga vivo. No sabe todavía que lo peor está por llegar.

Porque Lorenzo no solo quiere destruir; quiere disfrutar del proceso. Cada gesto suyo, cada pequeño acto de crueldad, cada mirada de superioridad lo muestra más confiado, más dispuesto a usar las leyes y las apariencias a su favor.

Y Ángela… Ángela enfrenta el peor de los destinos: convertirse en prisionera dentro de su propia vida.

Pero nada está escrito definitivamente. El palacio es un tablero de poder donde las alianzas cambian, los secretos se filtran y las traiciones aparecen donde menos se esperan.