Avance “Sueños de libertad”: La precipitada boda de Begoña y Gabriel.
⚠️ Spoiler — Avance “Sueños de libertad”: La precipitada boda de Begoña y Gabriel
SPOILER
La colonia amanece envuelta en un aire extraño, como si presintiera que se acerca un acontecimiento capaz de alterar el rumbo de todos. Lo que nadie imagina es que la noticia más inesperada del día tendrá forma de boda secreta: Begoña y Gabriel deciden casarse sin previo aviso, en un acto apresurado que sacudirá los cimientos de la familia De la Reina. La decisión, tomada casi a escondidas, se extiende por la casa como una onda expansiva que despierta recelos, sospechas y miedos profundos.
La primera en sentir el golpe es la propia Begoña, que lleva días atrapada en una angustia silenciosa. En el dispensario, rodeada por el olor a desinfectante y el eco hueco de sus propios latidos, sostiene entre sus dedos un frasco diminuto cuyo contenido confirma lo que su cuerpo llevaba semanas anunciándole: está embarazada. Aun antes de leer el resultado, su intuición había hablado con claridad; pero ver la prueba marcada la deja sin aliento. El positivo resuena como una sentencia.
Las paredes de azulejos blancos se le cierran encima mientras lucha por no derrumbarse. Su situación es imposible en una España que castiga severamente a las mujeres que se apartan de la norma. No está casada, vive como acogida en la mansión de un patriarca poderoso y, para colmo, su vínculo con Gabriel —el padre del niño— es frágil, ambiguo y lleno de sombras. El pánico la invade como un torrente helado. No sabe cómo enfrentarse a la maternidad en circunstancias tan adversas, ni qué repercusiones sociales y personales deberá afrontar.
En medio de su colapso entra Luz, la doctora y su amiga más cercana. Con una sola mirada comprende lo ocurrido, pero Begoña pide silencio desesperadamente; aún no está preparada para enfrentarse ni siquiera a la compasión. El miedo le atenaza el pecho y la obliga a reconocer algo que lleva reprimiendo desde hace tiempo: su relación con Gabriel no está cimentada sobre la confianza, y mucho menos sobre el amor que ella fingió ver en él aquella noche en que bajó la guardia.

La idea de un embarazo no deseado en esa sociedad despiadada la arrastra a considerar la única salida “respetable”: casarse. Es la única manera de evitar el escándalo, la única forma de protegerse y de proteger al niño que lleva dentro. Sin embargo, esa solución la paraliza aún más. Se siente atrapada entre el deber y el vértigo.
Su confusión se intensifica cuando se cruza con Andrés, el único hombre que ha sido un verdadero consuelo desde la muerte de Jesús. En el jardín, bajo la luz cálida de la tarde, él detecta su angustia y le pide sinceridad. Begoña intenta resistirse, pero termina confesándole, casi en un susurro roto, que está embarazada. La revelación hiere a Andrés de manera brutal: el hijo que él, en sus deseos más callados, había imaginado formar con ella algún día, será de Gabriel.
Aun así, su dolor no eclipsa su instinto protector. Le suplica que no se precipite, que no se case por presión. Pero Begoña siente que ya no tiene elección. El embarazo la encadena a un destino que no ha elegido, y la culpa por involucrar a Andrés en su tormento la deja devastada.
Gabriel, por su parte, percibe la vulnerabilidad de Begoña como una oportunidad estratégica. Desde su llegada a la colonia, ha operado bajo un plan de venganza meticuloso contra Damián De la Reina, y ahora el embarazo se convierte en la pieza que necesitaba para consolidar su ascenso. Sabe que un matrimonio repentino sellaría su integración en la familia y lo acercaría al poder que ansía destruir desde dentro.
Su propuesta de matrimonio no se produce en un gesto íntimo, sino como una maniobra calculada frente a testigos clave. En medio del salón principal, con Damián y la pequeña Julia presentes, Gabriel se arrodilla y lanza una pregunta cargada de presión emocional. Frágil, temblorosa y terriblemente expuesta, Begoña no encuentra escapatoria. Acepta el compromiso, aunque su “sí” suena más a rendición que a alegría.
Desde ese momento, la maquinaria de la boda empieza a girar con una velocidad imparable. El anuncio a la familia descoloca a todos, especialmente a don Agustín, cuyo instinto le dice que hay algo oscuro detrás de tanta prisa. Pero la reacción más intensa proviene de Andrés, que siente cómo la decisión de casarse en secreto confirma sus peores temores: Gabriel no es digno de confianza, y ese matrimonio podría poner en peligro a Begoña.
Decidido a impedirlo, Andrés busca pruebas que revelen la verdadera naturaleza de su primo. Contacta con Enriqueta, la única persona que podría desenmascarar la implicación de Gabriel en sucesos pasados que él mismo está empezando a recordar. Ella confirma que envió una carta clave a la mansión… pero esa carta nunca le llegó. La recibió María, su esposa, quien la oculta deliberadamente para proteger sus propios intereses y su alianza con Gabriel.
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F21a%2F83a%2F953%2F21a83a9533d0e960f0124bd67273f43e.jpg)
Mientras Andrés intenta desesperadamente descubrir la verdad, la situación en la fábrica se vuelve crítica. Una caldera previamente señalada como peligrosa parece al borde del colapso. Lo que nadie sabe —excepto Gabriel y María— es que no se trata de un fallo mecánico, sino de un sabotaje premeditado. El objetivo no es solo dañar la empresa: es eliminar a Andrés, el único capaz de arruinar el plan maestro de Gabriel.
La mañana de la boda, el ambiente está cargado de fatalidad. Begoña avanza hacia el altar como quien camina hacia un destino inevitable. Las paredes de la mansión, decoradas para celebrar una unión, parecen más bien las de una prisión. Mientras Gabriel pronuncia sus votos con una seguridad inquietante, la mente de Begoña se satura de dudas, miedos y sospechas cada vez más concretas.
En ese preciso instante, la fábrica estalla. Una explosión brutal sacude los cimientos de la casa. Los invitados gritan, las copas tintinean y el suelo vibra bajo los pies de todos. Alguien grita el nombre de Andrés. Él estaba allí.
Y en el mismo segundo en que escucha su nombre envuelto en terror, el rompecabezas en la mente de Begoña encaja con una claridad desgarradora: la prisa de la boda, la carta desaparecida, la caldera manipulada… Nada ha sido casualidad. Todo era un plan. Y Gabriel lo sabía.
Sin esperar a que nadie reaccione, sin pedir permiso ni poner excusas, Begoña levanta su vestido y huye del altar. Huye de Gabriel, huye del matrimonio que la aprisiona, huye de la mentira en la que estaba a punto de sellar su vida. Corre hacia la fábrica, hacia el humo que se eleva como un lamento oscuro, hacia el hombre al que realmente ama y que podría estar al borde de la muerte.