DÁMASO,el padre de Gaspar ? y el DÍA de TODOS los SANTOS 💀 || CRÓNICAS de Valle Salvaje

🕯️ Voy a empezar a creer que solo viven fantasmas en esta casa: El Día de Todos los Santos llega a Valle Salvaje con secretos, ironías y homenajes a los muertos

En Valle Salvaje, el silencio se ha vuelto tan espeso que parece que solo los fantasmas respiran entre los muros. Don Hernando ya lo advirtió hace tiempo: esta casa estaba llena de presencias que no pertenecen del todo al mundo de los vivos. Y, con la llegada del Día de Todos los Santos, cada rincón del valle parece revivir sus propias sombras. Las puertas crujen, las velas parpadean solas y hasta el viento susurra nombres que ya no deberían pronunciarse. Pero más allá del misterio, este episodio especial nos lleva a recordar a todos los que partieron, a los caídos en una historia de poder, engaño y redención.

El episodio comienza con una atmósfera distinta, casi ritual. Alex, nuestro narrador, rompe la cuarta pared con un tono entre la melancolía y la broma. Habla de los fantasmas del valle, pero también de los suyos: las críticas, las imperfecciones, las risas y los errores. Entre comentarios sobre voces artificiales, promesas de vídeos narrados por IA y confesiones de principiante, deja claro algo esencial: en Valle Salvaje no solo se mueren los personajes, también se transforman. La casa es un espejo donde cada alma, viva o muerta, deja huella.

Pero pronto la charla deriva hacia lo importante: el episodio en sí. Y qué episodio. En el granero —ese nuevo escenario que parece construido solo para tragedias— se respira tensión. Alex lo dice entre risas: “esa balconada pide a gritos una caída”. El lugar, recién estrenado, tiene la estética perfecta para un accidente fatal. Porque en este pueblo, cuando un espacio nuevo aparece, no tarda en teñirse de sangre. Y razón no le falta: en Valle Salvaje aún hay muchas deudas que saldar.

Valle Salvaje - Gaspar muere en brazos de su madre

El momento más destacado llega con la conversación entre don Hernando y Rafael. Una escena corta, pero magistral. Don Hernando, con ese aire de villano elegante, suelta una frase que se queda grabada: “Era la mejor cocinera del país y tenía una conversación exquisita.” Habla de Luisa, ausente pero presente en todos los recuerdos. Alex no puede contenerse: “Don Hernando será malvado, pero es un crack.” Y tiene razón. Pocos personajes consiguen generar ese equilibrio entre desprecio y admiración. El actor Óscar Rabadán se roba la pantalla y, según el narrador, merece que el público lo redescubra.

A partir de ahí, el episodio toma un giro más irónico. La trama de Damaso —ese hombre que parece más perdido que nunca— se ha vuelto casi cómica. Victoria le cuenta una sarta de mentiras imposibles, y él, recién llegado del Caribe, decide “recuperarla” como si el tiempo no hubiera pasado. Alex lo dice con humor: “Este hombre se ha dado un golpe. Ha perdido el oremus.” Su regreso no solo descoloca a todos, sino que huele a misterio. ¿Por qué vuelve después de treinta años? ¿Qué oculta realmente? Su obsesión con Gaspar —el fallecido que todos nombran sin cesar— parece una pista.

Y hablando de Gaspar, su sombra se extiende sobre todo el episodio. Alex bromea, pero el cansancio se nota: “Si lo mencionan una vez más, juro que apago la tele.” Las teorías sobre su parentesco se multiplican, y el narrador incluso presenta un collage de posibles padres: el Duque, Alejandro Sigüenza y Domingo. “Tiene un aire al Duque”, concluye, mientras reconoce que el misterio de Gaspar se ha convertido en un rompecabezas cómico. Pero esa ligereza pronto se transforma en melancolía cuando llega el homenaje a los muertos.

Porque este episodio, además de humor y crítica, es también un memorial. Es el Día de Todos los Santos en el valle, y toca recordar a los que ya no están. Alex repasa uno por uno los nombres de los fallecidos de la serie, y cada mención se siente como un toque de campana.
El primero fue don Antonio Gálvez de Aguirre, asesinado en el primer episodio por Adriana, que actuó en defensa propia. Su crimen sigue flotando en el aire, aún no completamente resuelto. Le sigue don Evaristo Salcedo de la Cruz, envenenado por órdenes de Victoria a través de la aya. Un crimen calculado, silencioso y venenoso. Luego llegó el turno de doña Pilara, también víctima de Victoria, quien ya ha confesado su culpa a Mercedes. Tres muertes que marcaron el inicio de la oscuridad en Valle Salvaje.

Más adelante cayeron otros nombres ilustres: don Domingo, asesinado por Alejo, padre de Baristín, y Gaspar Salcedo de la Cruz, cuya muerte aún resuena en cada diálogo. Su ausencia es el hilo conductor de esta temporada. Y por último, don Julio Gálvez de Aguirre, muerto por un engaño de Úrsula, quien cambió las copas en un banquete fatal. Alex no puede evitar compararla con un regate de Messi: rápida, imprevisible y mortal. Desde entonces, Julio ha sido beatificado casi simbólicamente por los fans: “ahora es santo”, dice entre risas.

Y como si los muertos no fueran suficientes, hay un regreso que roza lo sobrenatural: el de la Aya mala, ahora transformada en la Aya buena. “Es como Gandalf”, dice Alex, “antes era la bruja negra y ahora es la blanca.” Su muerte y resurrección simbolizan el extraño equilibrio moral de la serie: nadie está completamente perdido, pero nadie vuelve igual.

Tras este recorrido por las tumbas del pasado, el narrador nos lleva al corazón del episodio: la celebración del Día de Todos los Santos. Con tono casi documental, nos explica cómo se vivía esta fecha en el siglo XVII. En aquellos tiempos, España respiraba religión por cada poro. No existía el Halloween moderno; el 31 de octubre era víspera de recogimiento, ayuno y plegarias. Las casas se llenaban de velas, las iglesias se cubrían con telas moradas y las familias rezaban por las almas del purgatorio.

En los pueblos del norte —como el ficticio Valle Salvaje— las costumbres eran aún más solemnes. Se colocaban lámparas en las ventanas para guiar a las almas, y las campanas sonaban toda la noche en el llamado toque de ánimas. Era una forma de mantener el vínculo entre vivos y muertos, una conversación silenciosa entre dos mundos.

Valle Salvaje - Victoria reacciona a la vuelta de Dámaso

Alex agrega un detalle histórico fascinante: a finales del siglo XVIII se dejó de enterrar a los muertos dentro de las casas, como aún ocurre en el Valle Salvaje de la serie, por miedo a enfermedades. Así, los cementerios pasaron a los exteriores, y las festividades se trasladaron con ellos. El 1 de noviembre se convirtió en una de las fechas más solemnes del año: misa, flores, ropas negras y silencio. Las familias visitaban las tumbas, compartían vino dulce, buñuelos de viento y huesos de santo. Era un día de unión, memoria y respeto.

El narrador, con su estilo irónico, no puede evitar comentar: “Cada vez que los veo todos vestidos de negro, pienso que debería morir alguien cada dos meses, solo por ver esos vestuarios de luto tan elegantes.” Una broma ácida, pero fiel al tono de Valle Salvaje, donde hasta la tragedia tiene un toque teatral.

El relato termina con un guiño al presente: mientras en el mundo moderno la gente se disfraza de Barbie o de Blancanieves, en el valle aún se reza bajo la luz de las velas. Alex reflexiona entre risas sobre lo absurdo y lo bello de ambas tradiciones. Porque, en el fondo, tanto en el pasado como ahora, todos buscamos lo mismo: recordar, reír y no olvidar a quienes se fueron.

Y así, entre bromas, homenajes y fantasmas, el narrador se despide con gratitud. Agradece a quienes lo acompañan cada día, promete seguir mejorando y recuerda que, aunque a veces el vídeo parezca un Frankenstein de temas, hoy —en el Día de Todos los Santos— es el día perfecto para serlo.

Entre los muros del valle, el viento sopla una última vez. Los fantasmas se retiran por unas horas. Pero Alex tiene razón: cada palabra, cada recuerdo, cada sombra que cruza esa casa… demuestra que en Valle Salvaje, los muertos nunca se van del todo. 🕯️