DESCUBRE EL INFIERNO QUE LE ESPERA A ÁNGELA || CRÓNICAS de La Promesa Series

No te fíes.

!Ten mucho cuidado: ese hombre encierra un peligro que no dudará en desatar en cuanto vea un resquicio en tu defensa. Capitán o no, sabe perfectamente que no corresponde que una mujer reciba visitas masculinas en su aposento… pero él insiste en presentarse como algo más que una simple visita: como el que pretende convertirse en su futuro esposo.

En esta historia, hay decisiones que parten de la cordura y aun así pueden abrir la puerta a un auténtico abismo. Curro, desesperado ante la idea de perder a Ángela, llegó a sostener entre sus manos la posibilidad de borrar de su vida para siempre al capitán Lorenzo de la Mata. Le bastaba una bala, un simple impulso, un instante. Sin embargo, eligió no disparar. Ese gesto de misericordia —o de debilidad— es hoy el desencadenante de un error monumental cuyas consecuencias estamos a punto de desentrañar.

Porque Lorenzo no solo sobrevivió: regresó al palacio marcado por una herida, cargado de rencor y con un único objetivo grabado en el alma. Hará pagar a Curro su acto de compasión y convertirá a Ángela en una víctima colateral de su sed de venganza. Y lo inquietante es que ya ha empezado. En el capítulo más reciente, el capitán encaró a Curro con una frialdad casi calculada para advertirle —sin sombra de duda— de que su sufrimiento se extendería también a la mujer que ama.

Sus palabras no eran un farol. En el avance del episodio siguiente se ve cómo Lorenzo irrumpe en la habitación de Ángela con una autoridad inquietante, como si reclamara algo que jamás le perteneció. Su mirada, su postura, el silencio tenso a su alrededor… todo en él transmite una intención oscura. A partir de ese momento, el destino de Ángela se encamina hacia un tormento cotidiano, acrecentado por la sombra de un matrimonio impuesto.

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Y es que no se trata solo de un enlace desafortunado; se trata de lo que implica legalmente. Conviene recordar un dato esencial: en la España de principios del siglo XX, antes de la llegada de la Segunda República, el Código Civil convertía la palabra “sí” de una mujer en una trampa jurídica. Tras pronunciarla, dejaba de ser dueña de sí misma. Literalmente.

La ley la declaraba incapaz, término con el que se trataba también a los menores de edad o a quienes no podían regirse por su propio criterio. Automáticamente, el marido asumía la función de representante legal y adquiría derechos que hoy resultan impensables: administrar sus bienes y su dinero, determinar dónde vivirían, autorizar o negar cualquier actividad remunerada, gestionar herencias presentes y futuras y, en general, ejercer control absoluto sobre su vida cotidiana.

Ese dominio tenía un nombre específico: poder marital. Y estaba escrito, firmado y legitimado por la propia ley. Si Ángela terminaba casándose con Lorenzo, él podría recluirla en su cuarto, impedirle ver a su madre, prohibirle trabajar e incluso vigilar —y castigar— todo aquello que incurriera en lo que él considerara una falta conyugal.

Por otro lado, el divorcio no existía, la separación apenas ofrecía protección real y la violencia dentro del matrimonio no recibía atención legal. Solo situaciones extremas, como una amenaza verificada de muerte, podían otorgar a una mujer cierto respiro… pero incluso entonces, seguía sin recuperar plenamente su independencia ni sus bienes. En definitiva, para Ángela, ese matrimonio significaría una condena sellada.

De ahí que las palabras de Lorenzo no sean un aviso vacío: son la promesa de un tormento legalmente amparado. Y aquí surge una pregunta inevitable:

¿Qué hará doña Leocadia cuando descubra el trato que su hija está a punto de sufrir?

La postiza es una mujer con dos rostros. Uno, el de la serpiente calculadora que mueve hilos para su beneficio. Otro, el de la loba feroz dispuesta a plantar cara a cualquiera cuando tocan a su hija. Ya lo dejó claro una vez: por Ángela sería capaz de cualquier cosa.

Si la verdad llega a sus oídos, existen varios caminos posibles.

La Promesa: Lorenzo confiesa conocer el paradero de Ángela

Primera opción: Leocadia se vuelve contra Lorenzo. Y cuando esa mujer se siente traicionada, su lengua es un arma afilada. Podría chantajearlo, amenazarlo o forzarlo a un pacto turbio que lo dejara atado de pies y manos.

Segunda opción: Vuelve su ira contra Curro. Su animadversión hacia el muchacho roza lo patológico, y podría culparlo de haber permitido que todo llegara tan lejos. En ese caso, usaría la situación para separar definitivamente a los jóvenes.

Tercera opción —la más peligrosa: Jugar a dos bandas. Mostrar apoyo a Ángela mientras, en secreto, facilita información a Lorenzo para mantener a ambos jóvenes bajo vigilancia. Esa duplicidad coincide demasiado con su manera habitual de moverse entre sombras, por lo que no parece improbable.

Con este panorama, el futuro de Ángela se tiñe de incertidumbre y dolor. Curro, mientras tanto, tendrá que presenciar cómo su misericordia se convierte en un arma contra aquello que más quiere. Las tensiones en el palacio crecerán, los secretos saldrán a la luz y los poderes ocultos de sus habitantes se pondrán en juego.

Y mientras se acerca el desenlace de esta parte de la temporada, todo indica que las decisiones tomadas en un instante impulsivo se transformarán en heridas que tardarán mucho en cicatrizar. Lo que viene promete estremecer cada rincón del palacio.

Así se abre este capítulo oscuro, cargado de intrigas, secretos y un destino que parece cerrarse sobre Ángela con un peso insoportable. En un lugar donde la compasión puede convertirse en condena y la ley en herramienta de opresión, cada gesto, cada palabra y cada silencio pueden desencadenar consecuencias irreversibles.

Prepárate, porque lo que está por venir no solo cambiará vidas: pondrá a prueba la lealtad, la moral y la fuerza de todos los que habitan La Promesa.!<