EL PASADO REGRESA PARA PERSEGUIR A PELAYO Y LO DEJA SIN DEFENSAS, EN SUEÑOS DE LIBERTAD

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En esta ocasión, Pelayo se encuentra en una situación sumamente delicada. Uno de sus rivales en la carrera por el puesto de gobernador civil ha descubierto un secreto que podría destruirlo, dejándolo expuesto y vulnerable ante cualquier paso en falso. Esta amenaza no solo pone en riesgo su carrera política, sino también la estabilidad de su vida personal y familiar, aquella que había logrado mantener cuidadosamente bajo control. La tensión que rodea a Pelayo es palpable desde el inicio del capítulo, creando un ambiente cargado de intriga y peligro inminente.

Mientras tanto, en la casa de la familia Reina, la escena se centra en Gabriel y Begoña, quienes comparten un momento íntimo en la habitación de Gabriel. Begoña lo observa con ternura y curiosidad, preguntándole cómo le fue en la fábrica durante el día. Gabriel responde con tranquilidad, asegurando que todo progresa poco a poco y que incluso tuvo algo de tiempo libre para trabajar en un proyecto que quería mostrarle. Con cierta emoción contenida, toma un papel y se lo entrega. Begoña, intrigada, lo despliega y encuentra una lista de nombres. Pregunta de inmediato de qué se trata, y Gabriel le revela que son opciones para el nombre de su futuro hijo.

La reacción de Begoña es de emoción y ternura. Gabriel, con paciencia, le explica el significado de cada nombre y por qué los eligió. Sin embargo, al examinar el papel con más detenimiento, Begoña nota algo: todos los nombres son masculinos. Le pregunta si no ha considerado la posibilidad de que sea una niña, y Gabriel, con firmeza pero suavizando la situación, asegura que su intuición le dice que será un niño, su heredero. Esta afirmación provoca en Begoña un cambio sutil en su expresión; una sombra de preocupación o inquietud cruza su rostro. Gabriel, percibiendo su reacción, trata de suavizar la tensión recordándole que lo más importante es que el bebé nazca sano y que ambos estén unidos, rodeados de amor. Begoña asiente, recuperando la calma y compartiendo la sonrisa que siempre lo acompaña.

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Mientras esta escena familiar se desarrolla, en otra parte de la casa, Pelayo atiende una llamada telefónica con un tono serio y casi urgente. Pide posponer una reunión y cancelar un compromiso, intentando mantener la compostura mientras la preocupación se refleja en su rostro. Tras colgar, Manuela llega para informarle que tiene una visita inesperada: el señor Cárdenas. Pelayo, sorprendido, pregunta quién podría ser, y Manuela confirma que es algo importante. Pese a su inquietud, le indica que lo espere allí.

La llegada de Cárdenas hace que Pelayo recuerde momentos previos a su nombramiento como gobernador civil. Evoca las conversaciones con Marta, cuando las probabilidades de obtener el cargo eran mínimas y Cárdenas era el favorito indiscutible. Su trayectoria impecable, reputación sólida y proyección profesional lo hacían casi invencible. Pelayo sabía que competir contra él era un desafío casi imposible. Sin embargo, los acontecimientos posteriores cambiaron por completo el rumbo de la elección, permitiendo que Pelayo se posicionara inesperadamente al frente.

Manuela regresa acompañando a Cárdenas, quien saluda con formalidad. Pelayo responde al saludo, sorprendido por la visita. Cárdenas, con un tono que combina cortesía y desafío, le explica que quería felicitarlo por su nombramiento, admitiendo cierto retraso debido a un enojo previo. Pelayo, intrigado, pregunta por la razón de su molestia. Cárdenas confiesa que aspiraba al cargo y era el favorito, pero ciertos aspectos de su vida privada publicados en la prensa arruinaron sus posibilidades.

Pelayo intenta mostrarse neutral, mencionando que había leído algo al respecto pero sin prestar mucha atención. Cárdenas lo mira fijamente y le advierte que no lo subestime, recordándole que cualquier aspirante a un cargo político está bajo constante vigilancia y que un mínimo error puede convertirse en escándalo. Reconoce sus propios errores, pero señala que Pelayo tampoco está libre de ellos. De manera directa, le reprocha haber utilizado su cargo para favorecer la empresa en la que su esposa tiene participación, moviendo influencias para eliminar una multa a la fábrica familiar.

Pelayo, visiblemente molesto, pregunta cuál es el verdadero motivo de la visita. Cárdenas responde con frialdad: vino a advertirlo. Le asegura que puede complicarle la vida con solo una llamada al Ministerio de Industria y que debería prepararse para una posible humillación pública. Pelayo pregunta por qué este empeño personal en dañarlo, y Cárdenas le recuerda que el puesto que ahora ocupa era el que él debía haber recibido. Pelayo intenta justificar la situación, alegando que no tuvo culpa de la filtración mediática y que además tenía otras responsabilidades familiares. Cárdenas lo interrumpe, asegurando que la filtración no fue casual y que el único beneficiado fue Pelayo, sospechando que Pedro Carpena facilitó la información a su favor.

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Pelayo recuerda el momento en que Pedro le entregó el sobre con los detalles de la vida privada de Cárdenas, y el recuerdo lo deja paralizado por un instante. Cárdenas continúa, explicando que investigó y concluyó que Carpena buscaba favorecer a Pelayo en sus negocios, y recalca que no permitirá que utilice su cargo para cometer irregularidades. Pelayo intenta defenderse, cuestionando por qué no actuó en otro momento más oportuno, y Cárdenas responde que prefirió la satisfacción personal de verlo vulnerable ahora, advirtiendo que seguirá vigilando cada paso de Pelayo, buscando cualquier debilidad que pueda usar en su contra.

La conversación termina con ambos de pie. Cárdenas se retira rápidamente, dejando a Pelayo tenso, con el rostro marcado por la preocupación. Su estabilidad política y personal pende de un hilo, y la amenaza de Cárdenas lo mantiene en estado de alerta. La escena cierra con la música marcando el suspense, dejando al espectador preguntándose si Cárdenas logrará descubrir un secreto aún más comprometedora que destruya la carrera de Pelayo, y cómo reaccionará Marta al enterarse de la presión que su esposo enfrenta.

La intriga política, los secretos familiares y la tensión personal convergen en este capítulo, mostrando a Pelayo acorralado y vulnerable, mientras la vida de Gabriel y Begoña transcurre en un contraste de ternura y esperanza por la llegada de su futuro hijo. El capítulo termina dejando abierta la pregunta: ¿deberá Pelayo confesar la verdad antes de que sea demasiado tarde, o logrará sobrevivir a la amenaza de Cárdenas?