Hablamos con los actores: Entrevista a Javier Mora de La Promesa |RTVE Series
🟣 Spoiler — “Sí, nos parecemos: construir a Lisandro desde dentro”
Hablar de Lisandro es hablar de un personaje cuya complejidad nace, en gran medida, de la propia esencia del actor que lo interpreta. En este proceso de creación, se revela una íntima conexión entre intérprete y personaje, porque es imposible —según explica— dar vida a alguien sin poner parte de uno mismo en cada gesto, cada mirada y cada sombra. Todos poseemos una mezcla de luz y oscuridad, y él ha tenido que mirar cara a cara a sus propios rasgos menos amables para potenciar aquello que define a Lisandro: su soberbia, su carácter uraño, su tendencia al enfado y a un cierto despotismo que lo hace incómodo y fascinante a la vez.
Para lograrlo, confiesa que ha sido imprescindible aceptar que quienes interpretan personajes así deben evitar juzgarlos. Juzgarlos sería condenarlos desde fuera, y eso impediría mirar al espejo interior para reconocer esos matices personales que también existen en uno mismo. Hay que aceptar lo propio para poder amplificarlo. A cierta edad, uno ya sabe que dentro conviven la simpatía y el gruñido, la sombra y la luz, y que el trabajo consiste en decidir qué parte se saca a la superficie para darle vida al personaje.
Sumarse a una serie que ya funciona como un engranaje perfectamente ajustado exige adaptarse rápidamente al ritmo, al equipo técnico y artístico y al estilo que ya existe. Por eso, en su caso, resultó fundamental contar con el apoyo cercano de las coach Charo y Amanda, quienes aportaron un acompañamiento previo a los ensayos, un lujo que rara vez existe en las series actuales. Ese trabajo temprano le permitió entender la visión de la producción y de la dirección, y ajustar su interpretación hacia lo que se buscaba: un personaje coherente con el universo de la serie, con su época y con su tono.
La construcción de Lisandro tiene elementos muy concretos, sobre todo en lo físico. No se trata solo del vestuario, del maquillaje o de la peluquería —aunque reconoce que su labor es formidable—, sino de la corporalidad: cómo se mueve, cómo camina, cómo dirige la mirada, qué actitud adopta al comer, cómo besa una mano o incluso qué ritmo adopta en sus gestos. Son conductas propias de otra época, muy alejadas de la rapidez actual. Gracias al trabajo de coach, estas acciones se pulen día a día, evitando que la modernidad invada sin querer la interpretación.
Además, subraya que memorizar el texto a la perfección es esencial. No solo para cumplir, sino porque saberlo bien permite incorporar otra dimensión, jugar con matices, explorar lo que cada frase oculta. Al final, interpretar a alguien como Lisandro implica entrar en un territorio incómodo: es un personaje que debe caer mal al inicio. Es machista, déspota y trata mal a muchos, especialmente a Basalla. No es lo que el público llamaría “agradable”, pero eso es precisamente lo que hace su trabajo tan interesante. Bucear en esos rincones internos que uno no muestra en la vida diaria resulta enriquecedor para la construcción del personaje.
También destaca una cuestión narrativa: en ficción, ciertos personajes despiertan un extraño encanto a pesar de su comportamiento. Pone como ejemplo a Jack Sparrow, cuya conducta real sería intolerable, pero que bajo la convención de la historia se vuelve simpático. Lisandro puede funcionar del mismo modo: es tan exageradamente déspota, tan insolente, que genera un punto de humor o ironía que, paradójicamente, puede hacerlo atractivo para el espectador.
En cuanto al ambiente de la serie, describe un clima acogedor desde el primer día. Conocía ya a parte del equipo de otros rodajes, algo que siempre ayuda a sentirse en casa. Los directores, el decorado y el ambiente general hicieron que todo resultara más sencillo. Pero admite que al incorporarse a un proyecto donde otros llevan años trabajando, uno se siente como entrando en casa ajena. A pesar de eso, su personaje exige autoridad, así que tuvo que presentarse con seguridad, sin permitir que la incomodidad del novato se filtrara en pantalla. El trabajo previo, tanto con las coach como estudiando el texto, fue crucial para mostrar firmeza desde la primera escena.
El rodaje en sí ha dejado momentos memorables. Uno de ellos fue una de sus primeras secuencias: una cena con toda la familia donde debía imponerse y callar uno a uno a personajes que llevan dos años cimentados en la serie. Era un reto grande, un choque frontal que disfrutó porque suponía entrar pisando fuerte y demostrar que Lisandro venía a quedarse.
También recuerda con cariño la fiesta de Adriano, donde tuvo un discurso intenso, además de una serie de interacciones muy emotivas. Y, como tercera escena preferida, menciona un día de rodaje exterior especialmente hermoso: un monólogo cargado de tensión y emociones cruzadas entre Lisandro, Ángela y Lorenzo. Fue un día con buena luz, buen ritmo de trabajo y una dirección muy clara, lo que permitió que todos remaran en la misma dirección.
Sobre el futuro de Lisandro, asegura que el personaje aún guarda secretos y que hay mucho que contar. Y en La Promesa, donde todo puede suceder, las posibilidades son infinitas. Él, desde luego, desea seguir dando guerra y aportando tensión y matices a la trama.
Sus propósitos profesionales dentro de la serie son sencillos pero firmes: integrarse sin generar problemas, sin egos, cumpliendo con su texto y su trabajo, colaborando con sus compañeros y con el equipo técnico. Lo que quiere es que quede la huella de la profesionalidad, de alguien que llega para sumar y no para entorpecer.
Entre las anécdotas más especiales destaca una muy personal: su cumpleaños. Ese día de mayo estaba rodando, y alguien recordó que era su día. Planearon espontáneamente cantarle “cumpleaños feliz” al terminar el ensayo, y aunque él sabía lo que vendría, le emocionó pasar esa fecha tan redonda —su 50 cumpleaños— trabajando en la serie, un recuerdo que siempre llevará consigo.
Al final, lanza una pregunta para el siguiente entrevistado: con quién se casaría su personaje, con quién tendría una aventura y a quién mataría. Para él, Lisandro podría casarse con Leocadia, pues entre ambos existe una energía singular que podría formalizarse en pareja. A quien mataría —dice sin dudar— sería a Lorenzo. Y su aventura clandestina sería nada menos que con la mujer de Don Alonso, alimentando el fuego dramático de la serie.
Finalmente, envía un mensaje de agradecimiento a todos los seguidores. Confiesa que pensó que su personaje sería muy odiado, pero recibe más cariño del esperado. Ese afecto, dice, no alimenta solo el ego actoral, sino el alma, porque demuestra que el público conecta incluso con los personajes más oscuros. Desea que la serie siga muchos años y poder seguir siendo parte de ella, acompañando a los espectadores en sus tardes, en sus emociones y en sus rutinas.