Hablamos con los actores: Xavi Lock, Guillermo Serrano y Marta Costa de La Promesa |RTVE Series
Y en una palabra, solo una palabra, ¿cómo definirías este capítulo?
“Impresionante.”
Esa es, quizá, la descripción más justa. Porque, como bien saben los seguidores de La Promesa, cada cierto número de episodios el equipo intenta romper las expectativas del público y ofrecer algo completamente distinto dentro del marco de una serie diaria. Y en este caso, el impacto fue doble: primero por la historia y luego por la magnitud del guion.
Lo primero que muchos del equipo pensaron al recibirlo fue: “¿Pero cuántas páginas tiene esto?” Era un capítulo larguísimo y totalmente fuera de lo habitual. Más de uno reconoció que lo primero que hizo fue ir directo al final para ver cómo terminaba aquella locura narrativa. Y cuando lo leyeron, el asombro fue unánime; todos se quedaron con la sensación de estar ante algo único.
Antes incluso de tener el libreto definitivo, ya corrían rumores entre los actores, como suele pasar en el rodaje: comentarios sueltos, informaciones a medias, especulaciones. Uno de ellos se encontró con un compañero que, sin poder decir nada, lo dejó en ascuas haciéndole pensar que algo enorme estaba por venir. Y efectivamente, así era.
De hecho, algunos intérpretes ni siquiera sabían que iban a aparecer en ese capítulo hasta que fueron llamados al despacho de dirección. La sorpresa fue total. Pero también lo vivieron como un regalo: la oportunidad de hacer algo completamente diferente dentro de la propia serie, algo que rompía con el esquema habitual y exigía del equipo una entrega total.

Y es que este episodio tenía un reto monumental desde la escritura: sostener casi una hora de metraje con solo dos personajes principales encerrados prácticamente en un único escenario. Mantener la tensión, el ritmo y el interés con tan pocos elementos no era tarea sencilla, pero el resultado terminó siendo extraordinario.
El creador explicó desde el principio que este capítulo era un experimento pensado para explorar los límites de los personajes, para llevarlos a territorios a los que nunca antes habían llegado, incluso después de más de 700 episodios. Eso lo convertía en un caramelo irresistible para todo el reparto.
Curro y el capitán De la Mata viven en este episodio su punto más extremo. En la trama principal, su relación está destrozada, pero aquí vemos a un Curro vulnerable y, al mismo tiempo, capaz de utilizar contra su padre las mismas armas que él empleó siempre contra él. Por primera vez, el hijo encierra al padre en la habitación secreta y lo somete a un juego psicológico lleno de amenazas, silencios y manipulación donde nunca queda claro quién es realmente la presa y quién el cazador.
Para los actores, fue como si de pronto un guitarrista experto tuviera que cambiar de instrumento y tocar la batería en un concierto: un desafío lleno de vértigo, pero también de emoción. El equipo técnico, por su parte, se coordinó de forma casi coreográfica para rodar el capítulo completo en tan solo un día, con secuencias larguísimas, algunos planos de más de veinte minutos sin cortes y cuatro cámaras moviéndose en un espacio minúsculo cuyas paredes debían reacomodarse mientras filmaban.
Desde el inicio se planteó como un capítulo especial también en su lenguaje visual: planos arriesgados, movimientos continuos, atmósferas densas y una tensión que no permite bajar la guardia ni un segundo. No se trataba solo de interpretar; había que sostener emocionalmente escenas larguísimas, casi teatrales, sin perder la energía en ningún momento.
Para los actores, eso significó prepararse mentalmente, físicamente y emocionalmente. Tenían que mantener el nivel durante tomas de casi media hora, muchas de ellas sin respiración dramática, mientras el equipo técnico ejecutaba una auténtica coreografía para que todo encajara sin errores. Al final del día, todos estaban exhaustos, pero también orgullosos.
Hubo incluso anécdotas divertidas: durante los ensayos, uno de los actores debía gritar “¡Socorro, ayuda!” durante varios minutos. Las ventanas estaban abiertas y la gente del edificio de enfrente salió alarmada pensando que algo real estaba ocurriendo. En otra ocasión, la silla donde estaba uno de los personajes —que debía permanecer atado— se derrumbó en mitad de la toma porque la habían calzado para ganar altura y el invento no soportó el movimiento.

Aun así, el compromiso del equipo fue absoluto. Ensayaron entre grabaciones normales, estudiaron el guion a contrarreloj y se volcaron en recrear la historia con una entrega total. Fue un reto interpretativo, técnico y narrativo, pero también una oportunidad para hacer algo que pocas veces se puede lograr en una serie diaria.
Si pudieran hablar con sus “yo” del pasado, antes de que les entregaran este capítulo, se dirían que confíen, que se preparen, que descansen, que coman bien, que tengan paciencia… pero, sobre todo, que disfruten, porque era una oportunidad irrepetible. Después de verlo terminado, todos coinciden en que superó cualquier expectativa.
Y lo más importante: este episodio no es solo espectacular; además marca un punto de inflexión en la historia. Revela secretos del pasado entre Curro y el capitán De la Mata, llena huecos narrativos que llevaba años esperando el público y culmina con una sorpresa final que cambiará por completo el rumbo de las tramas.
Por eso, como dijeron ellos mismos: no verlo sería perderse una pieza esencial de lo que vendrá después.
Después de todo, este capítulo es un desafío, una rareza, un regalo para los fans y una demostración de lo que todo el equipo es capaz de hacer cuando se propone algo tan ambicioso.
Un episodio irrepetible.
Un antes y un después.