Jana no sobrevive y Cruz va a la cárcel | Preestrenos de La Promesa del 21 al 26 de diciembre
🔻 SPOILER — Alla promessa basta un istante per cambiare tutto 🔻
El destino de La Promesa vuelve a estremecerse con un momento fugaz capaz de alterar la calma aparente del palacio. Basta un parpadeo para que todo cambie. Hann abre los ojos, apenas por un instante, un destello frágil y tenue… pero suficiente para desatar una oleada de emociones que se expande por cada rincón de la casa. Ese despertar, tan breve como inesperado, enciende nuevas esperanzas y, al mismo tiempo, aviva los temores y las sospechas que desde hace días rondan entre nobles y sirvientes.
En un ambiente ya cargado de tensión, la noticia corre como pólvora. La servidumbre se divide entre quienes desean hablar, quienes prefieren callar y quienes temen implicarse en cualquier conflicto que pueda traer consecuencias. Mientras tanto, el sargento Burdina se acerca cada vez más a la verdad. Su investigación avanza sin tregua y un hallazgo fundamental —el arma empleada en el ataque contra Hann— inclina definitivamente el frágil equilibrio que aún sostenía a los Luan. La situación se vuelve insostenible, especialmente para Cruz, que se siente cada vez más sola, más presionada y sin un respiro que le permita recuperar fuerzas.
A su alrededor, las emociones se mezclan sin control. Manuel vive entre la ansiedad y el miedo; Curro, entre la rabia y la impotencia; mientras María y Samuel parecen acercarse cada día más, unidos por el dolor y la incertidumbre. Pero todo converge en la habitación donde Hann lucha por su vida, un espacio donde cada gesto, cada palabra y cada mirada parecen anunciar lo inevitable. La finca entera parece avanzar hacia un punto sin retorno, un momento oscuro que marcará un antes y un después en la historia de la familia.
La jornada comienza con un impacto que sacude a todos: la joven recupera brevemente la consciencia. Aunque su despertar es efímero, se convierte en un rayo de luz dentro de un panorama que parecía completamente perdido. Pía, sin poder contener su emoción, difunde la noticia entre los pasillos, contagiando alivio y esperanza. La pregunta que todos temen plantear se formula al instante: ¿Ha logrado decir quién le disparó?
Incluso Cruz, que vive días de absoluta angustia, siente por un momento que la situación podría tornarse a su favor. Para la marchesa, si Hann habla, podría demostrar su inocencia y deshacer el cerco que la aplasta. No deja de repetir que alguien quiere incriminarla, que todo responde a un complot orquestado para destruirla. Pero sus palabras ya no generan confianza; cada vez menos personas están dispuestas a creerle.
Quien recibe la noticia con mayor inquietud es Petra. Para la gobernanta, el despertar de Hann no representa alivio, sino una amenaza directa. Su incomodidad se vuelve evidente y su actitud agresiva empeora. Tanto es así que Santos, cansado de sus ataques y autoritarismo, decide redactar una denuncia formal. Aunque intenta reunir firmas de otros criados, muchos se niegan por miedo, desconfianza o simple falta de valor. Aun así, la carta llega a manos de Alonso, que la lee detenidamente. Sin embargo, considera que no es el momento adecuado para abrir un nuevo conflicto, no mientras la vida de Hann pende de un hilo y la investigación amenaza a su familia.
El estado de la joven vuelve a complicarse, y el doctor Gamarra insiste en que el peligro sigue siendo extremo. Paralelamente, Cruz vive bajo estricta vigilancia, recluida por orden del sargento Burdina, quien la considera la sospechosa principal del atentado. El aislamiento la consume, y la posibilidad de una sentencia de muerte se cierne sobre ella con una fuerza devastadora. Sabe que su única salvación es que Hann recupere la consciencia y diga la verdad.
Pero el giro más contundente se produce cuando aparece la pistola del marchese, enterrada bajo la tierra de un macetero en el salón. Este descubrimiento se suma al resto de pruebas y coloca a Cruz en una posición extremadamente comprometida. Todo parece apuntarle, y defenderse se vuelve casi imposible.
En el piso inferior, lejos del foco de la investigación, los sentimientos se entrelazan. María Fernández, profundamente afectada por el drama de su amiga, se apoya cada vez más en Samuel. La cercanía entre ellos aumenta, y el vínculo que intentaban contener se vuelve casi inevitable. De la misma forma, Curro y Ángela recuperan la complicidad perdida tras tantas dificultades.
Mientras tanto, Manuel no se aparta del lecho de su esposa. El temor a que alguien vuelva a hacerle daño lo consume. Curro, igualmente desesperado, se deja arrastrar por un impulso de venganza. Está decidido a encontrar al responsable cueste lo que cueste, aunque su dolor lo ciegue.
Las pruebas contra Cruz continúan acumulándose, y la marcha de los acontecimientos se vuelve cada vez más irreversible. En cada rincón del palacio, el nombre de Hann se pronuncia con respeto, miedo y esperanza. Pero la realidad termina imponiéndose de la forma más cruel.

Después de horas de angustia y silencios interminables, llega la noticia que nadie quería escuchar:
Hann no sobrevive.
La muerte de la joven esposa de Manuel desgarra por completo el frágil equilibrio de la familia y de toda la servidumbre. El golpe emocional es devastador. Manuel queda paralizado; el mundo se le desploma. La muerte de su esposa confirma sus peores temores y lo distancia para siempre de su madre. Para él, Cruz es la causa de todo.
El dolor también consume a Curro, que pierde el control y enfrenta a la marchesa con una furia que nadie logra detener. Cruz queda completamente sola. Ni su esposo ni sus hijos la apoyan ya. Solo Petra permanece a su lado, aunque esa fidelidad pende de un hilo.
La marchesa, desesperada por salvarse, llega a pedirle a Petra que se culpe del crimen en su lugar, una solicitud tan extrema como reveladora del abismo al que ha llegado. La gobernanta queda en un dilema moral que podría cambiar su vida para siempre.
Burdina, por su parte, avanza con los preparativos para el arresto formal. La llevará a la caserna de Puebla de Tera, donde quedará detenida a la espera del juicio. Para la justicia, su implicación parece indiscutible.
La tragedia de Hann se convierte así en el elemento definitivo que cierra el cerco sobre la marchesa. En un palacio sumido en el silencio, con el dolor impregnándolo todo, la historia de La Promesa entra en su capítulo más sombrío.