JANA scoprono le prove contro CRUZ riguardo alla morte di TOMÁS e la fanno finire in prigione
🔵 Spoiler — “Ciao a tutti, sono Diego”
En los próximos episodios de La Promesa, se producirá uno de los descubrimientos más impactantes que hayamos visto hasta ahora. Jana y Teresa darán con la habitación oculta de Cruz, un lugar sellado durante años y repleto de documentación capaz de destruir para siempre la imagen de la marquesa. Entre esos papeles se encuentra la prueba irrefutable de que Cruz estuvo implicada en la muerte de Tomás. Este hallazgo llevará a Alonso a tomar una decisión definitiva y sin marcha atrás: expulsarla inmediatamente del palacio. Una revelación que cambiará para siempre la dinámica de la familia Luján y marcará un antes y un después en La Promesa.
Todo comienza después de varios días en los que Jana y Teresa observan con discreción los movimientos cada vez más inquietantes de Cruz. La marquesa se comporta de forma nerviosa, vigilante, siempre con el manojo de llaves pegado al cuerpo y con una fijación obsesiva en impedir que cualquier sirviente se acerque a la zona antigua del torreón. Aunque Teresa intenta al principio restar importancia a estas sospechas, la insistencia de Cruz en mantener ese lugar aislado acaba por convencerla de que existe un secreto demasiado grande para ignorarlo.
Una noche, aprovechando que Cruz no se encuentra en la casa y que Manuel está ocupado atendiendo a unos invitados, Jana anima a Teresa a acompañarla. Saben que es su única oportunidad. Avanzan sigilosas por el pasillo de piedra que lleva al ala abandonada, con el viento colándose entre las grietas y la luz temblorosa de una lámpara proyectando sombras inquietantes que bailan en las paredes. Empiezan a explorar cada rincón: viejos percheros oxidados, huecos en la roca, estanterías carcomidas por el tiempo. Pero no hallan nada que explique la obsesión de la marquesa.
Cuando ya están a punto de rendirse, Jana tropieza con una pequeña hendidura en la pared. Al examinarla más de cerca, descubre que no es una grieta natural. Tras presionar con cuidado, la piedra emite un leve chasquido y una sección del muro se desplaza, revelando una apertura estrecha. Teresa apenas puede creer lo que ve: una puerta secreta perfectamente camuflada. El aire helado que brota del interior basta para ponerles la piel de gallina. Aun así, avanzan decididas.
El corredor oculto está envuelto en una oscuridad casi total. El olor a humedad y papel viejo indica que ese sitio lleva demasiado tiempo sellado y vigilado con celo. Pronto se encuentran con estanterías de hierro, cajas de madera, archivadores y candados que evidencian que ese lugar ha actuado como un escondite personal de Cruz durante años. Mientras examinan el contenido, Jana descubre un conjunto de carpetas colocadas con un orden anómalo, casi compulsivo: no hay duda de que la marquesa intentaba ocultar algo que no podía ver la luz.
En la primera carpeta aparece un nombre que las deja heladas: Tomás Luján. Teresa siente que se le aflojan las piernas. No hay razón para que los papeles del señorito estuvieran escondidos allí. Al abrirlos, encuentran un informe médico antiguo en el que la muerte de Tomás aparece descrita como un “accidente no determinado”. Sin embargo, debajo hay una página arrancada en la que se alude claramente a que el impacto fue provocado. La parte donde se indicaba por quién había sido responsable fue arrancada con violencia. El nombre de Cruz surge casi de inmediato en la mente de Jana, teñido ahora de una oscuridad difícil de asumir.
Siguen rebuscando hasta encontrar una pequeña caja cerrada con un candado oxidado. Teresa, usando un simple pasador, logra forzarlo. En su interior hay notas, cartas, informes y un cuchillo de tamaño reducido cuya hoja manchada despierta un terror inmediato. Otro hallazgo inquietante es una carta fechada el mismo día de la muerte de Tomás, escrita con una caligrafía temblorosa que habla del peligro que corría el honor de la familia. Teresa atina a descifrar que la inicial “C” hace referencia a Cruz.
Pero lo más revelador aparece al final: una página arrancada de un diario escrito por el propio Tomás, quien relata cómo Cruz ha cambiado recientemente, cómo lo evita y cómo percibe que algo terrible está por ocurrir. Para él, la marquesa ya no actúa como una madre, sino como alguien que quiere apartarlo del camino.
Cuando encuentran una pequeña caja fuerte al fondo de la sala, saben que allí está la clave definitiva. Tras varios minutos de prueba y error, consiguen abrirla. Dentro hallan una confesión breve, escrita de puño y letra de Cruz, en la que admite que Tomás descubrió un secreto suyo y que pretendía contárselo a Alonso. “No podía permitirlo”, concluye la carta. Es la prueba final.

Sobrecogidas por lo que han descubierto, Jana y Teresa regresan rápidamente hacia el palacio. Bajo la ropa, Jana lleva escondido un dossier que pesa como una sentencia. Deben informar a Manuel y a Curro cuanto antes, antes de que Cruz note la desaparición de los documentos. Primero acuden al hangar donde Manuel trabaja en uno de sus prototipos. Al ver el nombre de Tomás en la carpeta, Manuel queda petrificado. Cada página que lee es un golpe directo al corazón. No quiere creer que su madre hubiese sido capaz de algo así. Jana le confirma que Cruz no solo eliminó a Tomás, sino que durante años manipuló y silenció a quienes podían conocer la verdad.
Convencido de que Curro también tiene derecho a saberlo, Manuel se dirige con las chicas al jardín donde encuentran al joven conversando con Ángela. Cuando Curro lee los documentos, se llena de rabia y dolor. La sospecha que lo perseguía desde hace tiempo se confirma: Cruz intentó acabar con él y con Dolores, tal como hiciera con Tomás. Ángela lo sostiene mientras intenta recuperar el aliento.
Los cuatro se dirigen entonces al despacho de Alonso. El patriarca oye incrédulo el relato y revisa él mismo el cuaderno encontrado en la habitación secreta. Cada línea le provoca una herida. Nunca imaginó que Cruz, su esposa, fuese capaz de traicionar así a su familia. Justo en ese instante, Cruz aparece en la puerta, exigiendo una explicación. Pero cuando Alonso la enfrenta con las pruebas, ella no lo niega. Al contrario: admite con frialdad que Tomás no era apto para dirigir La Promesa y que hizo lo que consideraba necesario.
Estas palabras son suficientes para sellar su destino. Alonso, con una firmeza que nunca antes había mostrado, decreta su expulsión inmediata del palacio. Cruz intenta resistirse, pero Rómulo y las guardias la acompañan hacia la salida. Antes de cruzar la puerta, lanza una amenaza cargada de veneno: promete que volverá y que cuando eso ocurra, La Promesa no conocerá descanso.
Tras su partida, el silencio en el despacho es abrumador. Aunque hayan revelado la verdad, todos sienten que esta historia aún no ha terminado del todo. Las sombras de Cruz parecen seguir acechando en los rincones de la casa, recordándoles que nada en La Promesa queda enterrado para siempre.