La Promesa: Adriano se sincera con Martina La Promesa 722 | RTVE Series

Martina entra con suavidad en la estancia, como si temiera interrumpir algo importante, y al ver a su interlocutor concentrado sobre aquel pequeño objeto de madera y metal, se detiene un segundo antes de hablar. Con cierta duda en la voz, pregunta qué desea, dejando claro que su intención inicial era simplemente conversar, aunque reconoce al instante que quizá no sea el mejor momento. Sin embargo, él la invita a quedarse, evitando que se marche con un gesto tranquilo y casi imperceptible.

Ella observa el artefacto con curiosidad, sin comprender del todo cuál es su propósito. Él le explica que se trata de un metrónomo, un instrumento diseñado para mantener el ritmo y evitar que quien interpreta una pieza musical caiga en la tentación de acelerarse o ralentizarse sin darse cuenta. La idea de un mecanismo que ayude a no perder el compás parece resultarle reveladora a Martina; comprende entonces que, en partituras largas, es fácil distraerse o equivocarse, porque el ser humano, por naturaleza, puede desviarse incluso cuando cree avanzar de forma recta. La explicación, simple pero profunda, flota un instante entre ambos, como si escondiera un significado más hondo que la propia música.

Tras una breve pausa, él decide ir al grano. Ha escuchado que Martina planea marcharse de la promesa, y quiere confirmar si es verdad. Ella asiente con serenidad, admitiendo que sí, que ha tomado la decisión de irse durante un tiempo, aunque no ofrezca aún demasiados detalles. Ese simple “me voy” abre un espacio emocional que ninguno de los dos esperaba afrontar hoy.

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Él toma aire, visiblemente incómodo, pero decidido a hablar desde la honestidad. Le confiesa que, a pesar de que el momento que atraviesan no es el más fácil y que sus caminos parecen distanciarse, siente un profundo agradecimiento hacia ella. Le agradece lo que ha hecho por él y por sus hijos, porque sabe que los pequeños la quieren y la respetan. También reconoce que, aunque ella pueda no tenerlo en la misma estima que antes, él valora de corazón todo lo que compartieron. Sus palabras no suenan forzadas; más bien parecen la conclusión de un largo proceso interno.

Martina baja la mirada por un instante, afectada por la sinceridad. Le asegura que su apreciación hacia él sigue siendo real, profunda y sincera. No es falta de afecto lo que la distancia, sino el peso de lo que ocurrió con las cartas. Esa traición, aunque no se mencione explícitamente, ha dejado una herida que ambos sienten. Él admite su error sin excusas, consciente de que actuó mal, pero aclara que no pretende reabrir la discusión ni justificar nada. Lo único que desea es expresarle que él y sus hijos se quedarán en el palacio, y que estarán allí cuando ella regrese.

La Promesa: El paseo de Adriano y Martina

La noticia ilumina el rostro de Martina por un instante. De verdad se alegra; siente que ese es el mejor lugar para criar a los niños, un entorno estable donde puedan crecer rodeados de afecto y protección. Aun así, él insiste en otro punto que lo inquieta: no quiere que su decisión de marcharse sea consecuencia de algo que él haya dicho o hecho. No soportaría que ella cargara con esa idea.

Martina lo mira fijamente. Le asegura que no se va por su culpa. Lo repite con firmeza, como si quisiera liberar a ambos de cualquier malentendido. Él, sin embargo, muestra sus dudas, recordando lo mucho que criticó a su familia en el pasado, lo que pudo haberla lastimado. Pero ella vuelve a negarlo, explicando que su marcha responde a una necesidad personal, a una especie de llamado interior que no puede ignorar.

Confiesa que siente que ha perdido el compás, igual que en una pieza musical cuando el intérprete ya no distingue si avanza demasiado rápido o demasiado lento. Y cuando uno se descuadra de esa forma, dice, lo único sensato es detenerse, respirar y recuperar el ritmo antes de seguir adelante. Esa metáfora, tan ligada al metrónomo que aún marca un compás invisible, resume mejor que cualquier argumento lo que atraviesa su alma en ese momento: un deseo de reencontrarse consigo misma.

Él entiende entonces que la decisión está completamente tomada, que nada de lo que diga hoy podrá modificarla. Y aunque le duela, respeta ese impulso. Le desea lo mejor en la vida nueva que está a punto de emprender, una vida que quizá la lleve lejos, pero que también podría ser justo lo que necesita para reencontrar su equilibrio emocional y su identidad.

Martina recibe sus palabras con una mezcla de gratitud y nostalgia. Sabe que este adiós no es definitivo, pero tampoco es trivial. Es un punto de inflexión, un espacio donde los caminos se abren en direcciones distintas mientras cada uno intenta comprender su propia melodía interna.