La Promesa: Ángela no se arrepiente de haber disparado a Lorenzo La Promesa 726 | RTVE Series

A veces pienso que no existe en este mundo criatura más pérfida que él. Te lo prometo, Curro, cada vez que aparece parece que el aire se enrarece, como si trajera consigo una sombra que lo envuelve todo. ¿Y sabes qué ha hecho ahora ese desgraciado? Pues nada menos que despertarse esta mañana con la maravillosa idea de cambiar por completo el lugar del banquete y trasladarlo a otra zona de los jardines. Así, sin consultarlo con nadie, sin tener en cuenta el trabajo que supone, como si todo el mundo estuviera esperando sus caprichos. Y por si fuera poco, también ha decidido que quiere una cantidad absurda de invitados, muchos más de los que se habían previsto al principio.

Todo —absolutamente todo— se debe a su obsesiva necesidad de que la boda sea un espectáculo grandioso, una celebración que deje a todos atónitos, el acontecimiento más fastuoso que haya presenciado jamás la futura esposa. Siempre ha disfrutado siendo el centro de atención, eso no es novedad, pero esta vez ha ido demasiado lejos. Y aun así, créeme, eso ni siquiera es lo peor.

Lo más detestable es que ha exigido que todo el personal esté a su disposición en todo momento, como si fuéramos piezas de un tablero que él pudiera mover a su antojo. Ya imagino lo que quiere decir con eso… lo conozco demasiado bien. Quiere humillar, quiere herir, quiere recordarme cada segundo quién tiene el control. Sabe perfectamente que voy a sufrir si tengo que ayudar en la boda y verlo todo desde dentro, presenciar cada detalle, cada risa falsa, cada gesto arrogante. Le encanta torturarme con esas tonterías suyas. Y además, ni siquiera se ha molestado en inventar una excusa convincente para justificar sus cambios. Es un descaro absoluto.

La Promesa: Ángela dispara a Lorenzo

A veces pienso que quizás cometí un gran error al secuestrarlo. Puede sonar contradictorio, pero cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de que lo único que conseguí fue enfurecerlo aún más, como si le hubiera dado una excusa perfecta para desatar toda su crueldad. Te lo digo sinceramente, Curro: no tengo ni idea hasta dónde puede llegar para hacernos daño. Y eso me asusta.

Hay momentos en los que incluso me pregunto si no habría sido mejor dejar que aquella bala entrara en el tambor desde el principio. Pero no, no digas eso. Porque, si así hubiera sido, yo me habría convertido en una asesina. Y créeme que ese pensamiento me atormenta. No paro de revivir el instante en el que sostuve el arma, cuando apunté directamente al capitán. Me aterra recordar cuán cerca estuve de apretar el gatillo. Me horrorizo de pensarlo, y aun así… no puedo arrepentirme del todo.

Sé que lo que siento es una contradicción enorme, pero es la verdad. Porque si Lorenzo hubiera muerto en ese momento, no habría derramado ni una lágrima. ¿Puedes entenderlo? Ese hombre saca lo peor de mí, despierta una rabia tan profunda que ni yo misma reconozco lo que siento. Es como si su sola presencia me despojara de la paz, como si removiera todo lo que intento mantener bajo control.

Todo lo que debes saber sobre los actores de 'La Promesa'

Pero no quiero seguir martirizándome. De verdad intento creer en la justicia, no en la venganza. Por algo estudié Derecho, ¿no? Siempre he pensado que si todos actuáramos bajo la ley del ojo por ojo, el mundo sería una selva sin normas, sin límites, sin humanidad. Por eso, aunque me cueste, agradezco al cielo que hayas tenido la sensatez de impedirme cargar el arma. Sé que fue lo correcto, aunque mi corazón siga dividido.

Escúchame bien, Curro: no tienes por qué arrepentirte de nada. Al contrario, gracias a lo que hiciste nos salvaste a los dos. Puede que tú no lo veas así, pero yo estoy convencida de ello. Y no temas por la rabia del capitán. No ha dicho ni una sola palabra sobre el secuestro delante de mi madre; ni un comentario, ni una insinuación. Y si se atreve a mencionarlo en algún momento, te juro que sabré defenderme. No voy a permitir que use ese incidente para destruirme.

Aun así, no te fíes. Lo conozco bien. Ese hombre es maldad pura, y no dudará en atacarte en cuanto vea la más mínima oportunidad. Hay en él una crueldad fría, casi calculada, que aparece cuando menos lo esperas. Su silencio no es tranquilidad; es solo la calma antes de que vuelva a intentar algo. Y, lamentablemente, sé que lo hará.

Pero pase lo que pase, te lo prometo: no voy a dejar que nos hunda. No esta vez. No después de todo lo que hemos vivido. Y aunque su sombra siga rondando, aunque su amenaza no desaparezca, quiero que sepas que estoy lista para enfrentarme a él. Ya no pienso esconderme, ni callar, ni permitir que siga dictando cada paso de mi vida.