La Promesa – Avance del capítulo 713: Leocadia en peligro: Lorenzo la acorrala

Leocadia en peligro: Lorenzo la acorrala

El episodio 713 de La Promesa (martes 11 de noviembre) se convierte en una auténtica bomba emocional, donde las mentiras, las estrategias y los viejos rencores se entrecruzan hasta envolver a todos los personajes en una red que amenaza con romperse en cualquier momento. En el centro de la tormenta, Leocadia Figueroa, una mujer acostumbrada a controlar las piezas del tablero, se verá acorralada por todos los flancos: por el rigor implacable de Lorenzo, por el derrumbe de su alianza con Pedro Farré, y por un destino que ya no obedece a sus reglas.

Desde el amanecer, la atmósfera en el palacio es densa y expectante. Lorenzo ha regresado de su paseo matutino con una determinación que roza la furia. Su mente, afilada por el resentimiento y el deber, solo repite un nombre: Leocadia. Cuando la encuentra en el corredor alto, la escena se convierte en una batalla silenciosa donde cada palabra pesa como una sentencia. Él la acusa de haber permitido el encuentro entre Ángela y Curro, un gesto que para el capitán representa una traición al orden y la moral de la casa. Ella, fiel a su estilo calculador, intenta disfrazar la maniobra como una estrategia diplomática, un movimiento necesario para “preparar el terreno” hacia una paz que en realidad solo existe en su discurso.

Pero Lorenzo no se deja engañar. La desafía abiertamente, dejando claro que no tolerará más mentiras. Leocadia, lejos de ceder, se mantiene firme, usando la ironía y la frialdad como escudo. Sin embargo, tras su aparente serenidad, late una preocupación real: el capitán ya no es un adversario controlable. Su mirada lo dice todo. La guerra entre ambos acaba de empezar.

Avance semanal de 'La promesa': Lorenzo, a un paso de descubrir el plan  secreto de Leocadia - La promesa

Mientras tanto, la tensión se multiplica en otras alas del palacio. En la cocina, la degradación de Petra sacude los cimientos del servicio. Pía, con una dignidad que mezcla fuerza y dolor, se niega a ocupar el puesto que le ofrecen a escondidas y exige justicia para su compañera. Con palabras firmes, deja claro que los ascensos manchados por la injusticia traen mala suerte. Su advertencia cala hondo, especialmente en Vera, que recuerda una oferta tentadora recibida en secreto. Lope, por su parte, se mantiene en silencio, negándose a ser piedra de ninguna catapulta. Pero Simona lo reta a recordar que la neutralidad también tiene un precio. La cocina, ese corazón del palacio donde todo se cuece y todo se sabe, se convierte en un tribunal donde el miedo y la conciencia se enfrentan cara a cara.

En la fábrica, los ánimos también se tensan. Enora y Toño, incapaces de dejar a un lado sus heridas personales, discuten con amargura frente al motor de Manuel, símbolo del progreso que amenaza con separarles. Manuel, agotado por las disputas, interviene con un tono más dolido que autoritario: “No es el sello ni el retorno lo que se está aflojando. Sois vosotros”. Su frase resuena como un eco trágico de lo que ocurre en toda La Promesa: las grietas no solo están en las paredes, sino en los corazones.

Y esas grietas llegan hasta Leocadia. La mujer que antes parecía invulnerable empieza a notar cómo los muros se desmoronan a su alrededor. Las negativas de los inversores, uno tras otro, son golpes que minan su poder. El motor de Manuel ha triunfado, y con él, su alianza con Pedro Farré se deshace como humo. Las sonrisas con las que responde a los mensajes de rechazo apenas esconden la herida en su orgullo. Por primera vez, la señora de Figueroa siente que el control se le escapa entre los dedos.

Jacobo, obsesionado con descubrir la verdad sobre las cartas de Catalina, decide investigarlas con meticulosidad científica. Leocadia, consciente del peligro que esto supone, intenta adelantarse entregándole documentos, muestras y textos, disfrazando su miedo de colaboración. Pero sus palabras no logran borrar la sospecha del joven, que busca no solo respuestas, sino justicia. El aire entre ambos es tan tenso que podría cortarse con una pluma.

En otro rincón del palacio, el destino de Curro y Ángela sigue pendiendo de un hilo. La pasión contenida entre ambos se mezcla con la culpa y el miedo. En un encuentro cargado de melancolía, confiesan sin decirlo que siguen amándose, aunque cada palabra los aleje más. “Estoy aprendiendo a estar sin ti contigo”, dice él. Ella, entre lágrimas que no caen, responde: “Cuando uno miente a su propio corazón, cobra peaje a todo lo que ama alrededor”. Su conversación es una despedida disfrazada de aceptación, un amor imposible que sangra en silencio.

Martina, por su parte, siente que el peso de las verdades ocultas empieza a aplastarla. Sueña con un mundo donde todo lo que callan se pone a hablar. Y despierta con la certeza de que ya no pueden sostener la mentira sin perderse en ella. Su complicidad con Curro se convierte en un pacto tácito de resistencia ante lo inevitable.

En la cocina, Simona, Candela y Vera trazan un plan para desenmascarar al traidor que filtra información a los señores. No buscan venganza, sino verdad. Preparan una trampa sutil: un pedido inventado, un rumor falso, un cebo para quien no puede resistir la tentación de hablar de más. “No es una trampa”, dice Candela, “es una prueba”. Lope, siempre prudente, acepta no estorbar. Todos saben que, cuando la verdad se revela, alguien saldrá herido.

Mientras tanto, Leocadia sube las escaleras al final del día sintiendo que la suerte, esa vieja aliada, empieza a darle la espalda. Sabe que el éxito de Manuel amenaza su posición y que Lorenzo no se detendrá hasta verla caer. Pero también sabe algo más: aún tiene armas, y la más peligrosa de todas es su capacidad para convertir cada derrota en un nuevo movimiento. “No pueden matarte si sigues respirando como si nada”, se repite frente al espejo. Y respira.

La mañana del 11 de noviembre la encuentra de pie, serena y lista para el contraataque. Lorenzo vuelve a buscarla, decidido a ponerle fin a su juego. La enfrenta sin rodeos, acusándola de manipular los hechos. Ella responde con elegancia envenenada: “En esta casa manda quien sabe salvarla de sí misma”. Las palabras caen entre ambos como guantes de duelo. Jacobo, testigo involuntario, siente que lo que tiene en las manos —las cartas de Catalina— ya no son simples pruebas, sino piezas de un conflicto mayor.

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En la Casa Grande, la tensión se palpa en cada rincón. Los rumores de la despensa falsa llegan a los señores, confirmando que la trampa ha funcionado. Simona y Candela intercambian una mirada silenciosa: han descubierto más de lo que esperaban. Pero Pía, firme y lúcida, pide calma. “Lo que empecemos hoy deberá poder mirarse a los ojos mañana”. En sus palabras vibra la voz de la razón en medio del caos.

El día termina sin estallidos, pero con un silencio cargado de presagios. Cada personaje comprende que nada volverá a ser igual. Leocadia siente los colmillos del peligro en el cuello: Lorenzo la acecha con la justicia, y el fracaso económico la amenaza con el descrédito. Lorenzo, creyéndose justo, no nota que su rabia lo convierte en verdugo. Jacobo busca la respiración de la verdad entre líneas. Curro y Ángela siguen encadenados a su amor prohibido. Martina intenta sostener la esperanza en la oscuridad. Pía defiende lo correcto, aunque le cueste el alma. Y enora y Toño se pierden en un campo de batalla donde el orgullo es más fuerte que el cariño.

El palacio entero respira un aire nuevo, pesado, casi sagrado: el de la antesala del desastre. Porque en La Promesa, las guerras no se ganan con espadas, sino con silencios. Y ese martes, mientras el sol se apaga sobre los muros de piedra, todos entienden que lo peor aún está por venir. Leocadia, sola en su habitación, se permite por primera vez sentir miedo. Pero también sonríe. Porque sabe que, incluso acorralada, sigue siendo capaz de convertir su caída en un acto de poder.

Y así termina el capítulo 713: con el palacio en vilo, las alianzas tambaleando, y Leocadia enfrentada a su mayor desafío. No hay vencedores aún, solo supervivientes. Pero una cosa es segura: cuando Lorenzo vuelva a buscarla, no encontrará a una víctima, sino a una estratega herida… y nadie es más peligrosa que una mujer que lucha por seguir mandando en su ruina.