‘La Promesa’, avance semanal: Manuel interviene para impedir la boda de Ángela y Lorenzo

.Manuel interviene para impedir la boda de Ángela y Lorenzo en ‘La Promesa’, avance semanal 1 al 5 de diciembre

La semana amaneció pesada en La Promesa, como si los muros mismos presintieran que algo estaba a punto de quebrarse. El anuncio de la boda entre Ángela y el capitán Lorenzo Valdés ya no podía ocultarse: el vestido casi terminado, la fecha fijada, el personal afanado en los preparativos. Aun así, en cada estancia reinaba más inquietud que júbilo.

En las zonas del servicio, la actividad era frenética. Teresa, recién ascendida a ama de llaves, revisaba interminables listas de mantelería, flores y horarios. Las doncellas iban cargadas de telas y adornos mientras los lacayos pulían vajillas con exactitud casi militar. Pero nadie se atrevía a pronunciar lo evidente: aquella boda era una imposición orquestada por Leocadia, y Ángela parecía ser la única obligada a aceptar su destino.

La joven se movía por los pasillos como una sombra. Todos la felicitaban con sonrisas tensas, pero ella apenas percibía nada. El tiempo se le escapaba, empujándola hacia un altar que no deseaba y hacia un hombre al que temía, mientras su corazón seguía ligado a otro.

Buscando consuelo, acudió a la habitación de su madre. Leocadia la recibió sin levantarse, con una frialdad que contrastaba con el aroma a lavanda del cuarto. Ángela suplicó una vez más que la librara de aquel matrimonio, confesando entre temblores que no amaba a Lorenzo y que su corazón pertenecía a Curro. Leocadia, implacable, le recordó que el amor no sostenía hogares ni pagaba deudas, y que el capitán podía darle la seguridad que nunca habían tenido. Aquella vida —insistió— ya estaba decidida. Sin fuerzas para seguir discutiendo, Ángela salió sintiendo que su mundo se derrumbaba.

Manuel interviene para impedir la boda de Ángela y Lorenzo en 'La Promesa', avance  semanal 1 al 5 de diciembre

Mientras tanto, Curro, consumido por la angustia, buscaba desesperadamente una forma de impedir la boda. Acudió primero a Pía, quien reconoció que poco podía hacer contra la voluntad de Leocadia y los señores. Sin embargo, le sugirió que hablara con Samuel y, quizá, también con Manuel. Curro asumió la idea y, tras obtener el apoyo de su hermano, decidió pedir ayuda al heredero.

En ese momento, Manuel lidiaba con sus propios problemas. Toño le confesó que Enora había abandonado la investigación sobre los negocios turbios de don Lisandro y don Luis para concentrarse únicamente en el nuevo motor, algo que decepcionó profundamente al joven Luján. Pero sus preocupaciones se multiplicaron con la inminente boda de Ángela, un evento que le despertaba un mal presentimiento.

Cuando Curro se presentó en su despacho, Manuel lo escuchó con atención. El muchacho, al borde del desbordamiento, confesó que amaba a Ángela y que la boda era el resultado de presiones y amenazas de Lorenzo, además de la manipulación de Leocadia. Curro pidió a Manuel que interviniera, recordándole su sentido de la justicia. Tras una reflexión cargada de recuerdos dolorosos, Manuel accedió: haría todo lo posible para impedir aquel error.

Mientras las decisiones se fraguaban en la planta noble, en las cocinas también hervían emociones. El regreso de Lope, autorizado para encargarse del menú del banquete, trajo un destello de alegría entre tanto caos. A la vez, Petra, Vera y Simona continuaban investigando al misterioso ladrón de recetas que acechaba a Madame Cocotte.

En otras estancias, Ángela buscó refugio en Martina, a quien confesó su miedo visceral al futuro que la aguardaba. La joven marquesa, atrapada también entre tensiones familiares, le recordó que Manuel era sensible a las injusticias y que Curro lucharía por ella.

El ambiente se tornó aún más confuso con la llegada inesperada de Carlo, el padre del hijo de María Fernández. Su presencia desestabilizó a la doncella, reavivando heridas y tensiones con Samuel. Mientras tanto, Teresa anunciaba que no habría libranzas ni gratificaciones hasta después de la boda, lo que encendió el descontento entre los trabajadores.

Llegó por fin el día de la celebración. El palacio brillaba con sus mejores galas, aunque el cielo nublado parecía presagiar desgracias. Ángela, vestida con un traje deslumbrante que para ella era una prisión de encaje, se dejó preparar en silencio. En otra habitación, Manuel repasaba la estrategia acordada con Curro: revelar la verdad en el momento adecuado y, si hiciera falta, detener la ceremonia.

La llegada de los invitados llenó el vestíbulo de murmullos y perfumes. Lorenzo, orgulloso y satisfecho, saludaba con aire triunfal. Leocadia recibía elogios mientras una inquietud creciente le roía por dentro.

En el salón, todo estaba dispuesto. Curro se mantuvo atrás, con el corazón en un hilo, mientras Manuel ocupaba su lugar entre los asistentes. Cuando Ángela apareció en la entrada, blanca y frágil como una aparición, el tiempo pareció detenerse.

La ceremonia avanzó hasta el momento crucial. Lorenzo aceptó sin dudar. Luego, el oficiante se volvió hacia Ángela. Ella titubeó, incapaz de pronunciar un “sí” que la condenaba. Curro dio un paso, pero Manuel lo contuvo. Entonces, el heredero vio el gesto imperceptible pero autoritario de Lorenzo, presionando la mano de la joven para forzar su respuesta. Y eso fue suficiente.

Manuel interviene para impedir la boda de Ángela y Lorenzo en 'La Promesa', avance  semanal 1 al 5 de diciembre

Manuel avanzó decidido.

—Un momento —interrumpió, proyectando su voz entre los invitados.

Los murmullos estallaron. Leocadia palideció. Lorenzo intentó frenar la situación, pero Manuel insistió en que no permitiría que la boda siguiera sin aclarar si la novia aceptaba por voluntad propia. Invitó a Ángela a hablar con total libertad y a decir si había sido obligada.

Un silencio absoluto se adueñó de la sala. Ángela vaciló, atrapada entre la mirada amenazante de Lorenzo, la negativa silenciosa de su madre y la esperanza firme que veía en Curro. Por primera vez, sintió que tenía un mínimo espacio para decidir.

—Yo… —logró decir.

Y justo cuando iba a continuar, la puerta se abrió de golpe. Una figura irrumpió, jadeante, gritando:

—¡Detengan esa boda!

El salón entero quedó paralizado. Y aunque el caos apenas empezaba, Manuel comprendió que su intervención solo había sido el primer paso hacia una verdad imposible ya de ocultar.