LA PROMESA – BOMBAZO: Martina CONFIESA que ya NO AMA a Jacobo… y se ACERCA peligrosamente a Adriano
Prepárense para presenciar uno de los momentos más devastadores y emocionalmente crudos que hemos visto en La Promesa
Lo que está a punto de ocurrir no solo destruirá un matrimonio que ya estaba tambaleando, sino que también sembrará las semillas de una atracción peligrosa y prohibida. Martina finalmente enfrentará la verdad más dolorosa de su vida: ya no ama a Jacobo y quizás nunca lo hizo. Mientras tanto, surge un vínculo inesperado con Adriano, esposo de Catalina, que amenaza con desatar un conflicto aún mayor, poniendo a prueba la lealtad, el honor y el deseo reprimido de todos los involucrados.
Todo comienza una tarde tranquila en el despacho privado de Jacobo, donde Martina revisa los libros contables familiares. La luz del sol atraviesa las ventanas, proyectando sombras sobre los documentos esparcidos sobre el escritorio que alguna vez firmó su suegro para decisiones cruciales. Lo que ella descubre la deja sin aliento: veinte mil pesetas desaparecidas en tres meses, retiradas sistemáticamente bajo la firma de Jacobo. No son gastos menores, sino evidencia de una adicción que amenaza la estabilidad financiera de la familia.
Entre los recibos y facturas, Martina encuentra pruebas devastadoras: apuestas en el Casino de Madrid, préstamos con intereses exorbitantes y registros de clubes de póker exclusivos. Jacobo ha estado arriesgando no solo su dinero, sino el patrimonio familiar destinado a sus hijos. La traición que siente Martina es insoportable, más allá de lo económico: es la mentira, el engaño, la evidencia de un matrimonio basado en apariencias.
Esa noche, durante la cena, la tensión es palpable. Jacobo habla despreocupadamente de supuestas inversiones, mientras Martina lo observa con una mezcla de ira y decepción. Finalmente, no puede contenerse: exige explicaciones sobre el dinero perdido. Jacobo intenta minimizar el asunto y menospreciar su preocupación, replicando con condescendencia que son “asuntos de hombres”. Pero Martina ya no acepta sus evasivas. Con los documentos sobre la mesa, lo confronta con evidencia irrefutable de su adicción y traición. La discusión se intensifica, revelando un abismo emocional que nunca habían querido enfrentar.

Jacobo acusa a Martina de espiar, mientras ella le recrimina su irresponsabilidad y falta de honor. Él intenta justificarse, pero sus palabras son punzantes y revelan lo poco que alguna vez entendió a su esposa. Martina, con una calma aterradora, confiesa lo que lleva tiempo reprimiendo: no lo ama. Su matrimonio fue un acuerdo vacío, sin amor real desde el principio. La revelación deja a Jacobo sin palabras y marca un antes y un después en su relación. Esa noche duermen separados, conscientes de que algo irreparable ha ocurrido.
A la mañana siguiente, Martina se encuentra en el jardín, buscando claridad. Observa a Adriano cuidando con ternura a sus hijos, un acto de devoción que despierta sentimientos que nunca experimentó en su matrimonio. La admiración por la forma en que ama a Catalina se mezcla con una atracción inesperada hacia él, aunque ambos saben que no deben cruzar la línea. Con el tiempo, Martina comienza a pasar más tiempo con Adriano y los bebés, primero por coincidencia, luego por un vínculo que se fortalece de manera natural. Sus visitas se vuelven casi imprescindibles, y ella descubre en él un lado humano y compasivo que la conmueve profundamente.
Un día, mientras los bebés están enfermos, Martina ofrece quedarse con ellos para que Adriano descanse. La escena íntima y doméstica los acerca emocionalmente, y ambos sienten la intensidad de un momento que podría romper sus límites, aunque finalmente se detienen por respeto a sus circunstancias. La tensión entre lo que sienten y lo que deben hacer es palpable: Adriano ama a Catalina y Martina comprende que no puede interferir.
Martina toma una decisión radical: necesita alejarse. Escribe una nota a Adriano explicando que se irá de la Promesa para reencontrarse a sí misma y curar sus heridas, dejando claro que no espera nada de él. Su objetivo es liberarse del matrimonio fallido y del dolor, priorizando su propia sanación. Busca a Alonso para pedirle apoyo y su permiso para trasladarse temporalmente a Madrid, donde se quedará con su prima. Su determinación es firme, aunque su corazón aún está afectado por lo que ha vivido.
Antes de partir, Martina enfrenta a Jacobo por última vez. Le aclara que no hay amante, solo una necesidad de liberarse de un vínculo tóxico. Jacobo, consumido por su orgullo y celos, amenaza y acusa, pero Martina se mantiene firme, demostrando dignidad y claridad. Explica que su matrimonio murió mucho antes de la aparición de Adriano, y que la separación es lo mejor para ambos. Jacobo reacciona con furia, pero ella no se deja intimidar. Su partida marca un punto de inflexión: Martina toma control de su vida y de su destino, dejando atrás un pasado doloroso y sin amor.
En Madrid, seis meses después, Martina ha florecido. Trabaja en el negocio familiar de telas importadas, ha desarrollado amistades y ha descubierto su independencia y talento. Es una mujer segura y auténtica, dedicada a su propio crecimiento. La vida le ha enseñado que la felicidad requiere acción, no resignación.

La historia da un giro cuando Jacobo aparece inesperadamente en Madrid. Ha enfrentado sus propios demonios: tratamiento por su adicción, confrontación con Manuel y una reflexión profunda sobre su conducta. Trae consigo los papeles de divorcio ya firmados, cumpliendo finalmente la promesa que antes había negado. Ambos reconocen sus errores y firman la separación con respeto mutuo. La escena muestra un cierre con madurez, dejando atrás el resentimiento y abriendo la puerta a nuevas vidas independientes.
Martina ha aprendido a valorarse, a priorizar su bienestar y a comprender lo que necesita antes de amar a alguien más. Adriano sigue con Catalina y sus hijos, y Martina, liberada de las cadenas de un matrimonio fallido, elige la independencia y la autenticidad. La narrativa demuestra que la honestidad, la integridad y la autodeterminación pueden brindar dignidad incluso en las situaciones más dolorosas.
Finalmente, un año después, Martina regresa a la Promesa para una boda familiar. Observa a Adriano y Catalina, felices y juntos, y siente alegría genuina por ellos. La aceptación y el respeto predominan, mostrando que es posible encontrar paz y libertad emocional sin sacrificar la moral ni la integridad. El episodio cierra con la sensación de que, aunque el amor no siempre salva matrimonios, la honestidad y el honor pueden dar sentido y cierre incluso en las experiencias más dolorosas.
Martina y Jacobo encontraron la madurez para poner fin a su unión sin amor, mientras que el vínculo que pudo surgir con Adriano se mantuvo en los límites del honor. La historia refleja que la verdadera libertad y felicidad requieren coraje y autoconocimiento, y que a veces alejarse es la única forma de encontrarse a uno mismo y abrirse al futuro.