‘La Promesa’ capítulo 723: Curro secuestra a Lorenzo: venganza imparable

Curro secuestra a Lorenzo: venganza imparable

¡La tensión estalla en La Promesa! Curro, al borde del agotamiento tras la humillación de Lorenzo y desesperado por impedir que Ángela sea forzada a un matrimonio, decide cruzar un límite del que no hay retorno: ataca al capitán y lo encierra en una habitación secreta del palacio, provocando la desaparición más impactante que haya sacudido la finca. Mientras tanto, Manuel presiona a Enora, Martina pospone su partida, María Fernández se distancia de Samuel, y las cocinas hierven con el fenómeno de Madame Cocotte. Toda La Promesa se pregunta: ¿qué ha hecho Curro… y qué pasará cuando descubran la verdad?

La noche caía sobre el palacio con un silencio extraño, eléctrico, como si las paredes presintieran la catástrofe. Curro caminaba por los pasillos con las manos temblorosas, entre rabia y miedo. La humillación de Ángela en el salón se repetía en su cabeza: la altivez de Lorenzo, la autoridad de Leocadia, la resignación de Ángela. La boda se celebraría cuanto antes, había dictado Leocadia. Ángela no dijo nada, pero sus labios temblorantes lo dijeron todo. Curro sintió un golpe directo al pecho. Intentó contener la furia: “No puede obligarla. Ángela no es una mercancía”, le espetó a Lorenzo, quien lo despreció abiertamente, recordándole que en esa casa manda la sangre y el apellido.

En otra parte del palacio, Manuel confrontaba a Enora sobre documentos sospechosos: contratos, movimientos de dinero, firmas que la implicaban. Enora se defendió con sinceridad, negando cualquier acción consciente de traición. Manuel, entre la necesidad de certezas y la culpa por desconfiar, salió dejando a Enora con la herida de la desconfianza abierta. Mientras tanto, Ángela se enfrentaba a su madre: la boda con Lorenzo se acercaba, y Leocadia insistía en la “realidad” del mundo, en la supervivencia por encima del amor. Ángela, sin embargo, sentía por Curro un vínculo imposible de ignorar.

Avance de 'La Promesa' del miércoles 26 de noviembre

Curro, incapaz de tolerar la idea de que Ángela fuera sometida a Lorenzo, pasaba la noche recorriendo los pasillos, reviviendo la injusticia y la impotencia. Cada imagen de Ángela caminando hacia el altar lo llenaba de rabia. Al amanecer, vio a Lorenzo solo, rumbo a los establos. Siguiéndolo a distancia, halló su oportunidad. Lo enfrentó, le recordó que Ángela no le pertenecía, pero Lorenzo, confiado, lo despreció. Entonces, impulsado por la furia, Curro lo derribó con un golpe de un objeto pesado y, con un esfuerzo titánico, lo arrastró hacia la habitación secreta que conocía.

Allí, entre polvo y mantas viejas, Curro dejó a Lorenzo semiinconsciente. Con voz firme le advirtió: “No vas a salir hasta que entiendas que no eres dueño de la vida de nadie. Ángela estará a salvo”. Cerró la puerta, dejando al capitán atrapado, y contempló sus propias manos ensangrentadas, preguntándose si había cruzado la línea de la que no podría volver.

La noticia de la desaparición de Lorenzo corrió como un rumor febril por el palacio. Criados y señores notaron su ausencia. Alonso, preocupado, indagó sin resultados. Los cuchicheos reemplazaron a las conversaciones sobre Madame Cocotte. En las cocinas, Simona y Candela comentaban cómo la vida seguía con su ritmo absurdo mientras el drama crecía en silencio: el capitán desaparecido y la tensión en los pasillos contrastaban con la rutina de los platos y la repostería.

Ángela, aún afectada por la boda inminente y la noche previa, encontró a Curro en los pasillos. Su sorpresa se mezcló con miedo al notar los nudillos enrojecidos y magullados de él. Curro intentó desviar la conversación, centrado en protegerla, pero la joven, con miedo y esperanza, preguntó qué había hecho. Él solo pudo responder con determinación: hará lo que sea necesario para que no vuelva a sufrir por Lorenzo. Ambos compartieron un instante cargado de emociones, prohibido y tenso.

Mientras tanto, Lorenzo comenzaba a comprender la gravedad de su situación. Desde el catre de la habitación secreta, la impotencia le golpeaba con más fuerza que el dolor físico. Sus amenazas y gritos rebotaban sin respuesta; por primera vez, no tenía control. En otra parte del palacio, la rutina continuaba: Simona, Pía y Candela observaban con mezcla de incredulidad y sarcasmo cómo los horrores personales coexistían con la trivialidad de las cocinas.

La Promesa Avance - ¡Curro secuestra a Lorenzo!

Martina, por su parte, decidió quedarse con los bebés, sintiendo un propósito mayor que cualquier conveniencia. Alonso aconsejaba a Manuel sobre la prudencia y la desconfianza, recordándole que las trampas y engaños podían hacer que la buena fe fuera un peligro. Todos los personajes, atrapados en sus dilemas, se movían como piezas de un tablero de intrigas, mientras Curro, aislado y atormentado por sus acciones, empezaba a forjar un camino peligroso: el de la venganza y la justicia a su manera.

En el palacio, la desaparición de Lorenzo desató la inquietud y las sospechas. Nadie sabía dónde estaba ni quién podía haber intervenido. Los criados se alarmaban, los señores desconfiaban, y cada rumor hacía crecer la tensión. Mientras tanto, Curro evaluaba sus pasos, consciente de que su impulso lo había llevado a cruzar un umbral sin retorno. La pregunta que lo perseguía: ¿hasta dónde estaba dispuesto a llegar?

En La Promesa, las lealtades se pondrán a prueba y los afectos se reorganizarán. Curro, que alguna vez fue solo un muchacho temeroso, se está transformando en un hombre capaz de desafiar el poder y tomar decisiones extremas por amor y justicia. Su venganza ha comenzado, pero aún queda por ver si será su salvación o su condena. Mientras la tormenta silenciosa se despliega, solo el tiempo revelará hasta dónde puede llegar la determinación de un corazón dispuesto a todo para proteger a quien ama.