‘La Promesa’ capítulo 727: Carlo Castejón, el padre del bebé de María

‘La Promesa’ incorpora nuevas caras: Carlo Castejón, el padre del bebé de María, avance capítulo 727 (1 de diciembre)

El lunes amaneció en La Promesa con una calma inquietante, como si el palacio contuviera la respiración. El frío mordía los setos y el sol se resistía a asomarse tras los montes, y aunque todo parecía normal, la tensión flotaba en el aire: mezcla de celebración y amenaza. La semana anterior había terminado con un disparo que nunca sonó y con un hombre que parecía imposible de derribar. Lorenzo de la Mata recorría los pasillos con su sonrisa implacable, fortalecido por la certeza de que incluso la muerte parecía esquivarlo. Ángela, en cambio, despertaba con un peso en el pecho, sintiendo que cada paso la acercaba a un abismo del que quizá no habría retorno.

Esa mañana no fue distinta. Al abrir los ojos, Ángela apenas reconoció su entorno: la habitación, el crucifijo en la pared, su vestido de trabajo, y junto a él, el sencillo atuendo que Leocadia había mandado preparar “para las visitas previas al enlace”. Ni un vestido de novia, solo la evidencia de que para Lorenzo no era un matrimonio, sino un trofeo más que añadir a su colección.

Un golpe en la puerta la sobresaltó y, sin esperar respuesta, Lorenzo entró. Su presencia imponía, incluso sin uniforme de gala. Con una sonrisa que no alcanzaba a los ojos, le recordó que, pase lo que pase, seguiría siendo su prometida y pronto su esposa. Ángela pidió respeto por su dignidad y su trabajo, pero Lorenzo respondió con dureza: su dignidad ya había sido entregada con el compromiso y no había otra salida. Al marcharse, dejó una orden clara: arreglarse, pues la boda contaría con caras nuevas y debía ser perfecta. Ángela supo que rezar ya no bastaba: debía actuar, y su madre era la única capaz de ayudarla.

La Promesa' incorpora nuevas caras: Carlo Castejón, el padre del bebé de  María, avance capítulo 727 (1 de diciembre)

Mientras tanto, en las cocinas, Simona y Candela enfrentaban el caos de los preparativos. El menú y la logística parecían imposibles de cumplir, y Simona tuvo una idea: traer de vuelta a Lope podría salvar la situación. Su habilidad en la cocina era esencial y, quizás, la excusa perfecta para devolver algo de luz al palacio en medio de tanta oscuridad. Candela dudaba, pero aceptó la estrategia, consciente de que cada detalle contaba para que la boda alcanzara la perfección exigida por Lorenzo.

Vera y Lope, por su parte, investigaban a Madame Cocotte, la misteriosa cronista de la casa. Sabían que alguien dentro del palacio filtraba secretos con precisión, y Petra, la encargada de las cuentas y movimientos internos, les confirmó que Madame Cocotte no era un simple chismoso: conocía cada detalle del palacio y de sus habitantes. La tarea de descubrir su identidad era más compleja de lo que parecía, pues se movía entre los márgenes, entre quienes no encajaban del todo ni arriba ni abajo.

Martina y Jacobo enfrentaban otra tensión. Jacobo buscaba respuestas sobre su relación con ella y sobre el peso del apellido que lo unía a Lorenzo. Quería enmendar errores pasados y construir algo sólido con Martina, pero ella aún temía que su futuro estuviera condicionado por las decisiones de otros, por la amenaza de Lorenzo y las injusticias que marcaban la casa. La conversación quedó pendiente, con promesas de reflexionar antes de tomar cualquier decisión definitiva.

En otro lugar, Adriano reprendía a Jacobo por su inexperiencia en las labores del campo, recordándole que la tierra y sus habitantes no eran números en un papel. La lección era dura: para estar a la altura de su apellido, Jacobo debía aprender a escuchar y a respetar a quienes conocían la vida real más allá de títulos y privilegios.

Mientras tanto, en la antesala del comedor, Cristóbal revisaba la llegada de nuevos miembros del servicio: Felipe Hernández y Carlo Castejón. La incorporación de extraños siempre traía consigo secretos, heridas y ambiciones ocultas, y María sintió un vértigo especial al escuchar el nombre de Carlo. Su corazón volvió al pasado, recordando la feria donde se conocieron, los besos robados, las cartas sin respuesta y la desaparición inesperada de él. Verlo allí, sonriendo, le provocó una mezcla de sorpresa y miedo.

Samuel observaba en silencio, consciente de la tormenta que se avecinaba. María había decidido enfrentar la verdad: debía hablar con Carlo sobre el hijo que esperaba. Cuando finalmente se encontraron, el tiempo pareció detenerse. María le confesó su embarazo y la paternidad de Carlo, dejando suspendidas las palabras en el aire. Carlo quedó mudo, incapaz de procesar la revelación de inmediato. María, sin exigir promesas ni compromisos, solo buscaba la verdad para que su hijo no naciera envuelto en mentiras. Samuel, aunque presente, comprendió que esta era una conversación que María debía afrontar sola.

La Promesa, avance del capítulo 727 este lunes 1 de diciembre: María  Fernández se reencuentra con

En la habitación de Ángela, la joven enfrentaba a su madre, Leocadia, pidiéndole ayuda para evitar un matrimonio con Lorenzo. Leocadia, atrapada entre la protección y la obediencia, le recordó que la seguridad y la supervivencia a veces requerían sacrificios. Ángela, decidida, entendió que no podía depender solo de su madre: debía buscar aliados fuera de lo obvio.

Curro, desesperado, confesó a Pía su impotencia frente a Lorenzo y su temor por Ángela. Pía le aconsejó elegir bien sus aliados, recordándole que no estaba luchando solo y que la verdad debía abrirse camino entre quienes podían enfrentarse a la injusticia. Así, Curro decidió buscar apoyo, comenzando con Manuel y cualquier otro que estuviera dispuesto a actuar antes de que la boda consolidara la opresión de Lorenzo sobre Ángela.

Vera y Lope confrontaron a Petra sobre Madame Cocotte, descubriendo que la misteriosa cronista observaba desde las fronteras del palacio, atenta a los movimientos de todos. Nadie era lo que parecía, y los secretos del hogar debían ser abordados con cuidado. Petra confirmó que Madame Cocotte conocía el peso de cada apellido y cada decisión importante dentro de la casa.

Al caer la tarde, el palacio vibraba entre tensiones y preparativos. Martina seguía indecisa, Jacobo reflexionaba sobre la tierra y sus responsabilidades, Vera trazaba estrategias, Curro buscaba aliados, Ángela se movía con cautela y María se preparaba para enfrentar a Carlo. Lorenzo, ajeno a los planes que se cocían a su alrededor, brindaba por su boda, sin imaginar que los hilos invisibles entre quienes lo temían empezaban a tensarse en su contra.

La Promesa entraba en la recta final de su cuarta temporada, y nada permanecería intacto: ni las bodas forzadas, ni los secretos, ni los padres que dudaban, ni los hijos por nacer. La jornada había terminado, pero la verdadera tormenta apenas comenzaba.