‘La Promesa’ capítulo 727: Manuel contra Lorenzo: el duelo que puede cambiar la boda de Ángela
🔻 SPOILER: Manuel contra Lorenzo: el duelo que puede cambiar la boda de Ángela 🔻
Manuel contra Lorenzo: el duelo que puede cambiar la boda de Ángela
El episodio 728 de La Promesa, previsto para este miércoles 3 de diciembre, viene cargado de tensión contenida y decisiones que pueden modificar por completo el destino de varios habitantes del palacio. La chispa que enciende la mecha es el descubrimiento de Manuel: tras escuchar las confesiones de Curro, el heredero decide enfrentarse a Lorenzo, abriendo un conflicto que amenaza con desestabilizar toda la casa.
Mientras tanto, Ángela, incapaz de soportar la presión de un enlace que no desea, se derrumba en brazos de Martina. Ella intenta ofrecerle un refugio en medio de la tormenta, pero ni siquiera su presencia logra disipar el sentimiento de encierro que la consume.
El ambiente en La Promesa no amanece tranquilo: se percibe una calma tensa que anticipa que algo, tarde o temprano, va a romperse. Ni los preparativos de la boda ni el trajín del servicio explican del todo esa inquietud silenciosa; la verdadera causa es esa sensación colectiva de que alguien está a punto de cruzar un límite irreversible.
Ángela pasa las horas previas al amanecer en vela, asfixiada por un miedo que no consigue apartar. Busca refugio en un salón semivacío para intentar recomponerse, pero la llegada de Martina desmonta sus frágiles defensas. Lo que comienza como una conversación prudente termina convirtiéndose en una confesión dolorosa: Ángela admite que se siente atrapada, que su madre ha dejado de escucharla y que Lorenzo la intimida hasta paralizarla.
Martina, consciente de la gravedad de lo que oye, se compromete a ayudarla. Aunque no tiene un plan definido, sí tiene claro que Ángela no puede afrontar sola una situación tan injusta.
En paralelo, Jacobo y Adriano protagonizan otro estallido emocional. Sus discusiones, cada vez más frecuentes, acaban arrastrando a Leocadia, que lejos de apaciguar la disputa, aviva todavía más el malestar. Martina, al cruzarse con los ecos del enfrentamiento, comprende que nada en la casa está en equilibrio. Pero aun así, la batalla que debe priorizar es la de Ángela.
En las cuadras, Curro reúne el valor necesario para hablar con Manuel. Le confiesa su amor por Ángela y el tormento que supone verla obligada a casarse con Lorenzo. También le revela el temor que él mismo siente por el capitán, que lo humilla y lo presiona desde hace tiempo. La reacción de Manuel es inmediata: promete que ni él ni Ángela seguirán desamparados.
Al escuchar todo lo que Curro ha callado durante semanas, Manuel decide actuar. La desigualdad de fuerzas no lo frena: está dispuesto a interponerse entre su hermano y Lorenzo, por mucho que ello suponga desafiar a un hombre peligroso.
Cuando finalmente se encuentran, el choque entre ambos es inevitable. Manuel, con una firmeza inédita, declara que la boda no puede seguir adelante. Lorenzo, sorprendido pero altivo, intenta desmontar sus argumentos recurriendo a jerarquías y obligaciones. Sin embargo, Manuel insiste: no permitirá que una mujer sea obligada a casarse bajo su techo. El pulso que se establece entre ellos deja claro que ninguno piensa retroceder.
Lejos de los salones, María Fernández vive su propio conflicto al reencontrarse con Carlo, el hombre que podría ser el padre del hijo que espera. La llegada del joven lacayo la deja descolocada. Aunque él intenta acercarse con respeto, María no puede evitar sentirse abrumada por la conversación que se avecina. Samuel, siempre atento, le brinda apoyo y la anima a enfrentar sus miedos cuando se sienta preparada.
En la cocina y las dependencias del servicio, los problemas adoptan otra forma. Teresa anuncia un incremento de trabajo debido a la boda, mientras Cristóbal se niega a ofrecer compensaciones. Sin embargo, accede al regreso temporal de Lope, lo que da un pequeño respiro al equipo.
Paralelamente, Petra, Vera y Lope continúan investigando el misterioso robo de recetas que lleva semanas creando desconcierto. Aunque todavía no encuentran pruebas concluyentes, cada uno mantiene los ojos bien abiertos en busca de cualquier pista que los acerque al responsable.
En el taller, Enora vuelve a chocar con Manuel debido a las mejoras del motor en las que trabaja. Él le exige que centre sus esfuerzos en investigar a don Lisandro, un inversor que le inspira desconfianza. Aun así, la joven mecánica se siente incapaz de abandonar un proyecto que considera revolucionario. Por ello, convence a Toño para seguir realizando pruebas en secreto, confiando en que, llegado el momento, Manuel comprenderá que sus avances valen el riesgo.

Conforme avanza el día, todos parecen caminar sobre una cuerda floja. Cada cual lucha con sus propios dilemas, aunque todos son, en mayor o menor medida, consecuencia de un sistema rígido que no da espacio a la libertad.
Ángela y Curro se cruzan en un pasillo, intercambiando una mirada que dice más que cualquier conversación. Ambos reconocen que el tiempo se agota y que sus sentimientos, reprimidos durante semanas, ya no pueden esconderse. Aun así, ella le pide que no digan nada por miedo a derrumbarse.
La tensión entre Manuel y Lorenzo, entretanto, se convierte en el centro gravitacional de todo lo que ocurre en la casa. Sus palabras —cortantes, precisas, peligrosas— marcan el inicio de una disputa que podría fracturar alianzas y redefinir el rumbo de la familia Luján.
Cuando cae la tarde y las lámparas comienzan a iluminar los pasillos, cada personaje queda atrapado en su propia decisión. Pero es el enfrentamiento entre Manuel y Lorenzo lo que resuena con más fuerza: un desafío que, por primera vez, coloca a Manuel del lado de la justicia y de los que no tienen voz.
Sin que ninguno lo confiese abiertamente, todos perciben que algo está a punto de romperse. Y cuando lo haga, nada volverá a ser igual en La Promesa.