La Promesa: Curro y Ángela: Lorenzo destruye la boda secreta de Leocadia

Curro y Ángela: Lorenzo destruye la boda secreta de Leocadia

La jornada en La Promesa comenzó con la rutina habitual, pero pronto se transformó en un torbellino de emociones. Ángela se preparaba para una boda secreta con Beltrán, un compromiso que no deseaba y que sentía como una condena. Por su parte, Curro, consumido por el orgullo y los celos, estaba convencido de que la había perdido para siempre. Sin embargo, ninguno de los dos imaginaba que el capitán Lorenzo de la Mata irrumpiría inesperadamente en la lujosa fiesta del duque, denunciando la boda forzada y los oscuros negocios de Leocadia frente a toda la nobleza, desbaratando los planes de la villana.

El salón se llenó de escándalo. Ángela, finalmente, reunió el valor para declarar que nunca quiso casarse con Beltrán; Curro rompió la distancia que había impuesto entre ellos, y el amor que compartían resurgió con fuerza. Mientras tanto, Martina confesó la verdad a Adriano sobre las cartas, Samuel lidiaba con su miedo de perder a María, y Lope y Vera lograban atrapar a la enigmática Madame Cocotte en las cocinas. La noche prometía redefinir destinos: ¿lograrían Curro y Ángela estar juntos, o Leocadia convertiría esta victoria en otra pesadilla?

El día amaneció gris y pesado, como si el cielo presagiara los secretos que estaban a punto de estallar. Ángela, sentada en su cama con el vestido sencillo de doncella, sentía un dolor profundo al pensar en la boda. Recordaba el último encuentro con Curro, la frialdad de su mirada y sus palabras duras, que parecían un portazo en el alma. Aunque sabía que lo amaba, sentía que su futuro estaba atado por decisiones que no eran suyas.

Curro, en otro lugar de la casa, caminaba con gesto tenso. El título nobiliario que había recuperado no le daba paz; el peso de su apellido y la distancia con Ángela lo devoraban por dentro. Había querido protegerse a sí mismo, pero ahora la idea de perderla definitivamente lo atormentaba. Observaba los preparativos para la fiesta del duque y se preguntaba si Ángela se casaría sin que él pudiera impedirlo.

La Promesa: El plan de Leocadia para evitar la boda

Martina, en su habitación, lidiaba con el remordimiento. Había engañado a Adriano al enviarle cartas fingiendo ser Catalina, aunque su intención era consolarlo. Sabía que la traición había creado un abismo entre ellos, pero su orgullo y el amor la empujaban a buscar la reconciliación. Mientras tanto, en la cocina, Lope y Vera planeaban atrapar a Madame Cocotte, preparando una trampa con una receta falsa que pondría a prueba la astucia de la misteriosa cocinera.

En el hangar, Manuel, Enora y Toño examinaban piezas de maquinaria, conscientes de que algo extraño ocurría con el proveedor de don Luis. Alonso sospechaba de los tratos de Jacobo, que podrían estar ligados a la boda secreta de Ángela, y la tensión se sentía en cada rincón de La Promesa.

María Fernández se encontró inesperadamente con Samuel en el pueblo, y la conversación sobre su hijo y la posibilidad de casarse surgió de manera inevitable. María decidió que lo más importante era el bienestar del niño, aunque esto significara aceptar posibles renuncias, y Samuel comprendió que debía aprender a amar sin poseer.

La tarde llegó con solemnidad. La familia Luján se preparaba para la fiesta del duque, mientras Leocadia supervisaba los detalles de la boda secreta que había planeado para Ángela y Beltrán. Ángela, por su parte, miraba el vestido blanco dispuesto para la ceremonia y sentía que su vida estaba siendo manipulada. Sabía que no deseaba casarse, pero el miedo y la resignación la habían llevado a aceptar lo inevitable.

La fiesta del duque era un despliegue de lujo y poder. Los Luján hicieron su entrada con elegancia, y entre ellos, Ángela intentaba pasar desapercibida. Todo parecía normal hasta que se escucharon pasos firmes en la escalera: Lorenzo de la Mata había llegado. Su presencia sorprendió a todos y rompió la ilusión de control de Leocadia. Con firmeza, anunció que había descubierto un enlace ilícito y forzado, respaldado por documentos que demostraban la manipulación de la joven.

El salón estalló en murmullos. Cruz, indignada, confrontó a Leocadia, quien intentó mantener la compostura, pero quedó al descubierto. Ángela, liberada de la presión que la había obligado a aceptar el matrimonio, habló por primera vez: nunca quiso casarse con Beltrán. Curro, al escucharla, dio un paso hacia ella, y la frialdad que había impuesto entre ellos se deshizo. Ambos reconocieron los errores y heridas del pasado, y decidieron enfrentar juntos lo que viniera.

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Mientras la tensión en el salón disminuía, en la cocina, Lope y Vera atrapaban a Madame Cocotte, asegurando que la impostora no volviera a amenazar su oficio. La captura simbolizaba no solo justicia, sino también la defensa del trabajo honesto y la dignidad personal.

Lorenzo se aseguró de que Leocadia fuera investigada por fraude y coacción, y la autoridad de Cruz protegió a Ángela, quien por primera vez sentía que podía decidir su futuro. La noche no terminó con bailes ni celebraciones: el verdadero triunfo fue la libertad recuperada y la posibilidad de amar sin imposiciones.

Martina aprovechó un momento para explicarse a Adriano, quien, aunque no otorgó perdón inmediato, mostró disposición a empezar de nuevo sin mentiras. En el salón, Alonso agradeció a Lorenzo por su intervención, reconociendo que la valentía de los justos podía equilibrar los abusos de poder.

Ángela y Curro, al final de la noche, compartieron un momento íntimo en el jardín. Se tomaron de las manos, conscientes de que el camino no sería fácil, pero decididos a enfrentarlo juntos. Samuel permaneció en la capilla, aceptando que su amor por María debía aprender a coexistir con la libertad de ella. En la cocina, Lope y Vera recogían los últimos utensilios, compartiendo un silencio cómodo que parecía abrir nuevas posibilidades.

La madrugada cayó sobre La Promesa, y aunque no todas las puertas se cerraron con seguridad, quedó claro que aquel día había marcado un antes y un después: Ángela había recuperado su derecho a elegir, Curro había recuperado el valor de amar, y la justicia había encontrado su momento en medio de la intriga y los secretos. La Promesa siguió siendo escenario de desafíos, pero aquella noche dejó una sensación de finales más justos, con cicatrices, sí, pero también con un resquicio de felicidad.