La Promesa: ¿Ha acabado Curro con el Capitán? La Promesa 725 | RTVE Series
🔻 SPOILER – “Curro, tengo miedo” 🔻
Curro… No sé ni cómo empezar, porque lo que siento me desborda. Tengo miedo. Un miedo que me cala por dentro, que se me aferra a la piel como si no quisiera soltarme. Y sé que tú intentas calmarme, que me dices que esté tranquila, que es normal sentir miedo después de lo que vivimos. Pero por mucho que lo repitas, no puedo evitarlo. Lo que pasó en ese lugar… ese lugar sigue persiguiéndome incluso ahora que ya no estamos allí. Siento su presencia como una sombra que no se marcha.
No puedo evitar recordar cada detalle. Cada paso que di. Cada respiración agitada. Y sobre todo, el instante en el que crucé aquella habitación. Entré con un objetivo firme, casi obsesivo: evitar que tú… evitar que tú te convirtieras en un asesino. Era lo único que tenía en la cabeza. Todo lo demás desapareció. La luz, el ambiente, los ruidos… nada importaba. Solo existía ese pensamiento. Y sin embargo, al final, fui yo la que terminó cruzando esa línea. Yo, Curro. Fui yo la que estuvo a punto de hacerlo.
No puedo dejar de repetírmelo. Porque cuando apreté el gatillo, yo creía que esa bala estaba ahí. Yo estaba absolutamente convencida de que el arma estaba cargada. Y aun así disparé. No dudé. No pensé en las consecuencias. Dejé que la rabia, el miedo, la desesperación se apoderaran de mí. Y en ese instante, sentí que me perdía a mí misma. ¿Cómo no voy a tener miedo? ¿Cómo no voy a asustarme de lo que fui capaz de hacer?
Pero tú me dices que no me atormente, que no mate a nadie porque, según tú, no había ninguna bala en el tambor. Me lo dices como si eso solucionara todo. Como si el simple hecho de que el disparo no matara a nadie borrara el hecho de que yo estuve dispuesta a hacerlo. Tú intentas restarle importancia. Me dices que no pasó nada. Que no crucé ninguna línea. Pero sí lo hice, Curro. Al menos aquí, en mi cabeza, en mi alma. Yo ya había tomado la decisión de matar. Lo sabes. Y eso es algo de lo que no puedo huir.
Y luego… está lo otro. Ese detalle minúsculo que, al escucharlo, encendió todas las alarmas en mí. Cuando te oí decir “tú no has matado a nadie”. No dijiste “no matamos a nadie” o “nadie murió”. Dijiste tú. Como si hubieras dejado algo fuera. Como si hubiera algo más que no me estás contando. ¿Por qué dijiste eso así? ¿Por qué tu voz cambió en ese momento?
Curro… por favor. Dímelo. Necesito saberlo. No puedo soportar esta duda que me crece en el pecho como un puñal. ¿Por qué lo dijiste de esa forma? ¿Qué ocurrió después de que yo me marchara de ese sitio? Yo salí de allí temblando, con las manos frías, con la mente enredada en mil pensamientos que se golpeaban unos contra otros. Pero tú… tú te quedaste. Y ahora no puedo evitar pensar si hiciste algo.
Porque cuando te pregunto, te quedas callado. Me miras como si no supieras qué decir. Como si lucharas contigo mismo. Y tu silencio me golpea peor que cualquier verdad. Tu silencio me dice que hay algo que temes que yo descubra. Algo que te duele. Algo que quizá te avergüenza. Algo que puede cambiarlo todo.
Curro… ¿lo hiciste tú? ¿Fuiste tú quien terminó lo que yo no llegué a hacer? ¿Fuiste tú quien…?
Dios, solo dímelo. Ya no sé qué pensar. Mírame, por favor. Mírame a los ojos y dime la verdad. Porque no puedo con esta incertidumbre que me desgarra. Porque si realmente hiciste algo, necesito saberlo de tu boca. No quiero descubrirlo por nadie más. No quiero vivir con una mitad de historia.
Y mientras espero tu respuesta, siento que la habitación se hace más pequeña. Que el aire pesa más. Que cada segundo se vuelve insoportable. Recuerdo tu rostro cuando volví a verte, ese gesto extraño que intentabas ocultar. Ahora lo entiendo. Había algo escondido detrás de tus palabras tranquilizadoras. Una verdad incompleta.
Sé que intentas protegerme. Lo sé. Siempre lo has hecho. Pero esta vez no puedes mantenerme al margen. Porque yo también estuve allí. Porque yo también soy responsable de lo que ocurrió. Porque este miedo no va a irse hasta que me digas lo que realmente pasó.
Y entonces ocurre. Te oigo respirando hondo, como si te costara encontrar las palabras. Mueves apenas los labios, y en ese pequeño gesto entiendo que sí, que algo ocurrió. Que hay algo que no he querido ver. Algo que quizá no quería creer.
Mi corazón late tan fuerte que siento que va a romperse. Y tú… tú finalmente murmuras mi nombre, temblando.
Y en ese momento lo sé.
Me lo estás confesando sin necesidad de decirlo con todas las letras.
Lo hiciste tú. Cuando yo me fui, tú te quedaste. Y aquello que yo, cegada por el impulso, no llegué a concretar… tú lo terminaste.
Y ahora estamos aquí, atrapados entre el silencio, la culpa y una verdad que no sabemos si podremos soportar.