La Promesa: Lorenzo tiene a Leocadia comiendo de la palma de su mano La Promesa 721 | RTVE Series

Es que tú no sabes llamar — SPOILER La Promesa

El último capítulo de La Promesa se sumerge en la tensión más pura entre Leocadia y Lorenzo, dejando claro que los conflictos de orgullo, poder y venganza están lejos de resolverse. La escena se desarrolla con un diálogo cargado de reproches y advertencias, donde cada palabra parece un filo dispuesto a cortar cualquier esperanza de reconciliación. La apertura ya marca el tono: “Es que tú no sabes llamar”, le reprocha Lorenzo con irritación, estableciendo desde el primer instante que la relación entre ambos es un campo de batalla verbal. Leocadia, firme y sin vacilar, responde con seguridad, recordándole que su lugar no es en la conversación de negocios ni en los juegos de poder que Lorenzo disfruta manejar, y que su presencia no será tolerada si no hay respeto. La tensión es palpable, y cada línea deja entrever que ni la razón ni la diplomacia tienen espacio en este enfrentamiento.

El motivo de la confrontación es aparentemente trivial: una cena con proveedores para la finca, a la que Jacobo acompañará a Leocadia, pero lo que se esconde debajo es mucho más profundo. Cada acto y cada excusa son capas de un conflicto que combina orgullo, miedo y resentimiento. La forma en que Lorenzo señala que Leocadia se toma la gestión de la Promesa “muy en serio” no es un cumplido: es una crítica velada, un intento de subrayar que su independencia y capacidad de decisión son un desafío para su autoridad. La música que acompaña la escena intensifica la atmósfera, como si cada nota acentuara la incomodidad que late bajo la superficie de la conversación.

La Promesa - La perturbadora propuesta de Lorenzo sobre Ángela

El núcleo del conflicto surge cuando Leocadia llega con un propósito claro: exigir una disculpa que considera necesaria. Lorenzo, arrogante y despectivo, rechaza la idea incluso antes de que pueda formularla, acusándola de delirios y subestimando cualquier gesto de deferencia. La confrontación toma un tono casi absurdo, cargado de ironía amarga: él la acusa de organizar una especie de “oda” para su hija con el único objetivo de impedir la boda, mientras ella colabora con Curro, su aliado en la defensa de Ángela, y lo hace sin esperar recompensa ni reconocimiento. El pedido de disculpas, tan sencillo en apariencia, se convierte en una prueba de orgullo, lealtad y resistencia moral: Leocadia se niega a ceder ante un hombre que ha secuestrado y maltratado a su hija, reafirmando su determinación de protegerla a toda costa.

Lorenzo, por su parte, actúa con la fría arrogancia que lo caracteriza: su intención no es reconciliarse, sino imponer su voluntad, desestimar cualquier argumento y recordarle a Leocadia su posición en la ecuación de poder que él ha creado. Le habla de superar rencores, de “ten un poco de dignidad”, como si la historia de abusos y amenazas pudiera olvidarse con un simple cambio de actitud. La escena se vuelve un choque entre dos mundos: la ética y el instinto protector de Leocadia frente al egoísmo, la violencia y la manipulación de Lorenzo.

En medio de este enfrentamiento, se revela también la estrategia de Leocadia y la preocupación de Lorenzo: la madre de Ángela sigue trabajando con Curro para impedir la boda, y Lorenzo advierte sobre las consecuencias de esta alianza, insinuando que su hija podría estar en riesgo si no se le presta atención a la amenaza que representa el joven. La conversación se convierte en un juego de advertencias veladas, donde cada personaje mide sus palabras con cuidado, consciente de que un movimiento en falso podría cambiar el destino de todos.

El diálogo se intensifica cuando se habla de Beltrán, otro personaje central en la red de alianzas y conflictos. Lorenzo recuerda a Leocadia que eligió a Beltrán por su origen noble, un factor que aparentemente justifica su presencia, pero también subraya que, a pesar de su rango, no pertenece a la casa y, sin embargo, sigue allí, desafiando su autoridad. La insistencia de Lorenzo sobre la expulsión de Beltrán de la casa refleja no solo su necesidad de control absoluto, sino también la tensión creciente entre la autoridad impuesta y la resistencia silenciosa de quienes buscan proteger a Ángela. La referencia a su marcha a Navarra y a los “pimientos del piquillón” agrega un toque de ironía, pero la amenaza implícita sobre cualquier intento de oposición no se diluye: Lorenzo deja claro que no tolerará desobediencia y que cualquier intento de sabotaje será enfrentado con violencia.

La Promesa: Leocadia responde a la petición de Lorenzo

Mientras tanto, la preocupación por los preparativos de la boda se cuela entre la tensión del diálogo. La insistencia de Lorenzo en que se pongan en marcha los preparativos revela que el tiempo es un factor crítico y que cualquier retraso podría favorecer a quienes buscan impedir el enlace. La planificación de la ceremonia se convierte así en un símbolo de poder y control: mientras Lorenzo se concentra en asegurar su dominio sobre la situación, Leocadia y Curro trazan planes para proteger a Ángela y desafiar el destino impuesto por el capitán. La música vuelve a acompañar cada momento de la escena, marcando pausas, silencios y acentuando la sensación de inevitabilidad y peligro.

A lo largo de la conversación, queda claro que ni la diplomacia ni la negociación pueden resolver la tensión entre estos personajes. Cada palabra es medida, cada gesto es un aviso, y la posibilidad de un enfrentamiento más directo se percibe en el aire. Leocadia mantiene su firmeza, consciente de que cualquier señal de debilidad podría ser aprovechada por Lorenzo para imponer su voluntad. Al mismo tiempo, Lorenzo no oculta su desprecio, su arrogancia ni su convicción de que el control está de su lado, creando un duelo de voluntades que mantiene a los espectadores al borde del asiento.

El capítulo logra combinar el drama psicológico con la intriga estratégica: cada personaje actúa con una mezcla de calculo y emoción, y la interacción entre ellos refleja la complejidad de los vínculos familiares, la lealtad y el poder. La tensión entre la protección de Ángela, la autoridad de Lorenzo y el orgullo de Leocadia se traduce en un conflicto que podría estallar en cualquier momento, manteniendo abiertas todas las posibilidades de la trama: desde un secuestro preventivo hasta un enfrentamiento directo que cambie el rumbo de la boda y de la Promesa misma.

En conclusión, la escena nos deja con un claro recordatorio: en La Promesa, los conflictos no se resuelven con palabras amables ni gestos diplomáticos. La tensión entre Leocadia y Lorenzo es el núcleo de una tormenta de emociones, estrategias y desafíos, donde cada acción tiene consecuencias potencialmente devastadoras. La pregunta que queda flotando en el aire es inquietante: ¿hasta dónde llegarán Leocadia y Curro para proteger a Ángela de un capitán dispuesto a todo? Y, en paralelo, ¿qué precio pagará cada uno por sus decisiones cuando la boda se acerque inexorablemente y la presión del tiempo y del poder amenace con desbordar la paciencia de todos?