La Promesa: Making of – La fiesta de Lisandro | RTVE Series
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En este making of exclusivo, el equipo de La Promesa nos invita a recorrer los entresijos de una de las secuencias más complejas y cargadas de tensión emocional: la fiesta organizada por Lisandro.
Lo que en pantalla se percibe como un elegante evento social, repleto de música, risas e invitados refinados, es en realidad el resultado de un trabajo minucioso, coordinado y profundamente técnico que transforma un simple salón en un escenario donde la tragedia, el romance y los secretos se entrelazan con precisión milimétrica.
La fiesta, concebida dentro de la trama como un distractor perfecto para encubrir los planes de Ángela y Beltrán, exigió del equipo artístico un esfuerzo considerable. Desde la elección del vestuario hasta la iluminación y la composición de cada encuadre, todo fue calculado para transmitir la sensación de esplendor superficial que esconde, bajo su barniz festivo, la creciente tensión emocional entre los personajes. Los diseñadores de arte explican que buscaban un equilibrio entre el lujo y la opresión: colores cálidos, lámparas brillantes y una decoración aparentemente alegre contrastan con los gestos inquietos de varios protagonistas, cuyas historias personales amenazan con estallar en cualquier momento.
Uno de los grandes retos para producción fue la coreografía de los movimientos. En una escena multitudinaria, cada extra, cada camarero y cada músico debe seguir un patrón casi matemático para evitar choques, sombras indeseadas o cruces en momentos críticos. El equipo de dirección comenta que, aunque la secuencia dura pocos minutos en pantalla, fueron necesarias horas de ensayos previos para lograr que el flujo de personas transmitiera naturalidad sin comprometer la claridad dramática. El objetivo era claro: hacer visible el caos emocional sin permitir que el conjunto pareciera desordenado.

Entre los momentos más intensos del rodaje destacan las escenas en las que la alegría aparente de la fiesta se quiebra con la irrupción del capitán de la Mata. En el making of, el actor explica que su entrada debía sentirse como un golpe seco, una presencia capaz de cortar el aire y congelar las sonrisas. Para lograrlo, el equipo reforzó el contraste lumínico, disminuyendo ligeramente los tonos dorados del salón e introduciendo sombras más duras que acentuaran la hostilidad del personaje. Cada gesto, cada mirada y cada pausa fueron ensayados hasta dar con la combinación perfecta entre amenaza y control.
La relación entre Leocadia y el capitán recibe un especial enfoque en este detrás de cámaras. La actriz que interpreta a Leocadia describe el rodaje como emocionalmente exigente, pues su personaje transita entre el miedo, la rabia y la impotencia sin perder la compostura externa que la define. El equipo técnico revela que para estas escenas se optó por planos más cerrados, favoreciendo la lectura emocional de los ojos y los silencios. Se buscaba que el público, aunque rodeado del bullicio festivo, sintiera la claustrofobia de la situación.
Mientras tanto, en otra parte del salón, la trama de Manuel y Alonso se desarrolla con un tono distinto. El making of muestra cómo los actores trabajaron con asesores históricos para representar con fidelidad los modales propios de la alta sociedad de la época. Cada conversación, por superficial que parezca, esconde capas de intención política y económica que se reflejan en los gestos más sutiles. Para subrayar este ambiente, el equipo de sonido decidió reducir ligeramente el volumen de la música diegética durante sus diálogos, permitiendo que la tensión verbal sobresaliera sin necesidad de recurrir a artificios dramáticos.
También hay un espacio importante dedicado a la relación entre Martina y Adriano, cuya discusión durante la fiesta es uno de los momentos más emotivos del episodio. En el making of, ambos actores reflexionan sobre la dificultad de interpretar una ruptura sentimental en medio de un evento festivo. El director explica que la elección del lugar —un rincón apartado, iluminado apenas por reflejos del salón principal— fue intencional para simbolizar el aislamiento emocional de los personajes. La cámara, en constante movimiento suave, sigue sus gestos y evita cortes abruptos, reforzando la sensación de un diálogo que podría haber sido la última oportunidad para entenderse.
En las cocinas, la atmósfera durante la fiesta es completamente distinta a la de los salones nobles. El making of nos muestra cómo el equipo recrea la intensidad del trabajo doméstico: ollas hirviendo, órdenes rápidas, platos entrando y saliendo sin descanso. La interpretación del reparto de servicio debía transmitir simultáneamente estrés y disciplina, mostrando el contraste social entre quienes disfrutan de la fiesta y quienes la sostienen desde la sombra. A la vez, la investigación sobre Madame Cocot añade un tono detectivesco que los realizadores comparan con una “subtrama dentro de la subtrama”, donde el humor se mezcla con la intriga.
El rodaje del enfrentamiento entre Curro y Lorenzo también recibe especial atención. En el making of, los especialistas coordinan cada movimiento del golpe, asegurando que la reacción del capitán fuera creíble sin poner en peligro a los actores. Se montaron dos versiones de la escena: una más contenida, y otra más visceral. Finalmente, eligieron la segunda, pues capturaba mejor la explosión emocional de Curro tras tanta humillación acumulada. El equipo coincide en que esta secuencia marca un antes y un después para ambos personajes.
Otro detalle revelado en este behind the scenes se centra en el vestuario. Para recrear la elegancia de la época, el departamento de vestuario reunió telas auténticas, bordados manuales y piezas restauradas. Cada vestido de las damas y cada uniforme del servicio fue diseñado para reflejar no solo el estatus de cada personaje, sino también su estado emocional durante la fiesta. Por ejemplo: los tonos de Ángela, más suaves y románticos, contrastan con los colores más severos de Leocadia, marcando visualmente sus mundos internos.
Finalmente, el making of cierra con imágenes del equipo celebrando el fin de un rodaje especialmente intenso. Entre risas, anécdotas y comentarios técnicos, queda claro que la fiesta de Lisandro, más allá de su función en la trama, fue un desafío que puso a prueba la coordinación de todos los departamentos. Lo que el espectador ve como un despliegue de elegancia y diversión encierra tras bambalinas una maquinaria compleja, donde cada detalle —desde el movimiento de un mesero hasta el brillo de un candelabro— está estudiado para transmitir el drama que define a La Promesa.