La Promesa: Una bonita despedida La Promesa 721 | RTVE Series
¿Qué le el código civil suizo? — SPOILER La Promesa
En uno de los momentos más emotivos de La Promesa, se desarrolla un encuentro cargado de nostalgia, gratitud y despedida entre Ángela y Beltrán, justo antes de que este último se vea obligado a marcharse. La escena inicia con una conversación aparentemente académica, pero que rápidamente revela la cercanía y la admiración mutua que ambos personajes sienten. Beltrán, con su curiosidad intelectual intacta, menciona de manera ligera el código civil suizo, preguntándose por su relevancia y características. Ángela, sorprendida pero complacida, comenta que se trata de un texto jurídico moderno, capaz de equilibrar la defensa del espíritu corporativo con la individualidad de cada persona, mostrando no solo su conocimiento, sino también su pasión por aprender. La referencia a Oen Java, uno de los juristas admirados por Ángela, no es casual: refuerza la idea de que ambos comparten intereses intelectuales y que su vínculo va mucho más allá de lo superficial.
Beltrán, siempre atento, hace un comentario que mezcla admiración y resignación: lamenta que jamás vuelva a estudiar para su carrera, anticipando el rol que el destino le ha reservado al casarse con Lorenzo. Ángela, consciente de la ironía de la situación, sonríe con tristeza, comprendiendo que el futuro académico de Beltrán quedará limitado por las imposiciones de Lorenzo. Sin embargo, ambos encuentran consuelo en la idea de que aún les queda la lectura por placer, un refugio que les permite mantener viva su pasión por el conocimiento a pesar de las adversidades externas.
La conversación se torna más intensa cuando Ángela expresa su pesar por la boda forzada, mostrando empatía hacia Beltrán y la difícil situación en la que se ha visto envuelto. Él, con humildad y nobleza, responde que no es culpa de ella, que todo lo contrario: reconoce el esfuerzo y la dedicación de Ángela y Curro para impedir el enlace con Lorenzo. Este intercambio revela la profundidad de la lealtad y la gratitud mutua: aunque los esfuerzos no hayan tenido éxito, ambos valoran la intención y el compromiso de cada uno. Es un momento que refuerza la humanidad de los personajes, su capacidad de reconocer el bien en los demás incluso cuando los resultados no acompañan.
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Beltrán, consciente de la complejidad de la situación, profundiza en su afecto y admiración hacia Ángela. Reconoce que su intervención no era únicamente por impedir la boda, sino porque realmente creía en la posibilidad de una vida feliz juntos, compartiendo intereses intelectuales y disfrutando de la compañía mutua. La escena resalta cómo el conocimiento y la cultura se convierten en un lenguaje de amor y respeto: leer textos jurídicos de todo el mundo y estudiarlos juntos simboliza no solo un interés académico, sino también la conexión profunda que existía entre ambos, un vínculo basado en la curiosidad, la admiración y la comprensión mutua. Ángela, conmovida, escucha estas palabras y comprende la sinceridad de Beltrán, quien reconoce su brillantez y el valor de su mente en el mundo, reforzando la idea de que cada uno de ellos representa para el otro una inspiración y un ejemplo de nobleza intelectual.
La despedida adquiere un matiz más dramático cuando Beltrán anuncia su marcha, obligada por la autoridad de Lorenzo y por las instrucciones de Leocadia de hacerlo discretamente, “a la francesa”, para evitar conflictos. Ángela, con una mezcla de tristeza y gratitud, insiste en que no podía dejarlo irse sin expresarle su reconocimiento y aprecio. Es un gesto que refleja no solo la conexión afectiva entre ambos, sino también la delicada tensión social y emocional que envuelve sus vidas: las obligaciones, los protocolos y los conflictos de poder limitan sus acciones, pero no pueden impedir la sinceridad de sus sentimientos.
Durante la conversación, se reconoce la valentía de Beltrán, quien ha aceptado involucrarse en una situación peligrosa para proteger a Ángela de un capitán del ejército cruel y manipulador. Ángela, sorprendida por la humildad de Beltrán, insiste en que él no es un simple caballero andante, sino un verdadero héroe moderno que se enfrenta al mal con determinación y ética. Beltrán, con modestia, acepta el título de “caballero andante” pero reafirma que Ángela no es una damisela en apuros: ella misma es una guerrera, una mujer capaz de luchar por sus sueños y enfrentar los desafíos de la vida con valentía y decisión. Este intercambio enfatiza la reciprocidad del respeto y la admiración: no hay paternalismo, solo reconocimiento de la fortaleza y nobleza de cada uno, un rasgo que profundiza la riqueza psicológica de la trama y de los personajes.
El diálogo continúa cargado de emoción cuando Beltrán reconoce la fortaleza de Ángela y le asegura que encontrará la manera de sobreponerse a los obstáculos que enfrenta. Ángela, preocupada, admite que no está segura de si le quedarán fuerzas para continuar su lucha, pero Beltrán, firme y sereno, le garantiza que esas fuerzas surgirán cuando más las necesite. Este intercambio resalta un tema recurrente en La Promesa: la resiliencia y la capacidad de los personajes para enfrentarse a situaciones adversas, encontrando apoyo y motivación en los vínculos emocionales y en la admiración mutua.

A medida que la despedida se acerca a su momento final, Beltrán se ve obligado a partir antes de que Lorenzo regrese, intensificando la sensación de urgencia y peligro. Antes de marcharse, Ángela le dirige palabras sinceras: le desea felicidad en su vida y le asegura que merece lo mejor. Beltrán responde con la misma sinceridad, reafirmando que ningún mérito de su parte supera al de Ángela, mostrando nuevamente el respeto y la igualdad que define su relación. Este cierre emocional deja una sensación agridulce: la despedida es dolorosa, pero también está llena de gratitud, reconocimiento y esperanza.
La escena, aunque breve, logra capturar un amplio espectro de emociones: tristeza por la separación inminente, gratitud por la lealtad y la nobleza de cada uno, y admiración por la fortaleza y los valores compartidos. Además, la narrativa subraya cómo las obligaciones sociales, las amenazas externas y los conflictos familiares condicionan la vida de los personajes, pero no pueden borrar el afecto y el respeto que sienten entre sí. La interacción de Ángela y Beltrán ofrece un respiro emocional dentro de la intensidad de la trama, recordando al espectador que incluso en medio de las intrigas y los conflictos, los lazos humanos y el reconocimiento de la nobleza de los demás son elementos fundamentales que sostienen la historia.
Finalmente, el capítulo concluye con la marcha de Beltrán, un momento cargado de simbolismo: aunque se aleja físicamente, deja una huella emocional indeleble en Ángela y en el espectador. Su partida no es un final trágico sino un recordatorio de la fuerza de los vínculos sinceros y del impacto duradero de la admiración, la gratitud y el respeto mutuo en la vida de los personajes. La despedida encapsula la complejidad de La Promesa, donde las relaciones humanas, el deber, la valentía y el sacrificio se entrelazan para crear un drama lleno de intensidad, emociones y lecciones sobre la resiliencia y la nobleza de espíritu.