Sueños de Libertad “Andrés y María Destrozados” Capítulo 445
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SPOILER:
Hola queridos seguidores de Sueños de Libertad. Hoy llega un adelanto profundamente cargado de emociones, donde cada escena empuja a los personajes hacia decisiones radicales y consecuencias inevitables. El episodio inicia con una imagen poderosa: Andrés conduciendo bajo una tormenta feroz. La lluvia golpea con furia el parabrisas, los relámpagos iluminan fugazmente su rostro desencajado y su respiración irregular evidencia la desesperación que lo arrastra. Cada aceleración es un intento por alcanzar algo que ya parece escapársele de las manos.
Mientras tanto, en la iglesia, todo transcurre con una calma solemne que contrasta drásticamente con el caos emocional de Andrés. El templo, adornado con flores blancas y velas que proyectan una luz cálida, acoge a los invitados que observan en respetuoso silencio. El sacerdote pronuncia la clásica pregunta que define un destino:
—Gabriel de la Reina, ¿aceptas a Begoña Montes como tu esposa?
Gabriel, con una serenidad que parece calculada, fija los ojos en Begoña y responde con firmeza:
—Sí, quiero.
Es entonces cuando llega el turno de ella. Aunque sus manos tiemblan ligeramente, su respuesta surge clara, sin fisuras:
—Sí, acepto.
La ceremonia avanza hacia el intercambio de votos. Gabriel toma las manos de Begoña y declara con un tono afectuoso que pretende ser sincero:
—Begoña, tú me enseñaste a mirar más allá de mí mismo. Contigo descubrí que podía amar de verdad.

Ella respira hondo, intentando contener la emoción:
—Llegaste a mi vida en el momento más vulnerable. Me ilusiona imaginar el hogar que construiremos juntos.
Julia, emocionada por el momento, se acerca con los anillos cuando, inesperadamente, una mujer aparece en la entrada del templo. Su presencia repentina provoca un murmullo contenido entre los asistentes. Nadie sabe quién es ni qué busca. Tras unos segundos cargados de tensión, la mujer decide retirarse sin pronunciar palabra, dejando atrás un silencio incómodo que pesa sobre todos.
El sacerdote intenta restablecer la solemnidad retomando la ceremonia. Gabriel desliza la alianza en la mano de Begoña:
—Recibe este anillo como signo de mi amor y fidelidad.
Y ella, apenas con un hilo de voz:
—Gabriel, recibe esta alianza como símbolo de mi entrega y mi compromiso.
Finalmente, el sacerdote declara:
—Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Los declaro marido y mujer.
Los recién casados se besan justo en el instante en que Andrés aparece a las puertas de la iglesia, empapado por la tormenta. Su corazón se hace añicos al contemplar la escena final de una historia que soñó distinta. No entra, no grita, no interrumpe: simplemente se da la vuelta y se marcha, arrastrando con él un dolor que parece insoportable.
En casa, Marta descubre su estado devastado.
—¿Qué ha ocurrido? —pregunta, alarmada al verlo tan hundido.
Andrés apenas puede pronunciar dos palabras que lo rompen más aún:
—Se ha casado.
Damián, que acaba de llegar, reacciona con indignación:
—¿Pero cómo es posible? ¿Es que esta familia no tendrá un respiro jamás?
Marta intenta comprender la situación, aunque se siente igualmente sorprendida por la precipitación del enlace. Andrés, incapaz de sostener más el peso de sus emociones, rompe a llorar. Damián, molesto por no haber sido invitado, expresa su frustración ante lo que considera un desplante.
Andrés intenta justificar el secreto de la ceremonia explicando que apenas hubo testigos, pues no existía otra alternativa. Marta, intentando aportar calma, señala que un gesto mínimo habría bastado para incluir a quienes los quieren. Sus palabras terminan por quebrarlo aún más.
—Es mi culpa —confiesa entre lágrimas—. Anoche hablé con Begoña y le pedí que lo pensara, que no se casara…
Marta queda paralizada por la revelación. Intenta entender lo que está oyendo mientras Andrés sigue explicando, destrozado, que no soporta imaginar a Begoña amando a Gabriel como alguna vez lo amó a él. El dolor apenas lo deja respirar.
Marta, agotada por la tensión del momento, intenta que vea la realidad: Begoña desea una vida junto al padre del niño que espera, y él debe aceptar esa decisión. Pero Andrés, hundido, admite que le resulta imposible vivir bajo el mismo techo sabiendo que su historia ha terminado para siempre.
En ese momento suena el teléfono. Andrés atiende y la voz del detective Ángel Ruiz irrumpe con una noticia que lo deja petrificado: hay información crucial sobre el pasado de Gabriel que podría cambiarlo todo.
Poco después, Andrés baja las escaleras con una maleta lista. Su rostro, endurecido por la decisión, deja claro que está a punto de marcharse. Manuela lo observa desconcertada mientras él confirma con frialdad:
—Me voy.
María corre hacia él desesperada, incapaz de aceptar su partida repentina. Sin siquiera mirarla, Andrés deja un mensaje para la familia:
—Diles que me voy… y que los quiero.
La puerta se cierra detrás de él y María cae al suelo, rota en llanto.
Horas más tarde, Begoña, Gabriel y Julia regresan felices después de su boda. Julia anuncia el enlace con inocente entusiasmo, pero Damián responde con un gesto severo que ya estaban al tanto. Marta abraza a Begoña con calidez mientras Damián, incapaz de ocultar su malestar, les reprocha no haber avisado.
Begoña admite con vergüenza que la decisión fue impulsiva y repentina. Damián suspira y confía en que más adelante puedan celebrar la unión como corresponde.

La atmósfera se tensa aún más cuando aparece María, completamente deshecha. Marta intenta acercarse, pero ella apenas logra murmurar “felicidades” antes de romper a llorar. Entre sollozos apenas logra pronunciar la frase que lo cambia todo:
—Andrés… se ha ido.
La noticia estremece a todos. Damián se lleva las manos a la cabeza, incapaz de comprender cómo Andrés pudo marcharse sin aviso. Marta queda en shock, tratando de encontrar una explicación lógica.
Gabriel intenta acercarse a María, pero ella retrocede, herida. Él la toma suavemente del brazo y, con un tono gélido que revela su verdadera naturaleza, murmura:
—No cargues tú sola con todo esto.
Ella confiesa que la boda se precipitó porque mostró la carta a Begoña, y ahora teme que Andrés no vuelva.
Gabriel responde con una seguridad perturbadora:
—No te preocupes… Andrés regresará. Está demasiado pendiente de mi mujer como para alejarse definitivamente.
Sus palabras quedan suspendidas en el aire, frías y punzantes, mientras cada miembro de la familia intenta asimilar las consecuencias de un día que ha cambiado para siempre el destino de todos.