Sueños de libertad Cap 444 (Pero es que esto no es París, Lo constató cada minuto Marta

Él hizo explotar la fábrica

La discusión estalla cuando Andrés insiste en que Gabriel provocó la explosión de la fábrica. Sus palabras, dichas con una mezcla de urgencia y desesperación, hacen que Begoña pierda la paciencia. Ella intenta detenerlo, aturdida por la gravedad de su acusación: “Basta. No sigas. Gabriel arriesgó su vida entrando a salvarte. ¿Así le pagas?”
Pero Andrés no retrocede. La tensión se intensifica cuando ella le recuerda que incluso él dudó en otro tiempo, aunque Andrés asegura que jamás puso en cuestión la lealtad de su primo.

Aun así, reconoce algo: ha vuelto a recordar. Lo dice con una serenidad inquietante. Explica que su confianza en María se derrumbó al recordar cómo fingió no poder moverse para mantenerlo a su lado. También asegura que la vio ponerse en pie justo el día del accidente. Para él, aquello confirma que ella sabía lo que estaba por suceder.

Begoña, desconcertada, empieza a temer que Andrés haya ido demasiado lejos en sus conclusiones. ¿Cómo habría podido María prever la explosión? Andrés responde sin dudar: “Porque conocía las intenciones de Gabriel.”

La afirmación la deja helada. Él insiste: Gabriel manipuló la caldera y engañó a todo el mundo. La reacción de Begoña es inmediata: lo acusa de delirar, de no ser el Andrés que conoce. Él, lejos de detenerse, la suplica: solo necesita un poco más de tiempo para reunir las pruebas que ella exige. Pide confianza; asegura que cuando todo salga a la luz, incluso el futuro de Julia cambiará y podrán pedir su custodia como siempre habían imaginado.

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Las palabras de Andrés hieren a Begoña. Para ella, parecen el reflejo de un hombre atrapado en sus obsesiones. Lo acusa de no permitirle ser feliz con otro hombre, de intentar destruir la vida que ha rehecho junto a Gabriel. Pero Andrés insiste en que su primo ha construido una fachada, un personaje impecable que debajo esconde intenciones peligrosas. Aun así, no sabe —o no quiere revelar— cuál sería el motivo de una supuesta venganza contra su familia.

Cuando Andrés menciona que hubo una carta que implicaba directamente a Gabriel en la acusación contra Remedios, Begoña se detiene. La existencia de una carta cambia por completo el peso de todo lo que él está diciendo. Pregunta por ella, exige saber dónde está. Andrés explica que María la tenía, que la recogió de su chaqueta el día del accidente en el hospital. Pero cuando él la reclamó, María afirmó no saber nada.

Para Andrés, esa contradicción revela algo oscuro. Sospecha que tanto ella como Gabriel esconden algo y que están actuando juntos. Le pide a Begoña que lo corrobore preguntando a Manuela, porque —según él— ella jamás mentiría.

Entonces Begoña va a hablar con la sirvienta. Con suavidad le pregunta si recuerda haber encontrado algo en el abrigo de Andrés tras la explosión. Manuela asiente y, sin sospechar la importancia de su respuesta, confirma que halló una carta procedente de Francia y se la entregó a María, que ese día estaba desconsolada. También comenta que Andrés le preguntó por ella recientemente.

La confirmación hace que Begoña quede pensativa. Le agradece a Manuela y se marcha.

Entretanto, María está sola en su habitación cuando Gabriel entra de improviso tras escuchar un ruido. Ella lo recrimina por su falta de respeto, pero él solo parece preocupado. Nota que María está inquieta, evasiva. Y entonces, mientras ella intenta ocultar algo entre sus manos, él lo descubre: la carta.

Gabriel la toma antes de que ella pueda reaccionar.
Observa el sobre y su expresión cambia.
Le pregunta si pensaba usarlo para chantajearlo. María lo niega de inmediato.
Le explica que Andrés lleva días intentando que confiese haber encontrado algo entre sus pertenencias y que Begoña también le preguntó por la carta.

Gabriel lanza una mirada grave: Andrés sabía muy bien lo que buscaba. Y si habló de esto con Begoña, la situación se complica.

La carta —la misma que Remedios no se atrevió a entregar por miedo a represalias— revela que fue obligada a cargar con la culpa del accidente. Su hija Enriqueta escribe desesperada, implorando ayuda a Andrés porque era el único que realmente se preocupó por su madre.

Esa carta, con su verdad enterrada, se convierte en el centro del conflicto.

Más tarde, cuando María y Begoña se reúnen, esta última le pide que lea la carta. María lo hace con voz temblorosa, consciente de que sus palabras pueden cambiarlo todo. La historia de Remedios, sus amenazas, su miedo, su sacrificio para proteger a su hija… llena la habitación de un silencio doloroso.

Al terminar, Begoña se queda mirando el documento como si llevara un peso imposible. Lo que más la perturba es que Andrés asegurara que María fingió no conocer la existencia de la carta. María le responde con sinceridad: se la entregó en cuanto él la pidió, la guardó donde sabía que él podría encontrarla. Si ha dicho lo contrario, entonces Andrés no está bien.

Con profunda tristeza, María le explica que Andrés está sufriendo pérdidas de memoria cada vez más preocupantes. Se confunde, mezcla recuerdos con ideas que no encajan. Cree cosas que no han ocurrido. Sus obsesiones han aumentado, especialmente relacionadas con la boda y el supuesto embarazo. Para María, es evidente que Andrés está aferrándose a teorías sin fundamento para encontrar un sentido a los huecos de su mente.

Begoña escucha, afectada. Sabe que Andrés ha pasado por un trauma enorme, pero no imaginaba que su deterioro fuese tan profundo. María insiste en que no cree que su mejoría sea inmediata. Y remata diciendo que teme que Andrés siga convencido de cosas que no son ciertas.

En ese momento, algo cambia en la mirada de Begoña. Agradece la sinceridad de María y, por primera vez en mucho tiempo, coincide con ella. Le pide que cuide de Andrés, porque lo necesita más que nunca.

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Cuando María sale, con una mezcla de tristeza y alivio, entra Gabriel. La estancia queda cargada de una tensión silenciosa. Él percibe la inquietud de Begoña y se acerca con cautela. Ella guarda la carta con delicadeza, casi como si temiera que pudiera romperse.

Durante un instante, parece que no sabe si confiar en él o proteger la información que acaba de recibir. Gabriel la observa con atención, intentando descifrar su expresión. Begoña respira hondo y le habla de forma general: la situación es difícil, las cosas están confusas, Andrés no está bien.

Gabriel escucha sin interrumpirla, con una preocupación genuina. Se nota que quiere apoyarla, aunque no sabe cómo. Hay una contención mutua, como si ambos caminaran sobre un terreno inestable.

Begoña reflexiona en voz baja sobre la carta sin mencionarla directamente. Sobre Remedios, sobre la injusticia que ha sufrido, sobre las amenazas que alguien poderoso debió ejercer para obligarla a callar. Gabriel, cada vez más atento, le dice que deben actuar con prudencia, que apresurarse podría poner en riesgo a todos los implicados.

Ella asiente, consciente de que mover cualquier pieza antes de tiempo sería peligroso. Él promete estar cerca para lo que necesite. Begoña le dedica una sonrisa cansada antes de que él se retire.

Cuando vuelve a quedarse sola, siente que la realidad acaba de cambiar. Todo lo que sabía, todo lo que creía sólido, ya no lo es. Y mientras sostiene la carta, comprende que lo que viene será aún más difícil.