Sueños de libertad Cap 445 (¿Marta y Cloe Tendrán una Relación Sentimental
La escena comienza con una conversación aparentemente trivial sobre una prenda de ropa, donde una mujer duda en probarse una chaqueta por no desajustar su corte, mientras la otra insiste en hacerlo sin molestar al personal. Finalmente accede a probarse la blusa improvisadamente y, al vérsela puesta, ambas coinciden en que le sienta sorprendentemente bien, aunque será necesario ajustarla al gusto local para evitar contratiempos. El verdadero conflicto emerge cuando mencionan que habría que elevar el escote, un gesto simbólico de adaptación cultural y prudencia.
A partir de ahí, el relato se abre hacia un momento crucial: la boda de Begoña y Gabriel, un acontecimiento envuelto en solemnidad y tensión. La iglesia está decorada con lirios, jazmines y flores blancas, elegidas con magnificencia, intentando transmitir una apariencia de pureza que contrasta con la realidad interna de todos los presentes. Las campanas repican mientras los invitados observan con mezcla de expectativa y sospecha, pues saben que detrás de ese enlace se ocultan presiones, silencios y decisiones impuestas.
Cuando Begoña entra, avanza con un vestido sobrio, casi minimalista. Su mirada revela firmeza, pero también un miedo silencioso. No se casa por amor ni celebra un sueño romántico; en su vientre lleva el hijo de Andrés, un niño que jamás tendrá su apellido y cuya legitimación solo será posible mediante este matrimonio. El peso del juicio social la acompaña en cada paso, aunque ella mantiene la cabeza erguida.
En el altar, Gabriel tampoco parece el típico novio emocionado. Su nerviosismo nace de una mezcla de deseo de aceptación y miedo al porvenir. Observa a Begoña como quien se aferra a una tabla de salvación: ella le ofrece un lugar en una familia que siempre le ha hecho sentir menor. Al mismo tiempo, actúa con la convicción de que al casarse demostrará ser el hombre responsable que todos esperan que sea.

Cuando pronuncian los votos, sus palabras resuenan con una solemnidad cargada de significados ocultos. Gabriel declara que ha aprendido a amar anteponiendo a la otra persona, pero su frase suena más a ansia de validación que a verdadera entrega. Begoña, por su parte, confiesa que él apareció cuando más lo necesitaba, aunque sus palabras en realidad se refieren a su hijo, no al hombre con quien se casa. El intercambio de votos es un pacto silencioso entre ellos y un engaño compartido ante la sociedad.
Un momento ligero irrumpe cuando el padrino entrega por error el anillo equivocado, provocando risas que alivian brevemente la tensión. Sin embargo, al llegar la frase “hasta que la muerte os separe”, la sensación vuelve a oscurecerse: más que una promesa, parece una sentencia que encierra a Begoña en una vida contraria a sus verdaderos sentimientos.
Mientras tanto, en otro edificio se desarrolla un conflicto distinto: la batalla de la moda entre Marta y Chloé. La representante francesa propone una prenda moderna, atrevida, acorde con las tendencias de los sesenta. Marta, en cambio, defiende la sobriedad y el gusto español. Discuten sobre el escote, que Chloé quiere más pronunciado, y sobre la falda, que la francesa insiste en llevar más arriba de la rodilla. Durante veinte minutos debaten cada centímetro, como si negociaran un tratado diplomático. Finalmente alcanzan un acuerdo intermedio que refleja la tensión entre tradición y modernidad. Aunque se muestran distantes, ambas terminan reconociendo el talento de la otra en un duelo que anticipa futuros choques ideológicos.
En el laboratorio, lejos de las flores y los tejidos, estalla otro tipo de conflicto: Luis, el perfumista veterano, enfrenta una crisis profesional. Se siente desplazado por los cambios que la empresa está implementando, especialmente por la nueva línea de productos más económicos. Para él, la perfumería es un arte que exige ingredientes de calidad, procesos lentos y dedicación; no puede aceptar la idea de perfumes masivos y estandarizados. Su malestar es tan evidente que ha insinuado delante de Chloé que tal vez ya no pertenece a la empresa, una confesión que podría llevar a una renuncia.

Cristina y Claudia observan su deterioro con angustia. Cristina, que ve en él un mentor, teme perder no solo a un compañero sino a una parte esencial del arte de la perfumería De la Reina. Mencionan también a Joaquín, otro perfumista que abandonó recientemente la empresa, y ambas sienten que la institución se está vaciando de su esencia creativa. La discusión entre Luis y Dani —una joven que representa la innovación y la apertura a los nuevos tiempos— pone de manifiesto un conflicto generacional imposible de evitar.
A esta tensión productiva se suma la perspectiva del personal de servicio. Tasio y Fina, figuras que observan desde los márgenes, expresan su frustración respecto a la boda y al nuevo perfume francés, Nobu. Tasio, cansado de los impulsos de la familia De la Reina, considera que la boda se ha precipitado sin consideración por los demás. Una vez más, los poderosos se imponen sin pensar en las consecuencias para quienes están a su alrededor. El nombre del perfume provoca risas y críticas: es pretencioso, difícil de pronunciar y desconectado de la cultura local. Para ellos, no importa lo sofisticado que parezca el frasco; si no huele bien, no servirá.
En conjunto, todos estos eventos se entrelazan como piezas de un tablero inestable:
– El matrimonio de Begoña y Gabriel cierra el camino de libertad de ella mientras abre un nuevo conflicto moral.
– La disputa entre Marta y Chloé evidencia el choque entre la identidad española y la modernidad francesa.
– La crisis de Luis revela la posible pérdida del alma creativa de la empresa.
– Las voces de Fina y Tasio muestran la brecha creciente entre la élite y quienes sostienen su mundo desde abajo.
La historia se encuentra en un punto crítico donde las estructuras antiguas se agrietan y las nuevas se imponen sin pedir permiso. Este conjunto de escenas marca una transición decisiva, un antes y un después para todos los personajes y para la perfumería De la Reina.