Sueños de libertad Cap 445 (se ha casado con otro hombre, olvídala y ya.
⚠️ Spoiler — Le digo a Julia que…
Andrés atraviesa un momento emocional completamente desbordado, incapaz de encontrar calma mientras lidia con la noticia que acaba de sacudirle el suelo bajo los pies. Entre susurros entrecortados y el dolor que no sabe contener, intenta comunicarle a Julia lo que está ocurriendo y aquello que teme decir en voz alta. Apenas puede articular palabra cuando finalmente confirma lo inevitable: Gabriel y Begoña se han casado.
La revelación cae como un golpe seco en el ambiente, y la incredulidad se apodera de quienes lo escuchan. ¿Cómo es posible que nadie en la familia supiera nada? ¿Cómo han podido celebrar una boda sin avisar a nadie más que a los testigos estrictamente necesarios? La indignación se mezcla con el desconcierto, y surgen reproches silenciosos: podrían haber avisado, podrían haber esperado, podrían… tantas cosas que ya no tienen remedio.
Andrés, hundido, murmura que todo es culpa suya. Confiesa que el día anterior habló con Begoña y le suplicó que no se casara con Gabriel. Se lo pidió desde lo más profundo de su desesperación, incapaz de tolerar la idea de perderla para siempre, convencido de que esa boda solo podía llevarla al sufrimiento. Pero esa súplica —nacida del dolor, la confusión y el amor que aún no consigue apagar— terminó precipitando la decisión de ella. Ahora lo comprende: las prisas, la falta de invitados, la ceremonia repentina… todo responde al intento de cerrar un capítulo de la manera más rápida posible.

Marta, que intenta sostenerlo, le recuerda que Begoña tomó su decisión porque quiere estar con Gabriel y porque tiene un hijo en camino. Es duro, sí, profundamente doloroso, pero es la realidad. Le insiste en que debe pasar página, igual que Begoña lo ha hecho. Pero Andrés no puede. Lo intenta, quiere hacerlo, pero algo dentro de él se lo impide. Permanecer en esa casa, sabiendo que ella es ahora la esposa de otro hombre, lo ahoga.
En ese instante suena el teléfono. Un hombre, Ángel Ruiz, afirma tener información relevante sobre el pasado de Gabriel. Andrés escucha la llamada con atención creciente, sintiendo que quizá esa conversación podría cambiarlo todo.
Sin embargo, justo después decide marcharse. No sabe a dónde va, solo siente la necesidad urgente de huir, de respirar lejos del lugar donde la felicidad de otros se convierte en su propio tormento. María intenta detenerlo, alterada por la idea de que él desaparezca sin avisar a su familia. Le recuerda la preocupación de su padre, suplica que no se vaya, que no abandone el hogar justo en el momento más tenso. Pero Andrés, superado, solo pide que le diga a Julia que se marcha.
Más adelante, la historia cambia de escenario: ahora seguimos a Cristina, que se encuentra con Beltrán después de mucho tiempo. Claudia, siempre perceptiva, nota enseguida que algo significativo ocurre. La visita de Beltrán no es casual: ha viajado desde Córdoba expresamente para verla.
Cristina explica que él le confesó un asunto delicado: habló con su prometida y le propuso aplazar la boda. Esta revelación enciende la curiosidad de Claudia, quien sospecha que quizá Beltrán sigue sintiendo algo por Cristina. Sin embargo, Cristina insiste en que él solo necesitaba desahogarse, alguien que lo escuchara sin juzgarlo ni presionarlo.
Según ella, Beltrán está viviendo un miedo profundo ante lo que significa casarse: las expectativas, el compromiso, la vida estructurada y definitiva que se avecina. No se trata de que no ame a su prometida, sino de que el peso del futuro lo desborda. Y por eso acudió a Cristina, que tantas veces fue para él un espacio seguro, alguien que podía comprenderlo sin pedirle nada a cambio.
Claudia, aunque escucha con empatía, sospecha que Cristina minimiza sus propios sentimientos. Percibe la tensión en su voz, la nostalgia escondida entre las palabras. No es indiferente a Beltrán; aún conserva un vínculo emocional, quizá débil, quizá olvidado, pero latente.
Cristina intenta mantenerse racional. No quiere confundir lo que pasó entre ambos años atrás con lo que está sucediendo ahora. Sabe que el amor que pudo haber existido entre ellos quedó inconcluso, atrapado entre circunstancias, decisiones y tiempos que nunca coincidieron. Representaron uno para el otro un “qué hubiera sido si…”, pero nunca se atrevieron a ir más allá.

Cuando Cristina describe la conversación que tuvo con Beltrán, su narración está cargada de matices emocionales: lo vio nervioso, cansado, casi quebrado por dentro. Notó que hablaba de su prometida con una mezcla de cariño y lejanía, como si la decisión de casarse fuese más un deber que un anhelo. Él parecía atrapado entre lo que se espera de él y lo que realmente siente. Cristina incluso admite que por un instante quiso abrazarlo para reconfortarlo, pero se contuvo para no provocar un malentendido ni abrir una puerta que no sabría cerrar.
Claudia, intentando proteger a su amiga, le advierte que tenga cuidado. Los hombres a punto de casarse pueden buscar consuelo en lugares equivocados, impulsados por el miedo más que por el amor. No quiere que Cristina se convierta en un refugio temporal al que Beltrán acuda solo mientras decide qué hacer con su vida.
Cristina recibe el consejo con serenidad. Sabe que Claudia tiene razón: debe mantener distancia emocional hasta que él aclare sus sentimientos por su cuenta. No quiere ser la sombra que complique una relación a punto de consolidarse ni desea convertirse en la causa del sufrimiento de nadie.
La escena concluye con un sentimiento agridulce: Cristina comprende que, pese a los recuerdos, pese al afecto y la nostalgia, ella no debe dejarse arrastrar por lo que pudo haber sido. Entiende que su papel, si es que debe tener alguno, no es reabrir una historia pasada, sino mantenerse firme para no quedar atrapada en un triángulo emocional que podría herirla profundamente.