Sueños de Libertad Capítulo 25 de Novimbre (Andrés descubre un secreto capaz de destruir a Gabriel)
🔻 Spoiler: La verdad oculta en la isla — Andrés, Delia y el pasado de Gabriel 🔻
La desaparición abrupta de Andrés ha dejado un eco doloroso en la casona de la familia de la Reina. Su ausencia se siente como un hueco imposible de llenar, y aunque todos intentan continuar con sus rutinas, el vacío que dejó es imposible de ignorar. Nadie sospecha que su viaje, que aparenta ser una simple escapada, es en realidad el inicio de una búsqueda capaz de derrumbar los cimientos sobre los que Gabriel ha sostenido su vida entera. En Tenerife, bajo un cielo radiante que contrasta con su angustia, Andrés está a punto de enfrentarse al capítulo más oscuro de la historia de su familia: la verdad que guarda Delia, la madre biológica de Gabriel.
Mientras él se adentra en ese territorio cargado de secretos, en la península la calma se rompe por todas partes. Damián admite con pesar que su hijo intentó frenar la boda de su primo. Luis, cansado de las jugarretas de Brosart, se rebela con fuerza. Marta y Chloe organizan una visita crucial para el futuro empresarial y María libra una lucha interna entre la frustración, el amor y la necesidad de seguir adelante. Sin embargo, todas estas tensiones palidecen ante la revelación que Andrés está a punto de descubrir en aquella isla del Atlántico. ¿Qué verdad ha protegido Delia durante tantos años? ¿Y por qué esa verdad tiene el potencial de destruir a Gabriel desde dentro?
El avión tocó tierra y el impacto vibró en el pecho de Andrés como un recordatorio de que ya no había marcha atrás. Durante el vuelo, había mantenido una calma tensa, flotando entre la impotencia que lo expulsó de Toledo y la incertidumbre que lo aguardaba. Al ver el paisaje insular a través de la ventanilla —el mar inmenso, los tonos ocres de las montañas, las casas blancas— tuvo la sensación de estar entrando en un territorio que no le quería allí, pero que guardaba la respuesta a todo el dolor que lo había perseguido los últimos días.
Agotado, se pasó las manos por el rostro. La imagen de la ermita irrumpió con fuerza en su mente: el velo de Begoña, la sorpresa de Gabriel, la mano de su padre deteniéndolo. “Llegas tarde, hijo”, le había dicho Damián. Y aunque esa frase lo hirió profundamente, ya intuía que su marcha no se debía únicamente a la boda. La nota que le entregó Ángel, el detective, marcó su destino: una dirección, un nombre y la intuición de que todo lo que habían creído sobre Gabriel estaba teñido de sombras.
En Toledo, los primeros rayos del día encontraron a una Begoña incapaz de descansar. Sus pensamientos giraban en círculos, siempre terminando en el mismo punto: Andrés. Gabriel, al despertar, notó el desasosiego en el rostro de su esposa. La entendió sin necesidad de preguntas. La ausencia de Andrés era un fantasma que recorría la casa y a ninguno dejaba en paz. Aunque intentó tranquilizarla, la duda se instaló entre ambos.
Damián, por su lado, caminaba inquieto por su despacho. La culpa lo perseguía desde que impidió que Andrés irrumpiera en la ceremonia. Cuando Begoña se atrevió a visitarlo, ambos desnudaron sus culpas. Ella confesó que adelantó la boda para cerrar el capítulo con Andrés. Damián, en un acto de sinceridad, le reveló que su hijo sí llegó hasta la ermita y que lo vio marcharse roto. Ese silencio compartido dejó claro que los dos habían contribuido, sin querer, al abismo emocional de Andrés.
Mientras tanto, en Tenerife, Andrés subía al taxi que lo llevaría al lugar donde vivía Delia. Los barrios humildes que atravesaron reflejaban una vida ajena a los lujos de Toledo. Al bajar frente al edificio desgastado, sintió que cruzaba una frontera invisible. Cuando Delia abrió la puerta, el temor en sus ojos confirmó que él estaba allí por algo trascendental. Aunque intentó negarlo todo, el nombre de Gabriel la desarmó. Finalmente permitió que Andrés entrara.
Dentro de su casa modesta, Delia relató una historia marcada por la necesidad y la desesperación. Recordó los días en los que no tenía recursos para alimentar a su hijo y cómo, en un acto de sacrificio, lo entregó a una familia que prometió permitirle mantener el contacto. Nunca cumplió. Gabriel creció sin saber la verdad, creyéndose abandonado por su madre. Con los años, la relación entre ambos había sido un campo de batalla difícil de sanar.

Andrés, conmovido pero aún buscando respuestas, pidió saber si existía algo más, algo que pudiera explicar los constantes conflictos que rodeaban a Gabriel en Toledo. Delia, después de pensarlo, sacó un sobre desgastado de un cajón. En su interior había una carta. El contenido no solo era revelador, sino devastador. Nombres, fechas y movimientos de dinero indicaban que la llegada de Gabriel a la familia de la Reina no fue casualidad ni un acto de caridad. Alguien había movido los hilos para asegurarse de que aquel niño terminara en esa casa.
Andrés sintió que el mundo se tambaleaba. Su primo no era simplemente un adoptado. Era una pieza colocada estratégicamente. Delia lo advirtió: decirle la verdad podría destruirlo. Pero Andrés, con el sobre en la mano, sintió que ya no había posibilidad de quedarse de brazos cruzados. Debía volver a Toledo.
Mientras Andrés observaba el océano desde un mirador al atardecer y tomaba la firme decisión de regresar, en la colonia la vida avanzaba con sus propias tormentas. Luis anunció que pensaba dimitir, Gema ocultaba su deterioro de salud, Marta defendía sus principios ante Gabriel, y María, dolida por la marcha de Andrés, se prometía retomar su rehabilitación. Chloe preparaba la llegada de los franceses, Carmen movía los hilos en la sombra y Beltrán descubría secretos familiares capaces de reescribir más de una identidad.
Pero nada de lo que sucedía allí podía compararse con la verdad que Andrés llevaba en el bolsillo. La verdad que, una vez revelada, cambiaría para siempre el destino de Gabriel, de Begoña… y de toda la familia de la Reina.