Sueños de Libertad Capítulo 442 (Andrés corre contra el tiempo para frenar la boda secreta)
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Saludos a todos los que siguen Sueños de Libertad. Les traemos un adelanto exclusivo cargado de intensidad, porque los acontecimientos están a punto de sacudir para siempre la vida de varios personajes. En el centro de esta tormenta emocional se encuentra Begoña, quien después de semanas de dudas, angustias y emociones desbordadas, ha decidido dar un paso definitivo: unir su vida a la de Gabriel sin vuelta atrás.
Lejos de una celebración vistosa y mucho más lejos aún del control de la familia Reina, la joven ha elegido casarse en secreto, sin anuncios previos ni preparativos tradicionales. Pero mientras ella se prepara para este acto trascendental, la noticia estalla —casi como un trueno— en los oídos de Andrés. Al enterarse de que la ceremonia se adelanta de forma inesperada, una mezcla de desesperación y urgencia se apodera de él, obligándolo a reaccionar de inmediato. Se lanza en una carrera contrarreloj con la esperanza de impedir lo que ya parece inevitable. ¿Logrará frenar ese enlace antes de que sea demasiado tarde? ¿O será esta la decisión que cambie definitivamente el rumbo de todos?
La escena se traslada al lugar escogido por Begoña y Gabriel: una pequeña ermita alejada del bullicio, sencilla y silenciosa, ideal para una boda clandestina. Allí, en el exterior, reina una calma inquietante. Tacio, fiel amigo del novio y elegido como testigo, aguarda junto a un Gabriel claramente nervioso. Aunque no hablan, el silencio entre ambos está lleno de dudas, tensión y expectativa. La novia se retrasa, y cada minuto sin verla hace que el ambiente se vuelva más espeso y que Gabriel respire un poco más fuerte.

De pronto aparece don Agustín, el sacerdote responsable de oficiar la boda. Su expresión es grave, y su tono deja claro que desaprueba profundamente la forma en que la pareja ha gestionado el asunto. Les recuerda que lo adecuado habría sido anunciar el compromiso y asistir a las charlas prematrimoniales obligatorias. Hace especial hincapié en Gabriel, remarcando que para alguien que se casa por primera vez, hay tradiciones que deberían respetarse. Gabriel intenta suavizar el ambiente asegurando que cumplirán con los trámites lo antes posible.
En ese instante, una risa nerviosa de Tacio rompe la tensión, pero en lugar de relajar a los presentes, irrita aún más a don Agustín. El sacerdote se vuelve hacia él y le recrimina su actitud, insinuando que no hay nada cómico en el sacramento del matrimonio. Tacio, sobresaltado, se apresura a desmentir cualquier intención de burla. Para calmar los ánimos, Gabriel interviene mencionando las generosas contribuciones que la familia Reina suele hacer a la parroquia, y promete una donación adicional tras concluir la ceremonia. Este comentario surte efecto: el sacerdote se suaviza, agradece la ayuda y pide a Gabriel que use su posición como director para interceder ante varios empresarios franceses poco colaboradores con la iglesia. Gabriel asiente con una sonrisa cómplice, ofreciendo su apoyo.
Antes de retirarse, don Agustín revisa los documentos y comenta de manera casual que Gabriel nació en México, un país que describe como hermoso. Luego desaparece en el pequeño templo para ultimar los preparativos. A solas, Tacio mira a Gabriel y le pregunta cómo se siente. El novio admite que todo le parece surrealista: jamás imaginó verse a punto de casarse, y menos de una manera tan precipitada. Confiesa que incluso el día anterior la idea le habría parecido impensable. Tacio intenta tranquilizarlo recordándole que solo han adelantado la boda unas semanas, nada más. Gabriel respira hondo y se repite esa versión más simple para mantenerse en pie.
Mientras tanto, en la casa de los Reina, el drama avanza por un cauce totalmente distinto. Andrés permanece en el despacho cuando el insistente sonido del timbre lo obliga a levantarse. Al abrir la puerta se encuentra con Luis, visiblemente nervioso y alterado. Andrés capta al instante que algo grave ocurre y teme una desgracia en la fábrica. Sin embargo, lo que Luis tiene que decir es aún más perturbador. Tras dudar sobre si debía contarlo o no, decide que Andrés tiene derecho a saber la verdad: Begoña y Gabriel están casándose en ese mismo instante en la ermita de Santa Victoria.
La noticia deja a Andrés en shock. Insiste en que la boda debía celebrarse dentro de un mes, pero Luis confirma que adelantaron todo. Explica además que Begoña acudió esa mañana al dispensario, fuera de sí, rogándole a Luz que fuera su testigo. El impacto es devastador.
De vuelta en la iglesia, la espera concluye. La puerta se abre. Primero entran Luz y la pequeña Julia. Y unos segundos después aparece Begoña, radiante con su vestido de novia, aunque con una emoción palpable en el rostro. Gabriel se acerca a ella, le pregunta cómo está y ella admite que está nerviosa, pero feliz como nunca. Él confiesa sentir exactamente lo mismo. Begoña le agradece haberse atrevido a dar este salto junto a ella, susurrándole que sueña con convertirse en su esposa. La pequeña Julia, abrazándolos, declara con emoción que ella también desea convertirse oficialmente en su hija. Los tres se funden en un instante de ternura antes de la ceremonia.

En la casa de los Reina, Andrés interroga a Luis, exigiendo explicaciones. Luis admite que no entiende la prisa y confiesa que Begoña le pidió ser testigo del novio, pero él se negó. Andrés, desesperado, lo culpa por no haber contado nada antes. Sin perder más tiempo, corre hacia la puerta con la firme intención de frenar la boda. Luis intenta detenerlo, diciéndole que cometerá una locura. Le recuerda que Begoña ama a Gabriel y, sobre todo, que está esperando un hijo suyo. Le advierte que nada podrá detener la unión, pero Andrés no escucha. En su angustia, asegura que Gabriel no es un buen hombre y que Begoña merece algo mejor que caer en otro matrimonio capaz de destruirla, tal como el que vivió con Jesús.
En ese instante aparece María, preguntando inocentemente de qué boda hablan. Ambos hombres se quedan paralizados. Luis es quien termina confesando: la boda está ocurriendo ahora mismo. Para sorpresa de Andrés, María reacciona con calma, diciendo que le parece un gesto precioso y que se alegra por ellos. Incluso bromea sobre si se irán de luna de miel. Andrés la mira con frialdad, incapaz de comprender su tranquilidad. Ella, incómoda, se marcha.
Cuando queda solo, Andrés estalla. Sale de la casa corriendo, decidido a evitar el enlace a toda costa. Luis lo observa marcharse con profunda preocupación, temiendo las consecuencias que se avecinan.
En la ermita, la ceremonia está a punto de comenzar cuando don Agustín detiene todo: ¡faltan los anillos! Begoña se lleva las manos al rostro, aterrada. Pero Luz, rápida, se quita su propio anillo y se lo ofrece. Julia lo recibe para custodiarlo. Gabriel mira a Tacio, quien de inmediato entiende y hace lo mismo, quitándose su anillo con una broma que rompe la tensión. Las risas alivian el ambiente y la ceremonia finalmente puede continuar.
Ahora la pregunta queda en el aire: ¿llegará Andrés a tiempo para detener la boda? ¿Es real la serenidad de María o es solo una máscara? ¿Se convertirá esta unión en el desencadenante de un cambio irreversible en la familia Reina? Los leemos en los comentarios.