Sueños de Libertad capítulo 444 “Andrés Desesperado”

Spoiler: La boda secreta de Begoña y Gabriel

Hola a todos, soy Andrés y les traigo un avance exclusivo de Sueños de Libertad. En este episodio, Begoña toma una decisión que cambiará irremediablemente su vida: se casa en secreto con Gabriel, dejando a su familia completamente al margen. Mientras tanto, yo, Andrés, me enfrento a un dilema intenso: ¿podré detener lo que considero un error antes de que sea demasiado tarde? La urgencia que siento es abrumadora, y cada minuto cuenta mientras corro contra el tiempo para alcanzar a Begoña y Gabriel.

La historia comienza en la pequeña ermita donde se llevará a cabo la ceremonia. Gabriel y Begoña se preparan para unir sus vidas de manera discreta. Afuera, Tacio, uno de los testigos del novio, espera con una mezcla de nervios y emoción. La tensión se palpa en el aire, como si la misma ermita contuviera el aliento de todos los presentes. Don Agustín llega para oficiar la ceremonia con un semblante severo. Señala que, según las normas habituales, lo correcto habría sido informar del compromiso con antelación y asistir a las charlas prematrimoniales, algo que Gabriel nunca hizo.

Gabriel, consciente del malestar del sacerdote, intenta calmar la situación con palabras diplomáticas. Promete cumplir con todos los requisitos lo antes posible y garantizar que todo se regularice. Tacio deja escapar una risa nerviosa, que don Agustín recibe con desaprobación, recordándole que el matrimonio no es un asunto para tomar a la ligera. Para asegurar que todo fluya sin más complicaciones, Gabriel menciona que las habituales donaciones de la familia Reina, sumadas a su contribución, compensarán cualquier inconveniente. Don Agustín acepta, aunque hace un comentario sobre los documentos de Gabriel, recordando que nació en México, un país que considera hermoso. Luego se retira para ultimar detalles, dejando a los novios a solas por un momento.

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En la ermita, Gabriel admite sentirse nervioso y sorprendido. Jamás imaginó que terminaría casándose tan pronto, algo que hasta ayer le parecía imposible. Tacio lo tranquiliza, recordándole que solo han adelantado la fecha un par de semanas y que no hay razón para alarmarse. Gabriel respira hondo, tratando de convencerse de que este cambio es apenas un pequeño ajuste en sus planes.

Mientras tanto, en la casa de los Reina, el ambiente es completamente distinto. Yo, Andrés, estoy en mi despacho cuando Luis llega con una expresión que denota gravedad. Desde el primer momento intuyo que algo no va bien. Tras vacilar unos segundos, finalmente me comunica lo que me deja paralizado: Begoña y Gabriel se están casando en ese instante, justo en la ermita de Santa Victoria. Me cuesta asimilarlo. La boda estaba prevista para dentro de un mes, y ahora todo ha sido adelantado sin previo aviso. Luis explica que esa misma mañana Begoña visitó el dispensario con nerviosismo, pidiéndole a Luz que la acompañara como testigo. La urgencia y la determinación de Begoña me golpean como un puñetazo emocional, y no puedo contener la angustia: salgo corriendo para impedir la ceremonia.

Luis intenta detenerme, recordándome que Begoña está enamorada de Gabriel, que espera un hijo suyo y que no hay manera de impedirlo. Pero sus palabras caen en saco roto. Estoy convencido de que Gabriel es peligroso y que Begoña no merece un matrimonio apresurado y quizás infeliz. En ese instante aparece María y pregunta de qué boda estamos hablando. Su llegada me hace titubear, pero no hay tiempo para explicaciones. La boda avanza, y cada segundo que pasa aumenta la sensación de urgencia.

En la ermita, la ceremonia continúa con Gabriel y Tacio en un silencio tenso, casi ritual. La puerta se abre y entran Luz y la pequeña Julia. Finalmente, Begoña aparece, vestida de novia, mezclando miedo, ilusión y determinación. Gabriel la observa conmovido. La emoción que ambos sienten se hace tangible: nervios, felicidad y la certeza de que han dado un paso que cambiará sus vidas. Begoña agradece a Gabriel por acompañarla en esta decisión tan inesperada, y confiesa que sueña con convertirse en su esposa. Julia, con lágrimas en los ojos, expresa su deseo de convertirse oficialmente en su hija. Los tres se abrazan, un instante de ternura que precede a la inminente unión legal y emocional.

Mientras tanto, en la casa de los Reina, la noticia explota. Luis relata todo a María, quien permanece asombrada. Sin embargo, para mi desesperación, ella lo toma con una calma irritante, incluso comentando que le parece romántico que hayan adelantado la boda. Esa indiferencia me enfurece. La miro con desprecio, incapaz de comprender cómo puede reaccionar de manera tan desapegada. María se retira en silencio, mientras yo, decidido, corro hacia la ermita con la esperanza de llegar a tiempo. Luis me observa partir, consciente de que lo que está a punto de ocurrir sacudirá a toda la familia.

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De regreso a la ermita, don Agustín felicita a Begoña por lo radiante que se ve. Ella se disculpa nuevamente por la prisa. El sacerdote, intentando aliviar la tensión, bromea diciendo que espera que esta sea la primera y última boda de Gabriel. Ambos ríen, pero la risa se interrumpe abruptamente: faltan los anillos. Begoña palidece, incapaz de creer que los olvidó. Luz, con rapidez y sin pensarlo, ofrece su propio anillo, y Julia lo sostiene con cuidado, como si temiera romperlo. Gabriel, viendo la situación, hace lo mismo con Tacio, asegurando entre risas que eligieron los testigos adecuados. La ceremonia prosigue, y por un breve instante, la tensión parece disiparse.

El sonido de las campanas marca un momento decisivo. Andrés avanza hacia la ermita con cada paso acelerando su corazón. La respiración entrecortada y la angustia reflejada en su rostro muestran cuánto le importa detener lo que percibe como un error. Corre impulsado por la esperanza de que todavía existe un lazo con Begoña, un hilo frágil pero vivo que no está dispuesto a romper sin luchar. Cada recuerdo, cada palabra no dicha, alimenta su determinación. La ermita se vislumbra al final del camino, silenciosa y luminosa, un punto de encuentro entre lo que fue y lo que podría haber sido.

El viento acaricia su rostro, mezclándose con el sudor frío que recorre su frente. Andrés sigue corriendo, movido por el dolor, el deseo y la esperanza, mientras las campanas elevan un sonido solemne que lo impulsa a no rendirse. Sabe que lo que ocurra dentro de esos muros podría marcar un antes y un después, no solo para Begoña y Gabriel, sino para él mismo. Cada latido de su corazón se convierte en una guía, un impulso que lo acerca a un destino incierto, donde el amor, la pasión y la incertidumbre se entrelazan de manera peligrosa.

Gracias por acompañarnos en este avance especial de Sueños de Libertad. La historia promete más emociones, revelaciones inesperadas y momentos que tocarán el corazón de quienes siguen esta saga. La boda secreta de Begoña y Gabriel no solo transforma sus vidas, sino que también pone a prueba los límites de quienes los rodean. Hasta la próxima entrega.