UNA DECISIÓN ARRIESGADA AMENAZA CON ROMPER A LA FAMILIA MERINO PARA SIEMPRE EN SUEÑOS DE LIBERTAD
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En este episodio, Joaquín arriesga todo el patrimonio familiar con la esperanza de que su nuevo proyecto empresarial sea un éxito. Sin embargo, el riesgo es enorme, y la pregunta que flota en el aire es inevitable: ¿logrará cumplir su sueño o pondrá a los Merino al borde de la ruina?
El capítulo comienza con un ambiente cargado de melancolía y tensión. En la mansión de los Merino, Damián se encuentra en su despacho, sumido en una profunda depresión. Sus manos destrozan documentos mientras su mirada perdida refleja la angustia y la desesperanza. Cada papel que cae al suelo simboliza las oportunidades perdidas y los sueños que parecen desmoronarse ante sus ojos. El silencio es apenas interrumpido por el sonido de los papeles rasgándose.
Andrés entra en la habitación con preocupación. Al ver a su padre en ese estado, no puede evitar sentir un nudo en el pecho. Con voz contenida, pregunta: “Padre, ¿qué estás haciendo?”. Damián, sin mirarlo, responde con un tono apagado y resignado: “Limpieza… este plan de negocios ya no sirve para nada”. Cada palabra pesa, cargada de un dolor que parece devorarlo desde dentro.
Andrés se acerca con firmeza y trata de animarlo: “Padre, sé que está pasando por un momento difícil, pero debe mirar hacia adelante. No puede rendirse ahora”. Damián suspira profundamente, dejando caer los papeles sobre el escritorio. Su voz suena grave y distante: “No me hables del futuro, ese monstruo del que ya no formo parte. Aunque debo admitir que me tranquilizó un poco que hayan nombrado a Gabriel como nuevo director”.
Andrés se muestra escéptico, pero se acerca más a su padre. “¿Estás seguro de eso, padre? Lo digo porque… tú hubieras preferido a Marta en ese puesto”. Damián lo observa con cierta tristeza y asiente lentamente: “Sí, hubiera preferido que fuera Marta, pero gracias a la intervención de Gabriel se han salvado muchos puestos de trabajo. Estoy convencido de que defenderá bien los intereses de la familia”.

La insistencia de Andrés hace que Damián levante la voz: “¿Y eso qué importa? Gabriel es un de la Reina, y su matrimonio con Begoña ha reforzado los lazos entre nuestras familias. Entiendo tu resentimiento por esa unión, pero ahora más que nunca debes apoyarlos. Tiene la cabeza fría y sabe lo que hace”.
Mientras su padre habla, Andrés no puede evitar recordar la tensa conversación que tuvo con Gabriel días atrás. En aquella ocasión, Gabriel se defendió con firmeza: “¿Tienes pruebas de lo que estás diciendo? Porque no hay nada. No he hecho nada para perjudicar a mi familia”. Las palabras todavía le queman por dentro, un recuerdo que lo persigue con cada decisión que toma. También revive el enojo de Damián, quien le reprochó públicamente: “¿Puedes explicarme qué pretendías con esas acusaciones? ¿Un supuesto sabotaje? Lo único que has hecho es ponernos en evidencia”. Andrés solo alcanzó a decir: “Padre, Gabriel miente”.
Otro recuerdo invade su mente: el encuentro con el detective que investigaba el sabotaje en la fábrica. Andrés intentó explicarle que Gabriel de la Reina había tenido algo que ver en los incidentes. El investigador le preguntó: “¿Tiene miedo de acusarlo y que su familia no le crea?” Andrés respondió con sinceridad: “Lo hago porque ya lo acusé antes y aún así logró salirse con la suya”.
De vuelta al presente, Damián toca el hombro de su hijo, interrumpiendo sus pensamientos y recordándole la importancia de confiar en las decisiones que benefician a la familia. “Con el tiempo entenderás lo que te digo, Andrés. Gabriel está actuando bien. Ahora me voy al jardín; necesito aire”. Andrés asiente, aunque en su interior persiste la sensación de que hay algo oscuro entre Gabriel y Brosar que aún no logra comprender.
Esa misma noche, en otra parte de la mansión, la tensión se percibe de manera distinta. Joaquín trabaja incansablemente en su nuevo proyecto empresarial. La mesa está cubierta de planos, documentos y cálculos. Cada detalle de su plan de negocios es cuidadosamente revisado; cada número, cada proyección, es crucial para asegurar el éxito y minimizar riesgos.
Digna entra al comedor con tono maternal: “Hijo, recoge todo eso. Pronto serviremos la cena”. Joaquín, sin levantar la vista del trabajo, responde con determinación: “Ya casi termino, madre. Solo necesito repasar unos números”. La concentración es palpable; su mirada revela cansancio, pero también un compromiso inquebrantable con su proyecto.
En ese momento, Gema entra en la habitación y observa a Joaquín con preocupación: “Mi amor, ¿has estado trabajando todo el día?”. Él asiente, tranquilo pero enfocado: “Sí, pero ya casi termino”. Gema se acerca para revisar los documentos: “¿Y cómo va todo?” Joaquín sonríe ligeramente: “Va bastante bien. El plan está más ajustado de lo que esperaba. El papel de burbujas encarece un poco los costes, pero nada grave. Además, he contactado con el representante internacional de la marca”.

Digna, sorprendida, pregunta quién es. Gema responde: “Pablo Salazar, un amigo de tu padre”. Joaquín confirma que al principio no lo reconoció, pero que Pablo mostró gran interés en su propuesta al conocer su apellido y experiencia. Digna sonríe, esperanzada: “Ojalá el apellido Merino te ayude en las negociaciones”. Joaquín asiente: “Eso espero. Aún tengo muchos detalles que ajustar, pero confío en que todo saldrá bien”.
Gema interviene con confianza: “Seguro que lo consigues, Joaquín. Confío en ti”. Él asiente, aunque su mirada delata el cansancio acumulado: “Solo me falta encontrar una nave que se ajuste a lo que necesito. Y no voy a ir al banco a pedir préstamos. Voy a invertir la parte que nos queda de la venta de los terrenos que Miguel Ángel Vaca recalificó”.
Digna frunce el ceño: “No es mucho dinero. Pensé que lo guardabas para el colegio de Teo”. Joaquín la tranquiliza: “Lo sé, madre. Pero necesito ese impulso inicial. Pronto recuperaré cada centavo. De hecho, quería pedirte que te asocies conmigo; tu aporte haría que el capital fuera más sólido”.
Gema interviene: “Pero Joaquín, no metas a tu madre en esto”. Él insiste: “Confía en mí. Este negocio dará beneficios antes de lo que pensamos. Y tú, madre, recuperarás tu dinero con creces”. Digna suspira, mezcla de orgullo y temor: “En los negocios hay riesgos. Me da miedo que lo perdamos todo”. Joaquín la mira con ternura y determinación: “Entiendo tu temor, pero confía en mí. Déjame demostrarte que puedo sacar adelante a esta familia. Mañana iré a ver unas naves industriales, ¿me acompañas?”.
Digna observa a su hijo unos segundos y finalmente asiente. Joaquín sonríe agradecido, mientras Gema no puede ocultar su preocupación. El capítulo termina con la incertidumbre sobre el destino de la familia y la pregunta que todos se hacen: ¿Será capaz Joaquín de cumplir su sueño sin poner en riesgo a los suyos? ¿Recuperará Damián la esperanza o se hundirá por completo?
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